Vivo en El Raval, pero sin duda el lugar más hostil de Barcelona es Twitter. Es imposible pasar más de cinco minutos sin que alguien te insulte o quiera discutir contigo por algo que dijiste hace años. La gente jamás perdona una ofensa y la tensión se puede cortar con un cuchillo en todo momento. Por si fuera poco, el lugar está plagado de ladrones de tiempo, el único bien irrecuperable que existe.

Fui unos días antes de su reapertura para coger sitio en la puerta y la verdad es que me estoy aburriendo bastante. Soy el primero de la cola y ya se me está pasando la borrachera, pero no quiero irme a comprar bebida porque temo perder mi sitio. La próxima vez que cierren el ocio nocturno intentaré quedarme en el interior, si lo cierran que sea conmigo dentro, así no se me hará tan larga la espera.

Biblioteca Camp de l’Arpa

Después de años siendo de los que recibían las recriminaciones, esta semana decidí ir yo a la biblioteca con la intención de mandar callar a los demás, y la verdad es que es la mejor experiencia que he vivido en mi vida. Da igual si la gente no hace casi ruido, poder sentir la superioridad de dar una orden en público y que te hagan caso es buenísimo para la autoestima. Podría pasarme horas así.

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Pues resulta que ahora Rubén es poeta, lo cual me parece una vergüenza porque lleva toda la semana realizando rimas asonantes como si las rimas consonantes no existieran. Me cuesta entender que alguien pueda tener ese desprecio para un tipo de rima que ha dado tanto a la sociedad. Rubén no debería ser poeta, porque antes que poeta hay que ser persona y él está muy lejos de cualquiera de las dos cosas. 

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