Theresa May no quiere dejar sus huellas digitales en un Brexit “contaminado”, en un segundo referéndum o en la petición de una prórroga; Jeremy Corbyn no quiere dejar sus huellas digitales en nada que tenga que ver con el Brexit; y el taoiseach (primer ministro) irlandés Leo Varadkar no quiere que aparezcan las suyas en el levantamiento de una frontera dura entre el Ulster y la República. Todos ellos, por consejo de sus abogados, necesitan estar en condiciones, cuando llegue el juicio, de proclamar su inocencia.

Bruselas ha puesto en un brete al Gobierno irlandés al insistir ahora en lo que tal vez fuera muy obvio, pero que todas las partes interesadas habían estado de acuerdo hasta ahora en dejar debajo de la mesa: que en el caso de una salida desordenada del Reino Unido, serían inevitables los controles fronterizos en Irlanda.




















Brexit

Como frontera exterior de la UE, Irlanda estaría obligada a garantizar la integridad del mercado único





Los nervios están a flor de piel cuando faltan poco más de dos meses para la fecha de salida (29 de marzo) y por el momento no hay perspectiva de un compromiso, con todos los protagonistas atrincherados. Formalmente, la UE continúa respaldando la posición irlandesa de que es necesario e innegociable el backstop o salvaguarda (permanencia de todo el Reino Unido en la unión aduanera hasta que se suscriba un tratado comercial), como contempla el acuerdo de Retirada. El plan B de Theresa May –empujada por los brexiters– consiste en suprimirlo o modificarlo para que tenga una fecha de caducidad.







Pero en la práctica, cuando los portavoces comunitarios comentan de pasada que Irlanda se va a convertir en la frontera exterior de la UE, y que tendrá por tanto la responsabilidad de controlar el tráfico de mercancías y garantizar la integridad del mercado único, Dublín lo interpreta como una presión a hacer concesiones, aunque no está claro cuáles. Bruselas, aun así, puede pasarle la pelota para que intente ponerse de acuerdo con su vecino británico, al que tan bien conoce, para salvar los muebles.


La fecha para que se produzca la salida de Reino Unido de la Unión Europea es el próximo 29 de marzo
La fecha para que se produzca la salida de Reino Unido de la Unión Europea es el próximo 29 de marzo
(Daniel Leal-olivas / AFP)

















Londres lanzó la semana pasada el globo sonda de sacar por completo el backstop del acuerdo de Retirada e introducirlo en una versión actualizada de los acuerdos del Viernes Santo, pero la idea fue rechazada de cuajo.

“En el caso de una salida desordenada, nosotros, los británicos y la Unión Europea tendremos que negociar un pacto aduanero que prevea un alineamiento regulatorio y haga innecesarios los controles fronterizos, porque los acuerdos de paz estipulan que no puede haber una frontera dura”, señaló ayer Varadkar en el Parlamento. “No vamos a permitir que se erijan barreras”, aseveró por su parte el ministro de Asuntos Exteriores, Simon Coveney. Entrevistado en el programa Morning Ireland, el ministro de Agricultura, Michael Creed, se negó quince veces a responder a la pregunta de cómo se podrían evitar las inspecciones de productos agrícolas y ganaderos en el supuesto de un no deal (Brexit caótico)

Así como el Reino Unido, después del Brexit, puede hacer lo que quiera en la frontera del Ulster y dejarla abierta a riesgo de que sea una vía para la entrada de inmigrantes, el problema de Irlanda es que la UE haría obligatorios los controles dada la diversidad entre sus aranceles y los británicos y la posible divergencia entre los respectivos requisitos de calidad y control alimenticios. Pero Dublín también ha de respetar los acuerdos del Viernes Santo, que descartan una frontera dura. Un auténtico dilema que hasta ahora había conseguido sortear. Las contradicciones del Brexit tienen paralizado Londres y también van a complicar la vida al Gobierno de Dublín.




















Petición de Jacob Rees-Mogg

Tratan de frenar al sector eurófilo en las sesiones del Parlamento





El líder euroescéptico Jacob Rees-Mogg ha pedido a Theresa May que suspenda las sesiones del Parlamento para impedir que el sector eurófilo se haga con el control de la agenda del Brexit, aprobando la semana que viene una enmienda que obligaría al Gobierno a pedir una prórroga a la fecha de salida si a finales de febrero no se ha alcanzado un compromiso. “Si la otra parte –dijo– está dispuesta a romper todas las tradiciones y normas parlamentarias para impedir el Brexit, los demás tenemos que jugar igual de fuerte”.

El líder laborista Jeremy Corbyn ha indicado que impondrá la disciplina de voto para que todos los diputados de su partido se pronuncien a favor de la enmienda, dirigida a hacer imposible una salida desordenada de la UE. La compañía de ferries P & O ha anunciado que sus buques viajarán con la bandera de Chipre, Sony ha decidido el traslado de su central europea de Londres a Amsterdam, y hasta el multimillonario brexiter James Dyson va a a mover el cuartel general de su empresa de Wiltshire a Singapur.




















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