• Stadler quiere impulsar las locomotoras de hidrógeno en su fábrica de Valencia y opta a los fondos europeos

La factoría valenciana del fabricante de trenes Stadler quiere aprovechar los fondos europeos de reconstrucción para impulsar el desarrollo de locomotoras propulsadas por hidrógeno y baterías eléctricas como alternativa a las diésel. El nicho de negocio es importante ya que alrededor del 45% de las líneas ferroviarias europeas no están electrificadas, lo que representa unos 80.000 kilómetros de vías. El porcentaje en España es del 37% y por sus vías sin catenaria circulan diariamente unas 400 locomotoras diésel. La tecnología para acabar con estas máquinas (que a largo plazo tienen sus días contados por los compromisos de reducción de emisiones) existe, pero lanzar los primeros modelos es complicado sin ayuda de la Administración, según asegura la compañía. La empresa tiene 123 años de historia y en la última década ha crecido con fuerza. El proceso de fabricación de los trenes de Stadler es muy artesanal. Las tiradas son cortas y no se puede robotizar la producción como ocurre con el automóvil, donde se producen dos millones de unidades de un mismo modelo. «Tenemos una dependencia absoluta de los soldadores», resaltan desde la compañía.

La factoría de Stadler (situada en Albuixech, a 10 kilómetros de València) ha salido reforzada de la crisis tras obtener el lunes pasado una parte del megacontrato de cercanías de Renfe por el que fabricará 59 trenes por 998 millones de euros. La noticia implica una inversión de 40 millones de euros en la ampliación de la fábrica y la creación de 500 puestos de trabajo que se suman a los 1.365 actuales. La factoría obtuvo en 2019 (último año con las cuentas depositadas) 261 millones de euros de facturación y logró un beneficio neto de 24 millones.

La fábrica forma parte del grupo suizo Stadler desde 2016, pero su origen se remonta a 1897 cuando dos herreros (Miguel Devis y José Noguera) constituyeron la sociedad ‘Devis y Noguera’. La firma creció con la producción de calderas industriales y en pocos años se consolidó como una de las vigas del tejido industrial valenciano gracias a la fabricación de trenes y tranvías. Los talleres se reconvirtieron en 1948 en Macosa. La compañía fue absorbida a finales de los ochenta por la francesa Alstom, que a su vez la vendió a la alemana Vossloh y esta, finalmente, hace 5 años, a Stadler. Peter Spuhler, dueño de Stadler, descubrió el potencial de la factoría de Albuixech en 2007 mientras seguía en València al equipo suizo Alinghi en la Copa América. «Le impresionó el nivel de los ingenieros y compró la compañía en 2016 cuando Vossloh dejó el negocio ferroviario», apuntan desde la firma.

La factoría está muy ligada a la Universitat Politècnica de València, de la que se nutre de ingenieros y en la que imparte la cátedra Stadler. En la fábrica trabajan 300 ingenieros que  se dedican en exclusiva al diseño de vehículos. «Controlamos toda la cadena, desde el diseño del boceto a la homologación», destacan desde la firma. Las instalaciones tienen una vía electrificada de 3 kilómetros para hacer todo tipo de pruebas.

Tres locomotoras fabricadas en Albuixech son propiedad de la reina de Inglaterra (Isabel II), que las utiliza en el Royal Train (con el que se desplaza por Reino Unido). En el mercado británico, la compañía acaba de sellar un acuerdo con Rail Operations UK Limited para el suministro de 30 locomotoras de Clase 93, un modelo que reduce significativamente las emisiones de CO2 . Estas máquinas funcionan con tres fuentes de energía (eléctrica, batería de litio y diésel).

La compañía tiene claro hacia dónde va el futuro, aunque insiste en que para acelerar la implantación de locomotoras limpias es necesario un impulso de la Administración. Iñigo Parra, presidente de Stadler Rail Valencia, incide en que «la adjudicación de fondos europeos para el desarrollo de vehículos ferroviarios propulsados por hidrógeno y baterías permitiría acortar la brecha tecnológica y facilitaría la aceptación generalizada del mercado. Supondría para Stadler Valencia un importante espaldarazo en la consolidación de la fábrica como referente tecnológico para el desarrollo del tren del futuro».

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La compañía trabaja actualmente en 20 proyectos, aunque ninguno tiene las dimensiones de las del contrato de Renfe. Parra asegura que la adjudicación supone «un hito importante que trasciende el ámbito de la propia fábrica. Más que un éxito de Stadler Valencia, es un logro colectivo».

El directivo augura un buen futuro a la fábrica. «Stadler tiene la intención de convertir la factoría de Valencia en un centro tecnológico ferroviario español de referencia a nivel mundial. El grupo ha elegido Valencia para su nuevo centro de trenes regionales y cercanías para América y sur de Europa, lo que supone incorporar la fabricación de cajas de aluminio».

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