• El Gobierno neerlandés ha impuesto exhaustivas medidas de seguridad a las delegaciones participantes en el festival de Eurovisión, cuya final será el sábado ante 3.500 espectadores

  • Trivial: ¿Cuánto sabes de Eurovisión?

Música, pirotecnia, jolgorio en la grada y una realización televisiva que potenciará el dinamismo del espectáculo. Después del parón obligado del año pasado a causa de la pandemia del covid-19, Eurovisión ha regresado con fuerza para brindar a la audiencia tres días (contando las semifinales del martes y este jueves) de celebración en un momento clave, de progresivo pero lento y cauteloso retorno a la normalidad. No en vano el eslogan de esta edición es un asertivo ‘Open up’ que, traducido, significa ‘¡Confía!’.

Lo que no verán este sábado los 180 millones de telespectadores en que se calcula la audiencia de la final, en la que se enfrentarán 25 países, son las exhaustivas medidas de seguridad sanitaria impuestas por el Gobierno neerlandés. Afectan sin excepción a todas y cada una de las personas que acuden al Ahoy Arena, el recinto multiusos de Rotterdam que acoge el concurso. Eurovisión 2021 forma parte del programa Fieldlab, que pone a prueba todas estas medidas de seguridad en diversos eventos públicos de los Países Bajos para contrastar su validez y así, progresivamente, ir incrementando la asistencia de público a espectáculos en directo directo.

Para entrar en el país, a los artistas les exigieron pruebas médicas y resultados negativos. Ya en Rotterdam, los cantantes pasan la mayor parte del tiempo confinados en sus hoteles. Ahí desayunan, comen y cenan y cuando salen de sus habitaciones siempre han de llevar mascarilla. Las acreditaciones que les dieron a llegar llevan un geolocalizador que permite identificar las zonas en que se está acumulando demasiada gente. Tan solo se les permite salir del hotel para desplazarse al Ahoy Arena en sus sesiones de trabajo y en autocares exclusivos para ellos. Fuera de esto, únicamente han ido a un par de excursiones, preparadas y guiadas por la organización, y el domingo pasado a la presentación oficial del certamen con el alcalde de Rotterdam. Imposible salir a pasear por cuenta propia. A cada delegación se le ha asignado personal voluntario que les hace de nexo de unión con el exterior.

Los tests sanitarios son constantes; se ha montado un hospital de campaña expresamente en los aledaños del Ahoy Arena. Ya se han hecho más de 24.000. Entre las delegaciones solo se han detectado cuatro positivos; uno de ellos, el cantante del grupo islandés Daði og Gagnamagnið. Aunque el resto de la banda dio negativo, decidieron no participar en la semifinal de este jueves si no podían actuar todos juntos. En su lugar, Eurovisión ha emitido la grabación de su número en el último ensayo de una semana antes.

Duncan Laurence, ganador del último festival, también se ha contagiado: tenía que actuar como invitado en la final del sábado y ha tenido que cancelar su número. Australia ni viajó a Rotterdam por las duras restricciones a la hora de salir del país y participó en la semifinal del martes con una actuación pregrabada. De hecho, todos los participantes grabaron sus actuaciones en casa semanas antes del festival, quedando las cintas como reserva por si algún contagio posterior les impedía actuar en directo en Rotterdam.

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Eurovisión ha blindado a los artistas; por tanto, nada de contacto con los fans; ni de autógrafos ni de fotos. Las medidas de prevención han obligado a reducir en un 75% el aforo del Ahoy Arena: de los casi 15.000 espectadores potenciales a tan solo 3.500 para garantizar la distancia social en la grada. Por ello se eliminaron todos los asientos del parquet central del Ahoy y la zona reservada a espectadores de pie. Este espacio ahora lo ocupa la Green Room, área de descanso de los artistas durante el show; esta vez, obviamente, con sofás más amplios. Los afortunados que asistan para ver ahí en directo el Festival serán rastreados y deberán entrar por turnos preestablecidos para evitar aglomeraciones en los accesos.

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