La ciencia y la igualdad de género son fundamentales para el desarrollo sostenible. Aún así, las mujeres siguen encontrando obstáculos en el campo de la ciencia: menos del 30% de investigadores científicos en el mundo son mujeres. Con el fin de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Dos científicas de primer nivel, Carmen Fenoll y Rosa Menéndez, reflexionan sobre la situación actual.

En las últimas décadas, la comunidad internacional ha hecho un gran esfuerzo para inspirar y promover la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer. Las mujeres suelen recibir becas de investigación más modestas que sus colegas masculinos y solo el 12% de los miembros de las academias científicas nacionales son mujeres. En campos de vanguardia, como la inteligencia artificial, solo uno de cada cinco profesionales (22%) es una mujer. A pesar de la escasez de competencias en la mayoría de los campos tecnológicos que impulsan la Cuarta Revolución Industrial, las mujeres siguen representando solo el 28% de los licenciados en ingeniería y el 40% de los licenciados en informática y computación. Las investigadoras suelen tener carreras más cortas y peor pagadas. Su trabajo está poco representado en las revistas de alto nivel y a menudo no se las tiene en cuenta para los ascensos.

Las brechas de género existen y persisten

Carmen Fenoll. Presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) y catedrática de la Universidad de Castilla-La Mancha

Los informes periódicos ‘Científicas en cifras’ recogen los datos oficiales sobre el personal investigador del sistema español de ciencia. Por eso sabemos que la proporción de mujeres, similar o superior a la de hombres al comienzo de la carrera, disminuye al avanzar en la misma hasta menos del 25% en la cima de la profesión -catedráticas y profesoras de investigación. Las series históricas nos muestran que esta brecha vertical se va cerrando muy lentamente: éramos en torno al 14% en 2008 y al 21% en 2018. En 10 años hemos subido un triste 7%. Y aunque nuestras tasas de éxito en convocatorias de financiación equivalen a las de los hombres, solo dirigimos el 35% de los proyectos y conseguimos el 33% de todos los fondos. Y las cifras son similares en los países de nuestro entorno.

Cerrar la brecha de género en ciencia y tecnología contribuiría a un aumento del PIB per cápita de la UE entre un 2,2% y un 3% en 2050 

El abandono al final del doctorado supone un derroche y un fracaso del sistema que ocurre después de una inversión pública en sus salarios (cierto que no muy altos) de 10 años y de un gran esfuerzo personal, familiar y de los grupos de investigación. Una parte de este talento se exporta a países que sí pueden aprovecharlo y otra parte se pierde para la ciencia. ¿Podemos -queremos- permitírnoslo? Perder tanto talento (el 50% de los cerebros son de mujeres) tiene consecuencias económicas. Cerrar la brecha de género en ciencia y tecnología contribuiría a un aumento del PIB per cápita de la UE entre un 2,2% y un 3% en 2050. 

Los cinturones de seguridad no se prueban con maniquíes femeninas y los chalecos antibalas no son eficaces para los cuerpos con pechos

Si hubiese más mujeres dirigiendo proyectos mejorarían las perspectivas de género en investigación y en innovación (diseñar las investigaciones y los inventos considerando que hay sexo biológico y género sociológico). ¿Sabe usted que los corazones artificiales encajan en el 80% de los hombres, pero solo en el 20% de las mujeres, o que no hay diagnósticos adecuados de osteoporosis en hombres? Si no sabemos cómo afecta el calentamiento global a hembras y machos en las poblaciones naturales, ¿cómo predecir sus dinámicas? Los cinturones de seguridad no se prueban con maniquíes femeninas, los chalecos antibalas no son eficaces para los cuerpos con pechos y las ‘apps’ de salud y de ejercicio ignoran los ciclos menstruales. Y la inteligencia artificial se nutre de datos plagados de estereotipos, alejados de la realidad. Esto está cambiando con la incorporación de más mujeres al liderazgo de la investigación, donde se deciden las estrategias y los objetivos. Y es muy importante porque la ciencia sesgada es mala ciencia y cuesta vidas y dinero.

Además, el abandono temprano de las mujeres supone que habrá menos modelos que inspiren a las niñas para dedicarse a la ciencia y la tecnología, así que estarán en desventaja en el mercado laboral futuro, donde más de la mitad de los empleos tendrá relación con estos ámbitos. 

La baja presencia de mujeres en las aulas de carreras de ciencias e ingeniería se debe en parte a la falta de referentes que fomenten la vocación científica en las niñas

Por todo esto y por más razones, en el año 2021 la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) lanzó la campaña #NoMoreMatildas. Porque creemos que la baja presencia de mujeres en las aulas de carreras de ciencias e ingeniería se debe en parte a la falta de referentes que fomenten la vocación científica en las niñas. Queremos llevar a las científicas olvidadas a los libros de texto escolares, para que las niñas (y los niños) sepan que hubo y que hay hoy mujeres que hacen avanzar la ciencia

El talento no tiene género, y prescindir del que podrían desarrollar las niñas de hoy, que no eligen ser científicas porque creen que la ciencia es cosa de hombres, es desaprovechar la mitad de los cerebros que tenemos a nuestra disposición para hacer frente a los enormes retos que nos plantea el futuro. Estos son los motivos, también, de que sigamos conmemorando el Día internacional de las Niñas y la Mujeres en la Ciencia el 11 de febrero.

Las causas de las brechas de género en ciencia son muchas y complejas y ocurren en una sociedad que no es igualitaria. Es nuestra obligación hacer algo contra estas causas, tanto personalmente como a través de las instituciones y las leyes. Este es el compromiso de AMIT y debe ser el de toda la sociedad. 

Un largo camino por recorrer

Rosa Menéndez. Presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

El 11 de febrero celebramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia porque así lo declaró la Asamblea General de Naciones Unidas en 2016. En realidad, cualquier fecha podría haber sido acertada; en la mayoría de los 365 días del año encontraríamos una razón para reivindicar la visibilidad de la mujer científica y promover el acceso de las mujeres y las niñas a la educación, la formación y la investigación en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Para comprobar que podemos recordar a mujeres científicas en casi cualquier día del año revisen el calendario científico escolar 2022, editado bajo una iniciativa impulsada por el Instituto de Ganadería de Montaña (CSIC-ULeón). 

Estas iniciativas nos recuerdan que, por mucho que la situación de la mujer en la ciencia haya mejorado, todavía queda un largo camino por recorrer. Esto lo sabemos bien en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) donde, desde 2002 y a través de la Comisión Mujer y Ciencia, analizamos los desequilibrios de género en las distintas temáticas en las que investigamos, así como la evolución de la carrera científica de mujeres y hombres. No descarto que, en unos años, cuando hayamos recorrido ese largo camino pendiente, no necesitemos las etiquetas de género porque la diversidad será nuestra identidad.

Los datos son tozudos y avalan que hay que seguir trabajando para acabar con las diferencias de género en la ciencia

Los datos son tozudos y demuestran la necesidad de seguir trabajando para acabar con las diferencias de género en la ciencia. Una de las herramientas fundamentales para conseguir este objetivo es visibilizar el trabajo de las científicas y a ello se consagran las múltiples actividades en torno al 11 de febrero. Mi compromiso como presidenta del CSIC es no dejar de trabajar ni un solo día por la desaparición de los sesgos y obstáculos que lastran el trabajo de las mujeres en la ciencia. Un dato sirve para reflejar con claridad estos obstáculos. Entre el personal investigador estable del CSIC, las mujeres representamos el 38%, pero mientras somos el 50% de los que inician la tesis doctoral, el porcentaje de mujeres disminuye hasta el 27% de profesoras de investigación, el equivalente a catedrática en la universidad. Parece que vamos desapareciendo conforme se progresa en reconocimiento o nivel profesional. 

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El 11 de febrero, las científicas adquirimos el protagonismo que secularmente nos han usurpado

Las barreras a las que nos enfrentamos las mujeres son muy superiores a los de nuestros compañeros, empezando por la necesaria conciliación entre la vida profesional, familiar y personal. El 11 de febrero, las científicas adquirimos el protagonismo que secularmente nos han usurpado y lo hacemos para compartir nuestras historias personales, para reflexionar conjuntamente y para hacer partícipe a la sociedad, y muy especialmente a mujeres y niñas, de una legítima reivindicación. Nada ni nadie debe perturbar nuestra voluntad de desarrollar y protagonizar nuestra ambición profesional, especialmente en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.  

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