Más de 200.000 alumnos se enfrentan estos días en toda España a las pruebas de acceso a la universidad. Antes de que acabe junio sabrán la nota y, unos días después, si han conseguido entrar a cursar el grado que han elegido. Una elección que, en la mayoría de los casos, no ha sido fácil de tomar, y con la que, en parte, se juegan su futuro. Josep Antoni Rom, vicerrector de Investigación e Innovación de la URL, y Carlos Victoria Lanzón, Investigador del EsadeEcpol, analizan la encrucijada en la que se encuentran los jóvenes de hoy en día.

En un contexto como el actual y en un mundo en el que se ha difuminado la conexión entre estudios y profesiones, la decisión sobré qué estudios cursar es más complicada que nunca. Casi el 22% de los alumnos de grado abandona sus estudios el primer año, y de ellos, un 9% cambia de carrera. El resto deja la universidad, lo que pone de manifiesto que se necesita una mejor orientación académica y profesional. Hoy por hoy las profesiones más demandadas están vinculadas a la tecnología y a la innovación, en concreto al comercio electrónico y la ciberseguridad, y también a la salud y al sector farmacéutico.

Aprendiendo lo que no sabe un robot

Josep Antoni Rom. Vicerrector de Investigación e Innovación de la Universitat Ramon Llull (URL)

Decía Simone de Beauvoir que el trabajo es lo único que puede garantizar una libertad completa a la mujer respecto al hombre, pero hoy día puede parecer que la libertad que aporta el trabajo puede ser un privilegio de pocos.

La revolución digital está reduciendo las opciones para los puestos de trabajo menos cualificados. Según el estudio ‘The Future of Jobs 2020′ del Foro Económico Mundial, el mercado laboral está cambiando más rápido de lo previsto y hacia el año 2025 la automatización y la robotización desplazarán 85 millones de empleos en todo el mundo. La covid-19 ha acelerado un proceso y el estudio prevé que los empresarios dividirán a partes iguales el trabajo entre personas y máquinas.

Estamos ante una transformación del concepto tradicional de mano de obra

¿Estamos destinados a presenciar la desaparición del trabajo tal y como lo entendemos? No, ni mucho menos. El trabajo no desaparecerá, pero estamos sometidos a una transformación del concepto tradicional de mano de obra. En todo caso, deberíamos hablar de ‘inteligencia de obra’. Las máquinas se centran en los datos, la automatización de las tareas administrativas y los trabajos manuales productivos, pero va a aumentar el valor de las competencias humanas asociadas al razonamiento, el ingenio, la gestión, la comunicación y la creatividad. En definitiva, la capacidad humana de adaptarse a cualquier cambio y el poder de la imaginación para resolver situaciones son recursos imbatibles. De algún modo la pandemia nos recuerda que el valor del trabajo es la humanidad, la capacidad de tomar decisiones desde la incertidumbre. Immanuel Kant explicaba que la inteligencia de un individuo se mide por el grado de incertidumbre que es capaz de soportar.

Vivir en un mundo incierto genera mucha angustia, pero nuestra capacidad de adaptación resulta clave para entender hasta qué punto nuestras habilidades son la clave de nuestro valor en el trabajo.

‘E-commerce’ , ciberseguridad y salud , entre las profesiones más demandadas

Según el XVI informe ‘Los + Buscados’ de ADECCO y Spring Professional 2021, las profesiones más demandadas en este momento están vinculadas al comercio electrónico, la ciberseguridad, la salud y el sector farmacéutico. El informe refleja una demanda coherente con la necesidad de adaptarse a los retos provocados por la pandemia. Es evidente que los cambios en el mundo del trabajo han potenciado las profesiones vinculadas a las nuevas tecnologías y la innovación, pero cuando surge un reto como el covid, también aparece el factor humano y el reto de la salud.

La necesidad de enfrentarse a todos estos cambios se refleja claramente en el aumento de la demanda de los estudios de educación superior. Según el estudio sobre inserción laboral de AQU Catalunya, en el 2020 un 92% de los titulados de máster trabaja, seis puntos por encima del informe del 2014. Los grados y los másteres se adaptan progresivamente a los nuevos retos de la profesionalización y se está potenciando la relación con las empresas, la formación híbrida y la internacionalización. El mayor reto de los departamentos de recursos humanos de las empresas es la gestión del talento, no la gestión de los ‘chips’ de una máquina y, por tanto, la mayor responsabilidad de las universidades es el desarrollo de ese talento. Una persona talentosa cuenta con unas habilidades y aptitudes para una determinada posición que le hacen destacar sobre los demás, debemos trabajar en la práctica de esas habilidades y aptitudes. ¿Se educa el talento? Como decía Picasso, «la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando».

En la Universitat Ramon Llull (URL), desde el sello de nuestra visión humanística, estamos convencidos de que la formación de los futuros profesionales pasa por desarrollar el talento y las habilidades humanas y estamos comprometidos con el reto de la formación especializada mediante la oferta de nuevas titulaciones, que por un lado se centran en la evolución de los nuevos perfiles profesionales basados en la transformación digital, y que por otro pretenden colaborar en la adaptación de perfiles ya existentes a los retos del mercado. Tanto en el área de los medios digitales, como en los negocios, el derecho deportivo o el entretenimiento audiovisual y los videojuegos, la clave a la hora de abordar esta formación es la colaboración universidad-empresa, el enfoque internacional y con una metodología ‘learning by doing’, en la que las clases se convierten en simulaciones, en la que se practican los roles profesionales mediante la resolución de casos. 

La universidad es el lugar donde formar el criterio, la capacidad de juicio que aporta valor a nuestro punto de vista, y que se obtiene de la formación crítica y la experiencia práctica que permite un modelo de formación muy próximo a la práctica profesional, el fundamento de esa nueva inteligencia de obra que caracterizará nuestro futuro laboral.  

Orientar mejor los futuros laborales

Carlos Victoria Lanzón. Investigador de EsadeEcpol

Miles de jóvenes se presentan estos días a las pruebas de acceso a la universidad. Quienes ya hace algunos años que pasamos por esa experiencia la recordamos como una mezcla de sensaciones: nerviosismo, alegría, miedo, realización o incertidumbre. Muchos tienen claro qué carrera quieren cursar, a la espera de saber finalmente si podrán o no hacerlo; algunos incluso tendrán una idea de a qué les gustaría dedicarse una vez terminen sus estudios; otros, por el contrario, albergan dudas, no solo sobre lo segundo, sino, incluso, sobre lo primero.

Y es que en un contexto como el actual, cuando se ha vuelto a constatar que los jóvenes son los más afectados por la destrucción de empleo, inmersos en una revolución tecnológica que hace que las habilidades y las competencias cambien de manera más rápida que antes, y en un mundo en el que se ha difuminado la conexión entre estudios y profesiones, la decisión de qué estudiar se ve sometida, si cabe, a mayor incertidumbre.

El 22% de los universitarios abandonan sus estudios en el primer año

Según los últimos datos, casi el 22% de los alumnos de grado abandona sus estudios el primer año: de ellos, un 9% cambia de carrera; el resto se marcha del sistema universitario. Los motivos de este abandono son diversos, pero sin duda una mala orientación a la hora de elegir los estudios se encuentra entre ellos.

La orientación académica y profesional es un instrumento clave a la hora de guiar las decisiones de formación. Sin embargo, pese a que existen experiencias exitosas tanto en el sector público como en el privado (mediante páginas web, directorios con información sobre grados, sus salidas profesionales y dónde cursarlos, o cuestionarios y otras herramientas), una elevada proporción de jóvenes no tiene claro qué estudiar, no ha recibido orientación o tiene una percepción negativa de ésta. Mejorar la orientación dentro y fuera del sistema educativo, por ejemplo, a través de la colaboración con los servicios de empleo y desde el sector privado, es clave para que los jóvenes dispongan de una correcta información a la hora de tomar una decisión tan importante.

En cualquier caso, el valor de una adecuada orientación no se agota en las etapas previas a la universidad. A lo largo de la carrera se adquieren una serie de conocimientos teóricos y prácticos necesarios para desempeñar una profesión de manera adecuada. Sin embargo, la formación a lo largo de toda la vida comienza ya en la propia universidad: ciertas habilidades transversales (de idiomas, digitales o de análisis de datos, investigadoras o de oratoria), o específicas pero complementarias, se suman cada vez más a los conocimientos generalistas de manera autónoma o guiada. Por otro lado, existen una serie de competencias (autonomía, capacidad de adaptación, trabajo en equipo, habilidades de comunicación, motivación o gestión del tiempo) que son necesarias para tener un desarrollo profesional adecuado a las necesidades del mercado de trabajo.

De hecho, algunas de estas competencias y habilidades solo se ponen en práctica con una primera experiencia profesional: por ello, son bienvenidas iniciativas como los programas de empleo joven que se prevén poner en marcha en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y del nuevo plan de choque contra el desempleo juvenil. Los programas de primera experiencia profesional o de contratación de investigadores y tecnólogos son iniciativas necesarias, pero no suficientes: deben implementarse medidas de oportunidades de empleo para personas jóvenes, de mejora de su inserción laboral y de incentivo a su contratación estable.

La precariedad al empezar a trabajar deja una ‘cicatriz’ en las vidas laborales

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Recibir una oportunidad laboral tras acabar la educación no solo contribuye a romper el círculo vicioso de la falta de experiencia; también permite no desaprovechar el conocimiento y el capital humano adquirido a lo largo de años de estudio. Recordemos además que el efecto de la precariedad al entrar al mercado laboral deja una ‘cicatriz’ en las vidas laborales, afectando a los ingresos y a la calidad del empleo no solo en el corto y en el medio, sino también en el largo plazo. Por ello, para cerrar las brechas de oportunidades actuales y prevenir las futuras, cualquier medida de estímulo estará incompleta si no se vuelca sobre un mercado laboral distinto: no segmentado, flexible, pero seguro y centrado en la adquisición de capital humano.

Mirando más allá, al inicio del camino, no podemos olvidar que este se trunca demasiado pronto para muchos jóvenes: más de medio millón de personas no han completado la segunda etapa de secundaria ni siguen ningún tipo de formación. Aunque la tasa de abandono educativo temprano sigue disminuyendo, luchar contra el abandono escolar debe seguir siendo una de las prioridades de la política educativa.  

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