Raquel Pérez Cayuela es profesora de música. Una maestra ilusionada e implicada. Hace dos años fue nombrada directora del instituto Carmen Martín Gaite, en Moralzarzal, un pueblo ubicado en la sierra noroeste de Madrid. Fue una experiencia «enriquecedora», que se vio golpeada en marzo por la pandemia, el cierre escolar y el durísimo confinamiento. Durante meses se sintió «completamente abandonada» por las autoridades políticas de la Comunidad de Madrid. Ahora, cuando el curso escolar echa a andar, Pérez Cayuela presenta su dimisión. No puede más. Está «agotada física y mentalmente». Y no es la única.

Por más titulares que ofrezca sobre las medidas de seguridad y refuerzo educativo la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y sus consejeros de Sanidad y Educación, Pérez Cayuela sabe que las iniciativas llegan tarde. «El trabajo que hicimos durante julio sirve de muy poco. Ahora hay que volver a hacerlo con mucha rapidez (…) Confiaba en que una vez terminada la alarma la administración empezaría a trabajar con los centros para preparar el inicio del año académico y nos dotaría de una infraestructura necesaria, pero no fue así«, asegura en una dolida carta que acaba de enviar a los padres y las madres de los estudiantes.

Más recortes

«Al igual que los sanitarios, los docentes tienen un hartazgo acumulado. Las autoridades de Madrid anuncian refuerzos de cara a la vuelta al cole, pero el ejemplo de Raquel demuestra que la realidad de los centros educativos son los recortes», explica Ángel Martínez, concejal socialista en la oposición en el consistorio de Moralzarzal. «Conozco personalmente a Raquel. El año pasado fui concejal de Juventud y trabajé mucho con ella. Es una profesional muy ilusionada, pero le han robado la energía. Me duele verla así. Se siente ninguneada y no quiere ser cómplice de la ineficacia de las autoridades políticas», explica. Una vez que empiece el curso de Secundaria, Pérez Cayuela dejará de ser la directora pero seguirá ejerciendo de profesora de música.

El instituto Martín Gaite abrirá en breve sus puertas con un déficit considerable. Las ratios, por encima de lo recomendable. La psicóloga, profesión más  que necesaria entre los adolescentes y más en plena pandemia, solo está contratada para media jornada. La figura del jefe de estudios ha dejado de existir. Los consabidos equipos de protección individual (EPIS) los compró el equipo directivo antes del verano, aunque ahora han llegado algunos por parte de la Comunidad de Madrid. En principio, el instituto tendrá una enfermera, aunque no por la pandemia sino porque el centro tiene estudiantes diabéticos. La formación tecnológica de los profesores -muy necesaria en caso de otro cierre escolar- brilla por su ausencia, igual que la dotación de material. Lo que sí está al día es el refuerzo de la limpieza y desinfección del centro. «Esto último depende de contratos privados, así que las autoridades sí han cumplido. Pero todo lo que es gestión pública, nada de nada», denuncia el concejal en la oposición.

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