Las invisibles y más desprestigiadas tareas en nuestra sociedad, como la limpieza, lavandería y desinfección, la recepción en porterías y edificios públicos, quienes reponen en supermercados, o porteros que bajan las basuras, sirven caterings, o atienden al teléfono 8 horas seguidas, son ese motor de engranaje esencial socialmente, que parece que solo en momentos como el que atravesamos valoramos. “Sin todos estos servicios, nuestros hospitales no podrían funcionar”, exponen desde la Federació de Centres Especials de Treball de Catalunya (FECETC). Ponen acento en ello porque es en esta tipología de labores donde suelen recaer la mayoría de contratos a personas con certificados de discapacidad.

            Tareas no cualificadas para personas con menos formación o con mayores dificultades para hacerse con un empleo. “Esta crisis ha puesto de relieve estas ocupaciones y lo poco dignificadas que las tenemos”, expresa el director de la FECETC, Miquel Vidal.

Actividad en el Centro Especial de Trabajo Estel Tàpia en el Raval de Barcelona / CET ESTEL TÀPIA

Esta semana, el Institut d’Estadística de Catalunya ha publicado, por primera vez, los datos del mercado de trabajo de personas de 16 a 64 años con reconocimiento legal de discapacidad, correspondientes al año 2018. Muestran que de las 110.200 personas activas con discapacidad en Catalunya, 84.800 trabajaban (16.383 en el mercado protegido y de ellos el 19,32%, en los 198 CET’s). 25.400 estaban desocupadas. La tasa de paro de este colectivo era del 23,1% frente al 11,2% del paro en el resto de población activa. Otro dato ofrecido es que el 71,8% de la población activa con discapacidad tiene como máximo estudios secundarios, frente al 55,9% de los activos sin discapacidad. Una derivada de ello, por tanto, es que –lo dicen también las estadísticas de Idescat- el 79% de las personas con discapacidad que trabajan lo hacen en el sector servicios.

Servicios ahora valorados

Estos días ha crecido muchísimo la demanda de servicios de lavandería, limpieza, desinfección y atención telefónica solicitada a muchos de los Centros Especiales de Trabajo (CET) de Catalunya. “Las lavanderías de Ilunion, por ejemplo, están haciendo un trabajo excepcional, y otros centros especiales de trabajo dedicados a fabricar artículos textiles, ahora están haciendo batas y mascarillas”, destaca el presidente de FECETC, Josep Roset. “Debemos dignificar, reconocer el valor de cada trabajo, y borrar el estigma contra la discapacidad, que sí puede adaptarse a muchas ocupaciones. Normalizar la diversidad de trabajos como la diversidad de capacidades. Pero es necesario hacerlo desde la propia familia, vecinos, centros de estudios y empresas, tanto privadas como públicas. Toda la sociedad debe entender la utilidad de cada labor, sin distinción por cualificación. Quién hace estos días la desinfección de las morgues no son ingenieros, ni son brokers de banca los enterradores de nuestros seres queridos. Sin embargo, son trabajos imprescindibles, ahora y siempre”, declara Miquel Vidal. Desde la FECTC esperan poder celebrar la tercera feria de la ocupación ‘Di-Capacitant i Talent. Sí, i millor’después del verano. El pasado año unas 150 personas encontraron trabajo gracias a ella, bien en un CET o en empresa ordinaria.

Inserción normalizada

La idea es que el CET sea un puente entre la formación y la inserción en la empresa ordinaria, tal como sucede en los espacios de trabajo de la Fundació Aspros de Lleida dedicados a generar oportunidades laborales para personas con discapacidad, principalmente intelectual y enfermedad mental. “De los 170 empleados de nuestro CET –que prestan servicios de catering, jardinería, manipulados y digitalización de documentos-, unas 5 o 6 cada año son contratadas en una empresa ordinaria”, explica el director ejecutivo de Aspros, Enric Herrera. En el 2020, Aspros puso en marcha su proyecto formativo, pues priorizan “la formación para incorporar a estas personas con garantías de futuro en el mercado laboral”afirma.  Herrera reclama a las administraciones más apoyo tanto a la persona con discapacidad como al empresario que opte por contratarla.

            El grupo Mútua Terrassa es otro referente concienciado con la inserción laboral de quienes la sociedad estigmatiza por su diferencia.“Debemos encontrar el encaje. Somos conscientes de que es necesaria una adaptación y paciencia, pero nosotros nos hemos lanzado a ello. Se puede ser productivo y económicamente sostenible”, dice el director de recursos humanos de servicios corporativos de MútuaTerrassa, Òscar Sambola. Su grupo tiene 20 empresas, casi todas del ámbito sanitario, con 4.400 empleados (más de 150 de ellos son personas con alguna discapacidad).  En 2013, detectándose una posibilidad de mejorar la atención telefónica a los pacientes decidieron, en lugar de contratar el servicio de un callcenter externo, crearlo ellos. Y lo hicieron en el 2015 poniendo en marcha el CET Fundació Integralia Vallés, que hoy ocupa a 64 personas,  de las que una parte importante tienen alta discapacidad (superior al 65%). “Cuando hay alguna vacante en nuestras empresas, preparamos el traspaso de alguien a ocupar el puesto”, dice Sambola.

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