Históricamente, por la disputa de sus principales torneos en pleno verano austral, el calor, y cómo combatirlo, ha sido y sigue siendo el gran enemigo de los tenistas que disputan el Open de Australia y la serie de torneos que orbitan al primer Grand Slam del año. La historia de los Campeonatos Internacionales de Australia, y su relación con el calor, en muchas ocasiones por encima de los 40 grados, tiene, sin duda, una relación directa con el palmarés de la competición. Con el paso de los años, esa batalla entre del tenis contra el sol y el termómetro, sigue vigente pese a las nuevas normativas.


















Hasta 1927, cuando el torneo comenzó a recibir inscripciones de los mejores jugadores formados en otros continentes, (sí lo habían hecho británicos que pasaban largas temporadas en Australia), el rigor climático no aparecía como algo relevante en las crónicas de los partidos. Pero la llegada de esos tenistas extranjeros, no habituados a temperaturas tan elevadas, puso la cuestión sobre el tapete.


En los inicios del torneo, los hombres jugaban con pantalones largos de franela y las mujeres con medias, lo que agudizaba el calor





“Lo más complicado en Australia es cómo combatir el calor en la pista, y también fuera de ella”,
explicó Jean Borotra
tras su victoria en 1927 en el White City Stadium de Sydney. Además, en aquellos años, los hombres jugaban con pantalones largos de franela, y las mujeres con vestido y medias. La presencia de sombreros variopintos y viseras, empezó a colonizar las pistas.







Fuera de los campos de juego, tampoco había tregua. Los hoteles no disponían de aire acondicionado, y los tenistas no tenían ni dietas especiales, ni armas para combatir el calor. “A primera hora de la mañana, cuando llegabas al club, era sencillo saber quiénes eran los tenistas australianos y quiénes los del resto del mundo. Bastaba con ver las caras de sueño de los extranjeros, algunos con la piel quemada”, dijo en una ocasión Fred Perry.


Los hoteles no disponían de aire acondicionado, y los tenistas no tenían ni dietas especiales, ni armas para combatir el calor





“En una de las ediciones que se disputó en Adelaida, el calor era tal que no se podía vivir dentro de la habitación ni con los ventiladores. Hablamos con el propietario del hotel, y nos dio permiso para subir al terrado. Así que cargamos con los colchones, y pasamos la noche bajo las estrellas. Dormir, no dormimos mucho, pero sí que notamos un alivio”, escribió Rod Laver en su biografía.


















José Luis Arilla, que junto a Juan Gisbert, viajó a Australia primero para entrenar a las órdenes de Harry Hopman, y posteriormente para las finales de Copa Davis de 1965 y 1967, recuerda el impacto atmosférico. “El calor era un martirio para nosotros. En los momentos más duros, te costaba incluso respirar. Salvo en la Copa Davis, dónde tenías una silla para descansar tras los juegos impares de cada set, en el resto de competiciones no te sentabas durante todo el partido”, recuerda José Luis Arilla.


Rod Laver y el calor en el Open de Australia
Rod Laver y el calor en el Open de Australia

“Detrás de la silla del árbitro, había una de caja de madera con botellas de agua y alguna bebida un tanto extraña. Nosotros sólo bebíamos agua. También habían unas pastillas con glucosa y otras redondas de sales minerales que te ayudaban a no deshidratarte. Cuando el sol apretaba, y en Brisbane, tan cerca del trópico, apretaba de lo lindo, no parabas de sudar y jugabas casi mareado algún punto. En la Davis había un parón de 15 minutos al término del tercer set, y te dabas una ducha relámpago para refrescarte. Lo peor fue una vez que fuimos a jugar una exhibición más al norte, y aparte del calor abrasador, jugabas sacándote del cuerpo a mosquitos y otros insectos”, añade el tenista español.


















Y tener fuerza física para soportar esas condiciones extremas, fue determinante para que Harry Hopman forjara a los mejores tenistas australiano con entrenamientos espartanos. Para mitigar el calor, Hopman puso de moda colocar pañuelos húmedos atados al cuello de sus jugadores, algo que Jaime Bartrolí, capitán de Copa Davis, copió de inmediato. Pero Hopman siguió buscando recursos para mitigar a sus jugadores en situaciones de calor extremas.


En 1997 nació la regla del Extreme Heat Policy, por la que se paraba la actividad al llegarse a los 40 grados de temperatura exterior





Hace 50 años, en las pistas de Milton Park de Brisbane, Rod Laver, que regresaba a los Campeonatos Internacionales de Australia tras su etapa profesional, selló el primero de los éxitos del que acabaría su segundo Grand Slam. El torneo estuvo marcado por el calor extremo, en especial en la jornada de semifinales donde el mercurio ascendió en momentos por encima de los 45 grados.

Rod Laver se enfrentaba a Tony Roche en esa semifinal, y ambos parecían mareados en la pista. Siguiendo los consejos de Hopman, Laver utilizó una vieja argucia para intentar mitigar los efectos del sol, y colocó hojas mojadas de col entre el pelo y su gorra. Hopman había aprendido ese truco tras leer una biografía de Babe Ruth, la gran estrella del béisbol estadounidense, en la que explicaba dicho sistema, pero con las hojas previamente congeladas.




















Los tenistas luchan contra el calor en el Open de Australia
Los tenistas luchan contra el calor en el Open de Australia

Si las rutinas de hidratación, alimentación, preparación y recuperación tras los esfuerzos fueron cada vez más utilizadas por los jugadores profesionales, en 1988 el Open de Australia dio un paso atrás en ese sentido. Con la implantación del torneo en su nuevo escenario de Melbourne Park desapareció la hierba.

La nueva superficie, el Rebound Ace, se convirtió en una especie de parrilla inferior que potenciaba el calor ambiental y convertía las pistas en hornos. Una buena parte del efecto se pudo mitigar con la Rod Laver Arena, primera pista cubierta de un Grand Slam, y también con las sesiones nocturnas a la luz de los focos. Pero, ante el consenso general para no poner en peligro la salud de los deportistas, nació en 1997 la regla del Extreme Heat Policy, regla por la que se paraba la actividad al llegarse a los 40 grados de temperatura exterior.

En nuestros días, el debate sobre la regla ya no existe, pero sí que se argumenta sobre la aplicación justa, por parte del juez árbitro, de los órdenes de juego. El desgaste físico en un partido nocturno, sin el sol sobre la pista, es sensiblemente inferior al de la sesión nocturna.





































All copyrights for this article are reserved to Deportes