La comunidad científica española se ha volcado estas últimas semanas para ayudar a combatir la pandemia del coronavirus. Mientras algunos investigadores buscan una vacuna y otros desarrollan fármacos contra la COVID-19, miles de ingenieros, clínicos, científicos de distintos ámbitos y makers están trabajando de manera voluntaria, colaborativa y con código abierto para crear material sanitario de la forma más barata y rápida posible.

La comunidad Coronavirus Makers está fabricando de manera desinteresada material de protección como mascarillas, viseras y EPIs usando impresoras 3D para evitar el contagio de médicos y enfermeros. Los respiradores son ahora mismo los equipos médicos más solicitados en el mundo debido a la necesidad de ofrecer respiración asistida a los pacientes infectados que sufren insuficiencia respiratoria. Los aparatos comerciales cuestan decenas de miles de euros y la adquisición de equipos procedentes del extranjero es cada vez más complicada.

Colaboración ciudadana

Tras una conversación en un grupo de WhatsApp inicialmente formado por Jorge Barrero (director general de la Fundación Cotec), Andreu Climent (coordinador de Ciencia en el Parlamento) y César García (investigador en la asociación Descubre la Electrónica Orientada a Objetos) y de un tuit nació la iniciativa A.I.R.E. (Ayuda Innovadora a la Respiración). Esta plataforma ciudadana tiene como objetivo buscar soluciones alternativas a los posibles cuellos de botella que se forman en la fabricación de respiradores artificiales.

En apenas unas semanas, aquella conversación se convirtió en un foro de discusión donde participan miles de profesionales. Por una parte, se estudia cómo se podría mejorar la producción nacional de respiradores comerciales. “El Gobierno ha avanzado en la idea de escalar la producción de respiradores en industrias nacionales que están preparadas para ello y estamos ayudando a localizar suministros”, explica Barrero. Por ejemplo, la empresa Hersill, el mayor fabricante de respiradores a nivel nacional ubicado en Móstoles, ha multiplicado su capacidad de producción.

También se han importado ideas de otros países, como la de conectar un único respirador a varios pacientes que “está siendo probada ya en algún hospital”. La tercera vía es la de diseñar y construir un nuevo prototipo que pueda llegar a ser homologado. “Aquí la comunidad maker es la protagonista. Nosotros solo ofrecemos apoyo logístico a los proyectos que lo hayan requerido”, matiza Barrero, que afirma que nunca había visto nada parecido como experto en el campo de la innovación.

“La sociedad ha superado en velocidad y eficiencia a la propia administración e instituciones. Los proyectos nacen del interés personal y de la voluntad de colaborar”, dice. “Esto no quiere decir que las instituciones no jueguen un papel, sino que en una situación de emergencia, la flexibilidad que ofrecen las redes de colaboración ciudadana supera a la del propio Estado. Se habla mucho de la transferencia de conocimiento de la universidad a la empresa y aquí vemos ese trasvase desde la ciudadanía a la empresa, a la universidad y a la propia administración”.

Innovación

Para hacer frente a la escasez mundial, en España han surgido más de 50 proyectos para diseñar respiradores artificiales de bajo coste y código abierto. Sin embargo, el proceso de fabricación y homologación es complejo y requiere cierta precaución.

La Agencia Española del Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMP) alerta de que los respiradores son equipos muy complejos, por lo que es necesario garantizar su correcto funcionamiento y que su utilización no comprometa la seguridad de los pacientes. Actualmente, la AEMP trabaja con 6 proyectos en estado avanzado. Por ejemplo, la empresa SEAT, en colaboración con institutos de investigación y hospitales, ha desarrollado el respirador OxyGEN, autorizado para investigación clínica en hospitales y con una capacidad de producción de 300 dispositivos al día.

Otro proyecto avanzado que ya se prueba en pacientes con permiso de la AEMP es el impulsado por el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga en colaboración con un grupo de ingenieros de la Universidad de Málaga. Este respirador se podría fabricar con menos de 1 000 euros y en menos de dos horas usando piezas industriales que están en stock.

“La iniciativa surgió a partir del respirador mecánico que había diseñado el cirujano Ignacio Díaz de Tuesta para su tesina en los años 80”, explica María Mengual, del equipo Andalucía Respira. “El objetivo es adaptar aquel prototipo inicial para que cumpla los requisitos clínicos necesarios. Una de las claves de nuestro equipo es que permite la ventilación mecánica con altos flujos. El proceso de homologación para un equipo de estas características podría tardar dos años, pero estamos trabajando al máximo para que se haga lo antes posible”. El primer y el segundo ensayo han concluido con éxito.

Respirador Andalucía Respira.

En esta carrera a contrarreloj por desarrollar un respirador más simple y asequible se encuentra también el equipo de Resistencia Team, que ya ha completado pruebas con animales y está pendiente de la validación por parte del Ministerio de Sanidad. Sus planos con código abierto están sirviendo para que otros países desarrollen sus propios respiradores. Por su parte, Leitat fabrica respiradores con la ayuda de impresión 3D y también está realizando pruebas clínicas con humanos.

El proyecto The Open Ventilator impulsado por Celera y apoyado por la Universidad Rey Juan Carlos acaba de ser homologado y comenzarán las pruebas en pacientes pronto.

“Es un orgullo que en España haya tanta gente con tantos conocimientos y ganas para desarrollar estos complejos dispositivos”, comenta Andreu Climent. “Esperemos que todo esto sirva para conseguir que en el futuro pueda transformarse en un sector industrial de dispositivos médicos”.

La solución a la falta de respiradores vendrá de la mano de la solidaridad y colaboración ciudadana combinada con el conocimiento científico e innovación.The Conversation

Manuel Souto Salom, Assistant Professor, Department of Chemistry, University of Aveiro – CICECO, Universidade de Aveiro (Portugal)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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