Hay una teoría que dice que cada vez que nos encontramos sumidos en una época de crisis económica o de incertidumbre social, aparece una nueva versión de King Kong. Así, la película primigenia que instaura toda la mitología, obra de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, se gestó tras el Crack de la bolsa del 29 que dio lugar a la Gran Depresión, el ‘remake’ de John Guillermin de los años 70 surgió tras la crisis del petróleo, y el de Peter Jackson pareció augurar la gran recesión tras la caída de Lehman Brothers. ¿Casualidad o epifanía? Lo cierto es que el rey de los monstruos vuelve a resucitar justo en medio de una pandemia mundial y lo hace para demostrar que no hay hecatombe que pueda con el cine, con la necesidad de entretenimiento en su estado más puro para escapar de las miserias de una situación que nos supera. 

Así, ‘Godzilla vs. King Kong’ se ha encargado de levantar la taquilla de Estados Unidos durante esta Semana Santa convirtiéndose en el mejor estreno de una película desde la llegada del covid-19. La superproducción de Warner Bros ha conseguido superar los 48 millones de dólares (40,6 millones de euros; una cifra récord en tan solo cinco días si tenemos en cuenta que ‘Tenet’ alcanzó los 58 millones desde que se lanzó el pasado verano), coincidiendo con la reapertura de las salas en los grandes núcleos urbanos de Nueva York y Los Ángeles. Un dato que podría hacernos pensar que la estrategia de Warner (estrenar sus películas de forma simultánea en la ventana de cine y en HBO Max) no tendría por qué tener consecuencias catastróficas para las salas, sino que podría convertirse en una forma de coexistencia bien avenida. Al fin y al cabo, ha sido la única ‘major’ que se ha atrevido a dar salida a sus productos durante la pandemia, de ‘Tenet’ a ‘Wonder Woman 1984’, pasando en España por ‘El verano que vivimos’. 

A nivel global, ‘Godzilla vs. King Kong’ también se ha convertido en un fenómeno, por el momento acumula más de 237 millones de euros y en nuestro país se ha situado sin problemas en el número uno de la taquilla con 1.470.940 euros en tan solo un fin de semana, convirtiéndose en el mejor debut del año. 

¿Por qué una película de monstruos ha resucitado la taquilla mundial? He aquí cinco claves:

Volver a sentir el espectáculo en pantalla grande

Mucho se ha hablado de la muerte de las salas de cine en este último año y el auge del ‘streaming’ casero. Pero ‘Godzilla vs. King Kong’ ha demostrado que lo único que hacía falta era la película adecuada que captara la atención del público para que saliera de la comodidad de sus hogares y se enfrentara de nuevo a la experiencia cinematográfica en pantalla grande. Y es que la película de Adam Wingard solo puede verse de esa manera, porque toda su parafernalia visual está enfocada al espectáculo en tamaño XXL en consonancia con los monstruos que en ella aparecen. 

Se trata de la primera superproducción de un director que siempre se había movido en el ámbito del cine independiente (es uno de los responsables de acuñar el término ‘mumblegore’), pero en esta ocasión ha sabido integrar la tradición apocalíptica de las películas japonesas de Godzilla con ese ‘sense of wonder’ spilbergiano en el que la fantasía se convierte en un espectáculo hermoso. Por supuesto, unos efectos especiales especialmente logrados resultan fundamentales, pero en esta ocasión se utilizan para crear paisajes de lo más imaginativos y ‘set-pièces’ de acción realmente impresionantes (atención a las que tienen lugar en medio acuático), repletas de sorpresas y enfrentamientos titánicos perfectamente coreografiados en los que más siempre es más en cuestiones de épica. 

El triunfo del Monsterverse

A Warner Bros y Legendary les ha costado asentar las bases de lo que denominaron el Monsterverse, una franquicia que se encargaría de reunir a todas las súper especies clásicas y modernas y que recuperaría el género kaiju-eiga nipón en todo su esplendor a través de sus criaturas míticas. 

El experimento comenzó con dos ‘reboots’: el ‘Godzilla’ (2014) de Gareth Edwards y ‘Kong: La Isla Calavera’ (2017), de Jordan Vogt-Roberts. Su siguiente operación fue comenzar a mezclar a los bichos en ‘Godzilla: El rey de los monstruos’ (2019) y enfrentar al lagarto radioactivo a buena parte de los especímenes nacidos en la Toho (productora japonesa responsable de la primigenia ‘Godzilla. Japón bajo el terror del monstruo’, de 1954), es decir, a Mothra (la polilla gigante), a Rodan (el pájaro prehistórico) y al dragón de tres cabezas King Ghidorah. 

La primera película, ‘Godzilla’ no tuvo la repercusión esperada, la segunda, ‘Kong’, fue considerada demasiado macarra (aunque su espíritu ‘pulp’ era delicioso) y la tercera se convirtió en un auténtico desastre. Por eso, era necesario replantearse el Monsterverse en serio para que tuviera sentido, dotarlo de entidad y contundencia. Y eso es precisamente lo que hace Adam Wingard en ‘Godzilla vs. King Kong’ con muchas dosis de inteligencia y talento a la hora de manejar los códigos del subgénero. Así, los monstruos se convierten en las estrellas de la función y el espectador estará desde el principio a tope con ellos, como debe ser.  

Desde que apareció el Monsterverse, el encuentro entre Godzilla y King Kong era el más esperado y todas las pistas parecían indicar que el choque entre estos dos machos alfa se produciría tarde o temprano ya que, al fin y al cabo, su carisma individual se multiplica por mil si aparecen juntos en el mismo plano. 

Su primer asalto tuvo lugar en 1962 en ‘King Kong vs. Godzilla’, de Ishiro Honda. Desde ese momento se perpetuó la idea de que King Kong era bueno y Godzilla malo, pero cada criatura ha tenido su legión de fans de forma independiente.

Por eso, en esta ocasión, cada monstruo tiene propio su equipo: ‘team Godzilla’ y ‘team King Kong’. Pero más allá de hacernos camisetas con uno u otro, no se trata de establecer una rivalidad competitiva y por eso no hay héroes ni villanos, solo instintos de supervivencia atávicos en un mundo demasiado hostil. 

Godzilla y King Kong son los reyes del ‘show’ (cuando desaparecen todo languidece) y monopolizarán toda la atención a golpe de fuerza bruta, tanto por separado, como juntos. Los seres humanos se convertirán en meras comparsas a su alrededor y los enfrentamientos de estos dos iconos de la cultura popular estarán, por una vez, a la altura de las circunstancias. 

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Atracción por la estética de la destrucción 

La estética de la destrucción va unida de forma irremediable a ambas criaturas, sobre todo a Godzilla. Japón se ha visto arrasada por el monstruo en innumerables ocasiones, pisoteado y reducido a cenizas por su aliento atómico. Ya se sabe que Ishiro Honda lo presentó como una metáfora sobre el ataque nuclear sufrido en 1945. La radiación provocada por las bombas provocó una anomalía en forma de animal prehistórico resucitado de las entrañas de la tierra dispuesto a arrasar con todo, especialmente con la raza humana, símbolo de la crueldad y de la guerra. 

En ‘Godzilla vs. King Kong’, la ciudad elegida para el clímax final es Hong Kong. Sus rascacielos serán ideales para que el gorila salte de uno a otro y para que Godzilla los convierta en cenizas tras su paso. Al fin y al cabo, se trata de una película de catástrofes, así que todo vale con tal de generar estropicio, ya sea aliento nuclear, un hacha gigante que se carga de energía o un engendro mecánico. 

Intérpretes nada obvios con gancho

Desde el inicio del Monsterverse se optó por componer repartos sólidos, con buenos actores y jóvenes promesas. En ‘Godzilla’ se reclutó a Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen y veteranos de prestigio como Ken Watanabe, David Strathaim, Bryan Cranston y Juliette Binoche. 

En ‘Kong: La isla calavera’, aparecieron dos de los actores del momento, Tom Hiddleston y Brie Larson, a los que se añadía la presencia de Samuel L. Jackson. En ‘Godzilla: El rey de los monstruos’ se incorporaron los personajes de Kyle Chadler y Millie Bobby Brown, que ahora se convierte en una de las máximas protagonistas, junto a Alexandre Skarsgård y Rebecca Hall, de ‘Godzilla vs. King Kong’. La protagonista de ‘Stranger Things’ ya es por sí sola un buen reclamo para las nuevas generaciones, aunque quien de verdad brilla es la pequeña actriz sorda Kaylee Hottle, que a través del lenguaje de signos consigue generar una enternecedora amistad con King Kong. 

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