Actualizado 01/02/2019 11:36:27 CET

La inseguridad imperante en la zona, los movimientos de la población y la desconfianza de esta lastran la respuesta sanitaria

La OMS cree que aún quedan meses hasta que se pueda dar por terminado el peor brote de la historia en el país

MADRID, 1 Feb. (EUROPA PRESS) –

República Democrática del Congo (RDC) vive desde el pasado 1 de agosto el que es su décimo brote de ébola. La epidemia que comenzó en la provincia de Kivu Norte se ha extendido a la vecina Ituri y por ahora su final no se ve a la vista. La difícil situación de seguridad en la región, donde están presentes numerosos grupos armados, junto a la desconfianza de la población han lastrado la respuesta en la que se afanan entre otros la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Médicos Sin Fronteras (MSF).

“El brote de ébola en RDC está ocurriendo en uno de los escenarios más complejos posibles”, reconoce a Europa Press el portavoz de la OMS, Tarik Jasarevic. “El brote evoluciona en un entorno particularmente complejo y desafiante, caracterizado por el volátil contexto de inseguridad, que sigue obstaculizando la realización de actividades de respuesta clave”, destaca.

En los últimos seis meses se han producido algunos ataques armados en la zona afectada, algunos de los cuales han afectado incluso a los trabajadores sanitarios, lo cual ha obligado a “suspender las actividades de respuesta y hecho aumentar el riesgo de que el virus pueda propagarse a las provincias y países vecinos”, subraya Jasarevic.

También está dificultando el control de la epidemia el que “en realidad son varias epidemias en una”, resalta por su parte Lisa Veran, portavoz de MSF en el este de RDC. Como consecuencia, “cada vez que se declara un nuevo foco de la epidemia, se tiene que retomar el contacto con la población, se tienen que gestionar las sesiones de concienciación y promoción de la salud para conseguir que la gente coopere, se tiene que compartir información sobre la transmisión y el tratamiento y los centros de tránsito y tratamiento en marcha, y todo desde cero”, subraya.

Y todo ello debe hacerse mientras la población se sigue moviendo de forma impredecible, lo que complica identificar la cadena de transmisión del virus, es decir los contactos de los casos y las personas que han estado a su vez en contacto con esos contactos. “Esto no es simple, dado que algunos casos se producen en zonas de difícil acceso y la población local se mueve a menudo entre localidades y aldeas para trabajar y por motivos familiares”, reconoce en declaraciones a Europa Press.

“Para contener un brote de ébola es necesario identificar la cadena de transmisión y seguir a los ‘contactos’ y ‘contactos de contactos’ para comprobar si desarrollan los síntomas y ser capaces de ocuparse de ellos con rapidez si es necesario”, subraya Veran. La colaboración de la población se convierte así en fundamental.

Foto: CARL THEUNIS/MSF – Archivo

DESCONFIANZA DE LA POBLACIÓN

Sin embargo, el personal de respuesta ante el brote se ha topado con “focos de desconfianza entre la población afectada” en el este de RDC, admite Jasarevic. Es algo normal que durante una epidemia de ébola haya “cierta resistencia o desconfianza de la comunidad afecta, que puede tener miedo o mostrarse insegura” dado que el virus no es muy conocido y puede parecer “aterrador”, añade la portavoz de MSF.

En esta ocasión, “se ha visto exacerbado ya que el este de RDC ha experimentado un violento conflicto durante muchos años y la desconfianza de la población hacia las autoridades está profundamente arraigada”, precisa Veran.

Por ello, desde MSF, pero también otras organizaciones y las autoridades, trabajan para “convencerles de la importancia de que las personas enfermas acudan a un centro de salud con un nivel adecuado de control de protección de contagios con el fin de evitar los contagios en instalaciones sanitarias”, señala la portavoz.

Además, agrega, “el paciente también debería aceptar ser trasladado a un centro de tránsito o un centro de tratamiento contra el ébola si se cree que podría estar contagiado con el fin de que se realicen análisis y se confirme si tiene el virus”.

Foto: CARL THEUNIS/MSF – Archivo

PEOR BROTE DE LA HISTORIA DE RDC

El que es la ya el peor brote de los diez que ha sufrido hasta la fecha RDC deja hasta ahora 759 casos, de los que 705 han sido confirmados, y 468 muertos, mientras que 259 personas han conseguido superar el mortífero virus, según el último balance publicado por el Ministerio de Salud congoleño. De acuerdo con el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), el 30 por ciento de los casos son niños.

MSF cuenta con dos centros de tratamiento contra el ébola en Butembo y Katwa, donde se están concentrando ahora los casos, así como centros de tránsito en otros cuatro emplazamientos –Beni, Bunia, Bwana Sura y Kayna–. Desde agosto, la ONG ha recibido en dichos centros a más de 3.200 pacientes, de los que 321 dieron positivo al virus, según la portavoz.

Además, realiza tareas de sensibilización de la población y formación del personal sanitario, con el fin de mejorar las medidas de protección de las instalaciones médicas a la hora de examinar a los pacientes así como para aislar a los casos sospechosos y proceder a descontaminar las mismas de forma adecuada cuando se detectan pacientes con ébola.

Pero pese a los esfuerzos del Ministerio de Salud congoleño, de la OMS y de MSF entre otros, el brote está lejos de tocar a su fin. De hecho, se teme que la situación pueda incluso empeorar. “Los logros en la respuesta podrían perderse si sufrimos un periodo de inseguridad prolongada, que tenga como resultado un incremento de la transmisión”, advierte el portavoz de la OMS. “Eso sería una tragedia para la población local, que ya ha sufrido demasiado”, subraya Tarasevic.

Foto: CARL THEUNIS/MSF – Archivo

También existe el temor de que la enfermedad siga propagándose a otras regiones o incluso a los países vecinos como Sudán del Sur –donde hay una guerra civil en curso y ya se han tomado medidas de prevención, incluida la vacunación de personal sanitario– o Uganda, país que acoge a más de un millón de refugiados, incluidos congoleños.

Desde MSF, admiten que les preocupa que el virus llegue a Goma, la capital de Kivu Norte y que tiene un millón de habitantes. Según su portavoz, están siguiendo de cerca la situación junto al Ministerio de Salud y preparándose para establecer un nuevo centro de tratamiento contra el ébola “si se registran casos de personas contagiadas en la ciudad”.

“Todos queremos acabar con el brote lo más rápidamente posible, pero también reconocemos que es un entorno complejo con muchos factores que lo complican”, reconoce Tarasevic. “En cualquier caso, sabemos que habrá varios meses más de trabajo antes de que el último contacto del último caso termine su seguimiento”, advierte el portavoz de la OMS.



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