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Lo esperable de cualquier película dedicada a rememorar a una figura del calibre simbólico de Harriet Tubman, que escapó de la esclavitud y posteriormente emprendió sucesivas misiones para liberar a cientos de hombres negros en los años previos a la guerra de secesión americana, es que permanezca agarrotada por su afán de respetabilidad y sus aires de importancia. Y, aunque por momentos pisa ese terreno, por lo general ‘Harriet’ aspira menos a ser cine prestigioso y necesario que a situarse a medio camino entre el ‘thriller’ y el wéstern, y deja que las lecciones de historia surjan de forma orgánica del drama al tiempo que, además, aborda aspectos de la esclavitud -la tensión entre los negros nacidos libres y los negros nacidos esclavos, por ejemplo- que otras películas sobre el asunto suelen pasar por alto.

Eso, sin embargo, no impide que la película caiga en los vicios típicos de los ‘biopics’ más convencionales, como el uso de ‘flashbacks’ y voces en ‘off’, los personajes que usan sus diálogos para explicarnos el lugar que ocupan en la historia y, sobre todo, la tendencia a la hagiografía. De hecho, la directora Kasi Lemmons muestra menos interés en explorar la psicología de Tubman que en perfilarla a la manera de una superheroína imparable, que salta de los puentes para eludir a sus captores, cruza aguas profundas para guiar a los fugitivos, se enfrenta a negreros que exhiben villanía caricaturesca y, ojo, recibe mensajes de Dios que le sirven de brújula. De hecho, Lemmons da tanta importancia a las epifanías experimentadas por su protagonista que al mismo tiempo se la quita a todas las dificultades que debió afrontar para organizar y ejecutar sus rescates. Prefiere idealizarla que humanizarla.

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