• El electorado de Esquerra se modera, el de Junts se radicaliza y el PSC se divide entre federalismo y autonomía

El ‘procés’ independentista ha zigzagueado tanto en estos más de ocho años que el electorado catalán ha acabado imbuido por las fluctuaciones. En puertas de unas elecciones autonómicas muy distintas de las anteriores porque la pandemia está barriendo el debate soberanista, las preferencias de los votantes de las formaciones partidarias de la secesión han evolucionado en plena sintonía con las directrices que marcan las direcciones de cada partido. Es decir, el electorado de ERC consigna una moderación inédita desde hace más de una década e inversamente proporcionalidad a la creciente radicalidad de los votantes de Junts, cuyo pasado convergente parece hecho añicos.

La pulsión soberanista ha perdido octanos en general. A la pregunta de qué debería ser Catalunya, la última encuesta preelectoral del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat, difundida justo antes de iniciarse la campaña, revelaba que el 33,5% de los catalanes querían un estado independiente y que los partidarios del statu quo autonómico y de un modelo federal estaban prácticamente empatados a un 26%, con una leve ventaja para los federalistas.

Pero la distribución por partidos de estos porcentajes escondía un dato muy revelador (y algo sorprendente): la mitad de los votantes de ERC ya no tienen la independencia como primera opción de modelo territorial para Catalunya. El 51,5% de quienes aseguran que elegirán la papeleta republicana el 14-F citan el estado independiente como fórmula preferida, pero el 36,4% optarían por un estado dentro de una España federal. Es el porcentaje más bajo de independentistas en el electorado de Esquerra desde que empezó el ‘procés’, en el 2012.

Si comparamos este mismo resultado en el primer barómetro del CEO de cada año del ‘procés’, los votantes de ERC que tienen la secesión como primera opción se han desplomado casi 37 puntos desde 2013 y nueve puntos en el último año. Las oscilaciones se han producido en paralelo a los virajes que la dirección del partido ha ido imprimiendo a su estrategia: el porcentaje tocó techo en 2014, año del 9-N, con un 88,3%, y se mantuvo en máximos durante la legislatura de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, hasta que empezó a caer a partir de 2018, tras las convulsiones del 1-O, la DUI, el 155, el encarcelamiento de los líderes del ‘procés’ y el giro de ERC del unilateralismo a la vía del diálogo.

En paralelo, los votantes de Junts han seguido el camino inverso. De aquella CiU de Artur Mas en la que solo el 32,6% de sus votantes apostaban prioritariamente por la independencia en 2012 se ha pasado al JxCat de Puigdemont en el que los que prefieren un estado catalán alcanzan el 90,3%. No obstante, el crecimiento no ha sido sostenido en el tiempo, sino que ha ido basculando a medida que el espacio convergente iba implosionando y fragmentándose.

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Muy alejado del independentismo, el votante del PSC ha sido más estable durante el ‘procés’ en cuanto a preferencias territoriales, con los defensores del autonomismo casi siempre por encima de los federalistas. El comienzo del pulso soberanista hizo que ambos sectores se igualaran bastante, reproduciendo la división que se abrió en el seno del partido durante la etapa de Pere Navarro. Solo en 2015 había más partidarios del modelo federal que del statu quo autonómico.

Al año siguiente se habían girado las tornas de forma clara, y desde entonces la ventaja de los autonomistas ha sido siempre muy amplia. Sin embargo, en el último sondeo, la diferencia era escasamente de 2,5 puntos. El 42,2% de los votantes socialista prefieren la autonomía y el 39,7% optarían por federalizar España. Y el 13% aboga por eliminar la autonomía.

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