• La carrera hacia las urnas arranca plagada de incógnitas y con la propia fecha de las elecciones aún en el aire

Con las ucis de los hospitales al límite y los 7,7 millones de catalanes (5.623.962 con derecho a voto) confinados en sus municipios, Catalunya se adentra en una campaña electoral plagada de incertidumbres y con un insólito protagonista, el coronavirus, que ha desplazado al ‘procés’ como punto de ebullición del debate político. Tanto puede llegar a zarandear las urnas la pandemia que hasta la propia fecha de los comicios es una de las grandes incógnitas de los próximos 15 días.

La justicia sigue deliberando sobre la fecha de las elecciones

Los partidos activan este viernes el engranaje electoral bajo la amenaza de que tengan que parar máquinas a mitad de la campaña. El 8 de febrero vence el plazo que se dio el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) para resolver si confirma el 14-F o avala el aplazamiento de los comicios al 30 de mayo que el Govern acordó con la mayoría de las formaciones. La fiscalía prevé pronunciarse al respecto este viernes, antes de que la semana que viene sea la Generalitat la que defienda sus argumentos a favor de la suspensión. El desenlace se espera para finales de la próxima semana, aunque no se descarta que, si el Ejecutivo catalán no agota los plazos, los magistrados aceleren el veredicto. Encuestas en mano, retrasar la cita con las urnas al 30-M daría aire a JxCat, que peleó por forzar el aplazamiento, y sería un revés para el PSC, que pugnó por mantener el 14-F y cuyo candidato, Salvador Illa, ya se ha despojado de la cartera ministerial que le sirvió de catapulta electoral.

Entre la leve tregua del virus y el SOS de los hospitales

En plena tercera ola de pandemia, los enfermos de covid en las ucis catalanas ya son más de 700 –cerca del 60% de las camas para críticos–, llegando así a registros de la primera ola, con alrededor de 3.500 contagios diarios y 75 fallecidos al día en la última semana. El coronavirus da signos de haberse estabilizado en una velocidad de propagación ligeramente por debajo de 1, un ritmo de retroceso en todo caso muy lento que tardará en traducirse en una gran mejora de la situación. Antes de que el Govern decidiera el aplazamiento, Salut presentó un informe con tres posibles escenarios para el 14-F: el primero, el menos malo, proyectaba unos 3.000 contagios diarios y 620 ingresados en las ucis; el segundo, más pesimista, contaba con 4.000 contagios diarios y 750 ingresados críticos; y el último, catastrófico, con 9.000 casos diarios y casi 1.200 pacientes en la ucis. Con los datos actuales, Salut estima que el escenario más probable podría situarse entre el primero y el segundo.

Medidas sanitarias extremas y franjas horarias

Aunque está pendiente de una nueva prórroga, se da por hecho que el día de la votación seguirán vigentes restricciones de movilidad tan duras como el confinamiento municipal, que el Govern y los partidos reclaman que no se salte ni siquiera para ir a mítines, aunque la normativa lo permita. La evolución de la pandemia hace que no sean descartables nuevas medidas, sobre todo para garantizar la seguridad de votantes y miembros de las mesas. La Generalitat ha descartado este viernes vacunar a los miembros de las mesas electorales, dado que no hay tiempo para que estén inmunizados y ante la escasez de vacunas, pero sí les hará un test de antígenos voluntario (60.000 en total) entre el 9 y el 12 de febrero. Además, les garantizará mascarillas FFP2 para toda la jornada electoral y una EPI de alta seguridad para la franja horaria en que se recomienda la votación a los positivos, de 19.00 a 20.00 horas.

Los miembros de mesas elevan su queja al Síndic

Las medidas sanitarias previstas no convencen a centenares de personas elegidas para formar parte de una mesa electoral, que se han organizado a través de la red social Telegram para pedir amparo al Síndic de Greuges y denunciar que se está vulnerando su derecho a la salud. En la misiva, remitida este jueves, se quejan de que la Generalitat les «obligue a incumplir» las mismas directrices sanitarias que llevan respetando desde el estallido de la pandemia. Porque entienden que su presencia física obligatoria en los colegios electorales durante más de 12 horas les expone ante «positivos y contactos estrechos», a los que la propia Administración les impone una cuarentena. Recelan de las medidas de seguridad anunciadas por el Govern (test de antígenos, mascarillas y EPIs) y sostienen que están abocados a una situación «de alto riesgo sin ningún tipo de defensa» porque desacatar implicaría «penas de cárcel y multas bastante elevadas».

Actos por ‘streaming’, aforos muy limitados y sin contacto

Las tradicionales imágenes de grandes recintos a rebosar de simpatizantes coreando el nombre de su candidato serán sustituidas en esta ocasión por actos sencillos, de aforo muy limitado y con máximo protagonismo para el ‘streaming’ y los canales de YouTube. El protocolo diseñado por el Govern plantea que los actos sean prioritariamente al aire libre, se evite el contacto físico y se respete la distancia social. La lista de acciones prohibidas es larga: besos, abrazos, apretones de manos, visitas a mercados, paseos por barrios, ‘selfies’ con los vecinos, reparto de globos, folletos o caramelos, e incluso la música a volumen alto (cuando las personas cantan o gritan emiten más aerosoles que cuando hablan en un tono bajo y eso incrementa el riesgo de contagio). Por descontados, los escasos actos presenciales deberán respetar las reglas más básicas: mascarillas, distancia, ventilación, desinfección y registro previo de asistentes.

El vértigo de la abstención y el fantasma de la «legitimidad»

Si en 2017, con el ‘procés’ en su clímax, la participación electoral tocó techo (79%), el 14-F puede batir récords negativos si se confirman los pronósticos más pesimistas. Sectores del independentismo ya han agitado el espantajo de que una alta abstención podría cuestionar la «legitimidad» del resultado, una advertencia que algunas fuerzas interpretan como una estrategia para prevenir su hipotético fracaso en las urnas. Pero más allá del posible temor a acudir a los colegios electorales –el Síndic de Greuges estimó en alrededor de 200.000 los votantes que estarán en cuarentena el 14-F, bien por estar enfermos o por ser contactos estrechos de contagiados–, las encuestas revelan un elevadísimo porcentaje de indecisos, hasta un 50,7% según el CIS, en una época de enorme volatilidad del voto. Un dato ya real es que el porcentaje de voto por correo será el mayor de toda la historia. El Govern alienta esta vía como medida de prevención sanitaria y facilita que el elector pueda votar sin salir de casa.

Tres partidos se disputan la victoria y la continuidad de los bloques

Las elecciones eran cosa de dos hasta que el PSC dio la campanada in extremis con el cambio de candidato. Hasta entonces, los sondeos apuntaban a un duelo entre los socios del Govern, JxCat y ERC, por el triunfo y por la hegemonía independentista. Con el desembarco de Salvador Illa, la carrera electoral se ha convertido en una terna que ha insuflado en el socialismo la esperanza de poder romper los graníticos bloques en los que lleva dividida la política catalana desde 2012. Las encuestas mantienen la mayoría independentista, pero también esbozan por primera vez la posibilidad de una alternativa de Govern de izquierdas. Esa es la apuesta del PSC y los ‘comuns’ que, al menos de momento, Esquerra rechaza de plano. Sin embargo, tras una legislatura de disenso total y con sus estrategias cada vez más contrapuestas, las hipotéticas negociaciones poselectorales entre republicanos y puigdemontistas se antojan todo un barrizal.

Los presos entran en campaña desde el primer día con la semilibertad

Horas antes del inicio de la campaña, la Generalitat ha vuelto a conceder la semilibertad que el Tribunal Supremo revocó a los líderes independentistas presos, por lo que podrán salir a diario a partir de este viernes. Oriol Junqueras podría ser el primero en entrar en campaña (ERC celebra este viernes un acto en Badalona) y Jordi Cuixart, que no concurre a los comicios, ya ha convocado un acto propio. La mayoría de los reclusos tienen ya cumplida una cuarta parte de la pena o están a punto de hacerlo, lo que les da derecho a permisos ordinarios (tienen derecho a 48 días al año, con un máximo de siete jornadas consecutivas). La fiscalía tendrá nuevamente la oportunidad de neutralizar este tercer grado y forzar que el juzgado lo suspenda hasta que resuelva el Supremo, aunque también podría eludir el recurso invocando que esta vez ya han cubierto una mayor parte de las condenas.

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La mayoría independentista en votos como bálsamo reparador

Los partidos independentistas se han fijado como objetivo reeditar la mayoría absoluta en escaños por tercera vez y superar el 50% de votos que nunca han logrado, aunque no aclaran ni se ponen de acuerdo en qué habría que hacer una vez superado ese listón. Mientras Junts apuesta por «culminar el mandato del 1-O», sin especificar si ello implicaría una nueva declaración unilateral de independencia o cómo se haría «desaparecer al Estado» de Catalunya (tal como ha prometido su candidata, Laura Borràs), el programa de ERC se ancla a la vía del diálogo y a desempolvar la mesa de gobiernos que la pandemia congeló, pero sin descartar la unilateralidad. Los distintos comicios celebrados desde las autonómicas de 2017 tampoco han logrado aupar al secesionismo por encima del 50%, aunque algunas encuestas publicadas en los últimos meses sí apuntan a que esta posibilidad podría convertirse en realidad.

El constitucionalismo recoloca sus piezas ante la alargada sombra de Vox

Si la demoscopia no falla demasiado, en Madrid, la noche electoral podría darse la curiosa circunstancia de que tanto PSOE como PP sonrían viendo sus resultados en Catalunya. El PSC se ha metido en la pugna por la victoria y a los populares se les augura una bocanada de oxígeno. Ambos se beneficiarán del parece que irremediable desplome del ganador de los últimos comicios, Ciutadans, cuya sangría devolverá a los socialistas la bandera de primera fuerza constitucionalista en Catalunya. El anhelo de desbancar al independentismo de la Generalitat les une a todos, pero las posibilidades de que los socialistas se presten a acuerdos con la derecha, que lastrarían la estabilidad de Pedro Sánchez en el Congreso, es una quimera. Lo que también parece imposible de evitar es que la extrema derecha de Vox irrumpa en el Parlament. Algunos sondeos les han pronosticado hasta 8 escaños.

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