Catalunya pierde fuelle, pero también el conjunto de España y el mundo. Estamos en una desaceleración global. El referéndum del 1-0, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional, desató una oleada de fugas de sedes empresariales en Catalunya que no hizo más que acelerar un proceso de pérdida de peso económico que, según muchos analistas, venía de años atrás.

Lo que más se notó fue en el último trimestre del 2017 en forma de menos turismo y menos ventas en el comercio, pero posteriormente se remontó y Catalunya sigue como potencia turística. Uno de los impactos más llamativos fue la fuga de sedes empresariales. En los últimos dos años, el saldo ha sido la pérdida neta de 4.080  (fruto de la diferencia entre llegadas y salidas), según los datos de los Registros Mercantiles. En el mismo periodo, Madrid ha perdido 1.319. 

Musculatura

Al margen de la sensación de desconcierto que provocó el cambio de sede por los dos grandes bancos, CaixaBank (y sus participadas como Naturgy) y el Banc Sabadell, grandes grupos como Planeta, Codorniu o Pastas Gallo, todo ello no se ha traducido, por ahora, en pérdida de musculatura económica, a pesar de que en los últimos trimestres, la media española de crecimiento ha superado a la catalana. A  Catalunya le beneficia el mayor peso de la industria en su economía, lo que le va en contra cuando esta, como sucede ahora, sufre más la ralentización

Con todo, Catalunya conservaba en el 2018 el primer puesto en la economía española (19,1%), aunque seguida muy de cerca por la Comunidad de Madrid (19%). Lo cierto es que ya en el 2012 esta dio el ‘sorpasso‘. En un periodo de tiempo largo, que trasciende al procés, cuya fecha de inicio se sitúa en el 2012 (entre el 2000 y el 2017) el aumento medio del producto interior bruto (PIB) fue del 1,6% en Catalunya, mientras en la Comunidad de Madrid fue del 2,1%.

Catalunya, cuyo PIB por habitante estaba un 22% por encima de la media en el 2000, lo redujo en el 2017 al 20%; mientras que Madrid lo aumentó del 34% al 35% en el mismo periodo y el de Euskadi subió al 32%. «Los datos demuestran que no hya una relación directa e intensa entre el procés y la evolución de la economía», afirma el decano del Col.legi d’Economistes de Catalunya, Anton Gasol. «La suerte es que el sector público apenas es un tercio de la economía catalana y, por tanto, hay dos tercios, que, pase lo que pase, tratan de salir adelante», añade.

Gasol recurre a la crisis de principios de los 90. En Catalunya tardó más en llegar gracias a un acontecimiento especial: los Juegos Olímpicos del 1992 en Barcelona. Siguiendo el razonamiento, la inestabilidad política y el ‘procés’ habrían contribuido a actuar como catalizador, pero en esta ocasión, de una tendencia que ya era bajista.

Inestabilidad

La óptica de la patronal Foment del Treball, que en las pasadas jornadas del Cercle d’Economia en Sitges reclamó al ‘president’ Quim Torra que abandonara la vía unilateral de forma expresa para recuperar sedes, es distinta. Su junta directiva entiende que «la inestabilidad política y el clima de tensión» puede afectar a «la economía catalana y más cuando se avanzan indicadores negativos para el conjunto de las economías europeas». También el Cercle d’Economia ha avisado de la pérdida de peso económico de Catalunya. 

Hay indicadores positivos, como la inversión extranjera, que mantiene su peso de entre el 22% y el 24% del total español frente a una franja del 17% al 24,5%, con tendencia a la baja; o el ‘boom’ del ecosistema de ‘start-ups‘ en Barcelona.

Otro efecto del 1-O fue la huida de ahorro. En tres trimestres (segundo y tercero del 2017 y primero del 2018) más de 37.000 millones salieron de las cuentas domiciliadas en oficinas bancarias en Catalunya. Las entidades aconsejaban las denominadas ‘cuentas espejo’ para calmar a los clientes (el cliente seguía en su sucursal pero el dinero estaba físicamente en una filial del mismo banco fuera de Catalunya). De la cantidad huída se han recuperado más de la mitad, unos 20.000 millones, según los datos del Banco de España.

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