Un joven con barba castaña y desaliñada cruza las puertas del local. En su espalda lleva una mochila tan cargada que parece que viene de coronar el Everest. Y sí, acaba de escalar una montaña, pero de ropa sucia. Es lo que le trae a LaBar, un laundry bar donde tomar un café mientras hace la colada de la semana. 

A un lado, mesas y sillones, al otro, lavadoras.  «El LaBar (Consell de Cent, 442) nació para amenizar la horrible espera de cuando vas a la lavandería», dice Gerard Navas, el copropietario. Es decir, aquí no hay caras largas, ojos vacíos y ganas de meter la cabeza dentro de la lavadora para acabar con la espera. En LaBar puedes dejar la colada haciéndose mientras te tomas un café, te conectas al wifi y te pones al día de todo el trabajo que se acumula como la ropa sobre la silla de tu escritorio. 

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«Antes me pasaba una hora haciendo la colada, aburridísima, mientras jugaba al Candy Crush haciendo tiempo», dice Carme. Ahora, como mínimo, lo combina con una cerveza. A unos metros de ella, dos chicas se sacan los trapos sucios. Literalmente, en la lavadora. No son las únicas, por supuesto. En el bar hay unas seis personas más, trabajando con su portátil, charlando o merendando mientras la ropa usada de la semana da más vueltas que Pedro Sánchez respecto a sus pactos de investidura. 

El nombre LaBar ya lo dice todo. Es un juego de palabras que hizo Marta Pérez, copropietaria y pareja de Gerard. «Obviamente se le tenía que ocurrir a ella, que para algo es la de los chistes», puntualiza. Pero LaBar no es solo el bar donde lavar la ropa, también hace de espacio polivalente. «Sirve de galería de arte», dice el propietario, señalando los cuadros que cuelgan de las paredes. «Y también organizamos conciertos». 

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Hacer la colada dejará de ser como intentar explicarle a Vox los derechos LGTBI: una pérdida de tiempo.

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Los conciertos de los que habla no son el ronroneo constante de las lavadoras. «Son industriales, muy bien aisladas, no hacen ruido». La música la pone un cantante que toca en acústico cada jueves y que llena el LaBar de dos tipos de personas, las que vienen por el amor a la música y las que vienen porque su ropa necesita suavizante. Claro que esta mezcla puede provocar escenas estrambóticas: «A veces ves a una pareja doblando unas sábanas que tapan el campo de visión del cantante», recuerda entre risas Gerard.

Nunca suele haber cosas 

El día más masificado es el domingo, el día oficial de la colada, por supuesto, pero nunca suele haber colas. Además, los programas son cortos -45 minutos tarda en lavarse la ropa-, y las lavadoras tienen mucha capacidad -de los 10 y 20 kilos de peso- para evitar que un mismo cliente tenga que hacer dos o tres lavadoras. Y, a no ser que estés limpiando el dinero de la caja B del PP, no necesitarás equipos más grandes de lavado. 

Aunque LaBar lleva en activo un año, sus propietarios creen que le queda mucho recorrido por su buena acogida. ¿La clave del éxito? «Es diferente, único y cubre una necesidad». No bromea: es el único laundry bar de Catalunya y el segundo de España, después del Gondomatik Wash-Bar de Valladolid. Es, en resumidas cuentas, un concepto de lavandería tan moderno que no sería raro que un día te cruces a la de Neutrex que viajaba en el tiempo solo para repartir detergentes. 

 

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