La letal explosión el pasado viernes de un oleoducto en el distrito de Tlahuelilpan, en el estado mexicano de Hidalgo, que mató al menos a 79 personas, ha encendido el debate en torno a la estrategia del gobierno del país para frenar el robo de combustible, que en los últimos meses ha ido aumentando. Algunos sectores han lanzado críticas al Gobierno por falta de previsión durante los minutos previos a la explosión y subrayan además que muchas de las víctimas se acercaron al lugar de los hechos con el único fin de llenar los depósitos de sus vehículos por la notable escasez de gasolina que el país sufre a causa de los planes gubernamentales.


















A finales del mes pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador lanzó un programa para cerrar una red de distribución de combustible ilegal que arrebata aproximadamente 3.000 millones de dólares anualmente a la petrolera estatal Pemex. El plan, que consiste en cerrar las tuberías en las que una red de delincuentes instala válvulas para extraer el combustible, provocó escasez generalizada de gasolina en el centro de México en enero, incluso en Hidalgo, al norte de la Ciudad de México.


Muchos se preguntan por qué los soldados desplegados para proteger el conducto no alejaron a las personas que se acercaron al géiser de gasolina para rellenar bidones











Este habría sido el principal motivo por el que muchas personas se acercaron al oleoducto el viernes. Los ladrones perforaron inicialmente el ducto Tula-Tuxpan, a pocos kilómetros de una de las principales refinerías y, en poco tiempo, se reunieron hasta 800 personas para llenar sus bidones con el géiser de gasolina de 7 metros que tuvo lugar. Al cabo de dos horas se produjo la mortal explosión.

Media docena de testigos han explicado que sus familiares fueron al oleoducto porque intentaron encontrar combustible en otros lugares y estaban desesperados por llenar sus vehículos para ir a trabajar o gestionar sus granjas. El sábado, la mayoría de las estaciones de servicio en Tlahuelilpan estaban cerradas. “Vinieron muchas personas inocentes, tal vez su coche no tenía suficiente gasolina para mañana, y dijeron que solo tomarían unos pocos litros”, dijo el agricultor Isidoro Velasco, de 51 años, que esperaba noticias de su sobrino Mario Hidalgo, a quien probablemente este muerto, informa Reuters.




















Momento del entierro de una de las víctimas
Momento del entierro de una de las víctimas
(Henry Romero / Reuters)

Hasta el momento la opinión pública era favorable a las medidas del Gobierno de López Obrador, a pesar de las dificultades y las largas colas en las estaciones de servicio. Sin embargo, el desastre en Tlahuelilpan puede haber modificado la tendencia. López Obrador ha tenido que dar numerosas explicaciones. Muchos se preguntan por qué los soldados desplegados para proteger el conducto no alejaron a las personas del lugar y sobre con qué velocidad se cortaron los suministros al conducto después de que Pemex detectara la fuga.

El director general de Pemex, Octavio Romero, dijo el sábado que se había cerrado una válvula en la tubería tras notarse una caída en la presión de la fuga, pero no dijo a qué hora sucedió. El combustible brotó de la tubería durante aproximadamente dos horas antes de que explotara, sin pérdida visible de presión. Romero dijo que el equivalente a alrededor de 10.000 barriles de gasolina de alto octanaje estaban en el tramo de la tubería entre la refinería de Tula y la aldea cuando explotó el viernes.


















El ministerio de defensa y López Obrador aseguraron que solo había 25 soldados presentes y que el ejército no quiso reprimir a la multitud. Los críticos dicen que las autoridades deberían haber sido más firmes en controlar a la multitud y sellar el área, y deberían haber pedido refuerzos.


López Obrador defiende que el desastre le da la razón en su voluntad de combatir el robo de combustible y que el Gobierno estaba buscando formas de reemplazar las tuberías viejas





Romero dijo que el oleoducto había estado fuera de servicio desde finales de diciembre, cuando el gobierno intentó protegerlo de los grupos que lo habían atacado 10 veces en el municipio de Tlahuelilpan. Desde que comenzaron a reabrirlo el 16 de enero, había recibido cuatro ataques.

En respuesta a una pregunta sobre si los cárteles presentes en Hidalgo, que incluyen a Los Zetas y el Cartel de Nueva Generación de Jalisco, podrían haber causado el desastre en venganza por la represión, el presidente dijo que todas las posibilidades estaban siendo investigadas. Sin embargo, una fuente de la policía federal en Hidalgo rebatió que creía que el agujero en el oleoducto fue hecho por gente local y no por grandes cárteles.


















Pese a las críticas, López Obrador ha manifestado que el desastre había endurecido su decisión de combatir el robo de combustible y que el gobierno estaba buscando formas de reemplazar las tuberías viejas para hacer que sea más difícil extraerles el combustible ilegalmente. Mientras tanto, dijo, México estaba comprando más camiones cisterna para la distribución por carretera. ”Aunque es muy doloroso, tenemos que continuar con el plan para acabar con el robo de combustible”, zanjó.


Imagen del incendio posterior a la explosión
Imagen del incendio posterior a la explosión
(AP)



















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