La misión ‘Perseverance’ aterriza este jueves para buscar signos de vida en Marte. Junto a ella, el todoterreno chino de ‘Tianwen-1’ y la sonda árabe ‘Hope’ intentarán responder a las grandes preguntes sobre el pasado, el presente y el futuro del planeta rojo.

Este febrero, tres misiones terrícolas conquistarán el planeta rojo. Tras seis meses de intenso viaje interplanetario, tres naves espaciales se preparan para marcar un antes y un después en la historia de la exploración marciana. La sonda árabe ‘Hope’ (‘Esperanza’ en castellano o ‘Al Amal’ en árabe) indagará en la atmósfera de Marte durante un año marciano, el equivalente a dos años en la Tierra. La misión china Tianwen-1 (que se podría traducir como ‘preguntas celestiales’) desplegará un orbitador, un módulo de aterrizaje y un robot explorador. Finalmente, el programa estadounidense ‘Mars 2020’ desplegará sobre el desierto rojizo dos vehículos de exploración; el rover ‘Perseverance’ y el helicóptero ‘Ingenuity’, el primero de su tipo en volar fuera de su planeta madre.

Se avecinan tiempos emocionantes para los aficionados al espacio. Tanto la misión árabe como la china, que alcanzaron la órbita marciana a principios de febrero, ya han enviado las primeras fotos del planeta rojo. Pero en estos días todos los ojos se centran en la misión estadounidense; la primera que intentará aterrizar sobre el suelo marciano. Si todo va según lo planeado, la nave debería tocar suelo este jueves 18 de febrero a las 21.55 (hora peninsular española). Minutos más tarde debería llegar la primera imagen del suelo marciano. A partir de ahí, todo lo que ocurrirá pasará a los libros de historia.

«A pesar de la larga historia de la exploración de Marte, todavía queda mucho por aprender de este planeta. Así que cada misión que llegue añadirá una pieza más del puzle», explica Marina Diez Michelena, investigadora del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). «Entender la historia de Marte es muy importante; también para entender el futuro de la Tierra. Ambos planetas, junto a Mercurio y Venus, forman parte de una misma familia y tienen un origen común, situado hace 4.500 millones de años. El reto está en entender por qué han tenido una evolución tan diferente y por qué, por ejemplo, en unos hay vida y en otros no», argumenta la experta.

En busca de vida extraterrestre

Con la llegada de estas tres misiones a Marte, serán seis las banderas que orbiten el planeta rojo. Estados Unidos, Rusia, China, Europa, India y Emiratos Árabes disponen en estos momentos de una misión activa sobre este mundo rojizo. Nunca antes había habido tantos ojos robóticos sobre un planeta que no fuera la Tierra. Por eso mismo, no son pocos los que califican estos días como algo histórico. Y por qué no; como una nueva era en el fascinante mundo de la exploración espacial con un nuevo (viejo) objetivo. Saber si hay vida fuera de la canica azul.

Sobre la posibilidad de vida extraterrestre, el astrobiólogo Jesús Martínez Frías se muestra tajante. «Marte recibe una radiación ultravioleta muy intensa que, por lo que sabemos, destruye toda traza de vida orgánica en superficie. Si existe vida, lo más probable es que sea microbiana y se esconda bajo tierra«, argumenta el investigador especializado en ciencias planetarias del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC-UCM). Así que nada de imaginarse monstruitos furibundos como los de ‘Mars Attacks’ de Tim Burton o unos entrañables alienígenas como el E.T. de Spielberg.

El robot chino, bautizado popularmente como ‘Conejo rojo’ (‘Red rabbit’), aterrizará en la llanura Utopia Planitia; uno de los emblemáticos escenarios de Star Trek, situado en el helado hemisferio norte del planeta. El todoterreno estadounidense, en cambio, explorará el cráter Jezero, que en su día fue el delta de un antiguo lago marciano. Ambos enclaves son lugares propicios para buscar las microscópicas muestras de vida que, de encontrarse, supondrían uno de los descubrimientos más revolucionarios de todos los tiempos.

Investigación marciana

Más allá de las grandes preguntas sobre vida extraterrestre, las tres misiones también intentarán responder a cuestiones más mundanas (aunque igual de interesantes). Por ejemplo, cómo es la atmósfera marciana. Qué piezas componen el puzle geológico de Marte. Qué tipo de actividad sísmica hay en el planeta. Qué secretos se esconden tras el hielo marciano. Y hasta qué tiempo hace en el planeta rojo (algo que, curiosamente, está en manos de un equipo de investigadores españoles).

Eso sí. Como bien dice el refrán; la paciencia es la madre de toda la ciencia. Así que todavía habrá que esperar un tiempo antes de tener una respuesta a estas preguntas. «No solo habrá que esperar a que estas misiones recojan datos. También hará falta el trabajo de cientos de investigadores de todo el mundo para entender qué hay detrás de esa información. Este proceso no es inmediato, sino que podría demorar meses o incluso años», explica Beatriz Sánchez-Cano, investigadora de la Universidad de Leicester. «El conocimiento que tenemos ahora mismo sobre Marte es el equivalente al que teníamos en los años 60 sobre la Tierra. Todavía queda mucho camino por recorrer«, valora la experta. 

Cuenta atrás para el aterrizaje

Un apunte más. La exploración del planeta rojo se hará en diferido. Y no por el placer de los amantes de los robots teledirigidos, sino por una cuestión logística. Más de 200 millones de kilómetros separan la Tierra y Marte. La distancia es tal que las señales del planeta rojo se reciben con entre ocho y 10 minutos de diferencia. Este retraso en la señal es el responsable de que, por ejemplo, tanto ‘Perseverance’ como ‘Tianwen-1’ tengan que aterrizar en piloto automático. Con todo programado al milímetro, sí; pero sin nadie que esté directamente a los mandos. 

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«No viene mal recordar una cuestión clave; aterrizar en Marte es extremadamente difícil. Hemos tenido la suerte de que las últimas misiones llegaran bien, pero no podemos dar nada por hecho», recalca Jorge Pla-García, investigador del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), sobre el futuro de estas misiones. Para que una misión aterrice con éxito, por ejemplo, tienen que ejecutarse a la perfección más de medio millón de líneas de código de programación. Todos los dispositivos tienen que funcionar perfecta y coordinadamente para que la nave frene en seco. De 20.000 kilómetros por hora a cero en cuestión de minutos. «Si el ángulo de entrada es muy pequeño, la sonda sale rebotada. Si es muy grande, se quema…», ejemplifica el experto.

La emoción por la llegada de estas misiones se centra ahora en el aterrizaje de ‘Perseverance’, la primera en intentar alcanzar el suelo marciano. ‘Tianwen-1’ lo intentará en mayo. La NASA ya tiene a punto un programa especial (tanto en inglés como en español) para seguir el aterrizaje de su misión. En Barcelona, el divulgador científico Miquel Sureda estará a los mandos de la retransmisión especial que preparara el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). EL PERIÓDICO también ofrecerá una retransmisión en directo del aterrizaje. Mientras tanto, los investigadores que han trabajado en esta misión se conectarán desde sus hogares a la verdadera sala de mandos de la misión (ya que la pandemia impide los tradicionales brindis en primera persona). La invasión del planeta rojo ya está aquí. No se pierdan cómo sigue esta historia. 

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