California sufrió un brote de sarampión a partir de diciembre del 2014 que se atribuyó a los visitantes del parque Disney. Se supone que los turistas extranjeros iban a visitar a Mickey Mouse y dejaban el virus. Pero no se olvide que el estado del oro es donde más implantada estaba la conspiración antivacunas.

Desde el pasado otoño esa enfermedad, que suena a otro siglo y otra época, ha cobrado fuerza en el estado de Nueva York, y precisamente en un colectivo cerrado en sí mismo, anclado en su tradición religiosa.


200 casos confirmados

Los vecindarios de judios ultraortodoxos, los más afectados por el sarampión






















Hay cerca de 200 casos confirmados hasta ahora por las autoridades sanitarias. En especial en el condado de Rockland y en la Gran Manzana, siempre entre los vecindarios de judíos ultraortodoxos, en especial en los barrios de Williamsburg y, sobre todo, en Borough Park. Sólo en estos dos territorios de Brooklyn se contabilizaron 58 casos confirmados hace una semana.

Una vez que han saltado las alarmas, los equipos médicos de emergencia han intentado de manera sistemática frenar la expansión. En su tarea se topan, sin embargo, con el problema de la falta de cooperación y resistencia de estos ciudadanos cuando acuden a tratar de facilitarles el suero. Una y otra vez van a sus zonas de residencia y se niegan a abrirles las puertas por su oposición a las vacunas. Aun siendo un grupo tan hermético, en este asunto se han ligado al movimiento global en oposición al preparado biológico que protege contra el sarampión, por la suposición de que provoca autismo y otras enfermedades. Si bien los científicos han negado reiteradamente esa relación, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha difundido ese vínculo.









Los científicos niegan que la vacuna contra el sarampión provoque autismo y otras enfermedades
Los científicos niegan que la vacuna contra el sarampión provoque autismo y otras enfermedades
(NikiLitov / Getty)

Aseguran los expertos que la propagación del sarampión se explica por los viajes que han realizado estos ultraortodoxos a determinadas áreas de Israel y de algunos países europeos. Allí visitan viviendas, escuelas y tiendas donde muchas personas están sin vacunar por su negativa.

El primero de los niños al que en la oleada reciente se le diagnosticó esta enfermad en Brooklyn no había recibido el suero y se contaminó en octubre, en un viaje al país de Oriente Próximo. Esta misma circunstancia se ha ratificado en otros menores que realizaron idéntico trayecto. A partir de ahí, otros se han visto infectados en Brooklyn o en Rockland. El Departamento de Sanidad de la ciudad de los rascacielos emitió un comunicado de alerta. “Si tienes previsto viajar a Israel, protégete a ti y a tu familia contra el sarampión y vacúnate”.




















Expansión del sarampión

Muchos se infectan durante sus viajes a Israel: Sanidad alerta que hay que vacunarse





Sin cooperación, la prevención se hace una cuestión imposible, advierten los expertos. En el rechazo de los judíos ortodoxos a las vacunas, más allá de las teorías conspirativas, se encuentra también una cuestión cultural relacionada con su credo y el estilo de vida que se desprende.

Según el profesor Samuel Heilman, del Queens College, que ha estudiado a esta comunidad, sus integrantes tienen miedo a un ainterferencia desde el exterior, lo que enraíza con sus orígenes, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.


(Clara Penín)

Y no sólo son las vacunas. También han rechazado otros esfuerzos del equipo de Sanidad de la ciudad para poner límites a su controvertida práctica de la circuncisión debido a que se considera que son el origen de herpes en los críos.

En otro frente, ultraortodoxos graduados en colegios privados o yeshivás presentaron una denuncia contra sus propias escuelas para solicitar una educación más secular. Esto destapó que, en algunas partes de Nueva York, hay adolescentes que al final del bachillerato escasamente leen o escriben en inglés, o que no tienen idea de que en este país hubo una guerra civil. Las yeshivás atienden a unos 57.000 estudiantes.


















No son más que demostraciones, como sostiene el profesor Heilman, de que ellos consideran que residen bajo sus propias normas, diferentes a las de fuera. Pero sucede que los virus no saben de religiones o razas.




















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