Es el delta del moderneo: aquí desembocan todas las tendencias. ¿La moda de la ‘kombucha‘? ‘Check’. ¿La de las plantas? ‘Check’. ¿La de dieta sana? ‘Check’. ¿Y ‘Brunch’? También, ‘check’. Si Pinterest se materializase en un local sería este, Frizzant (Gran Via de les Corts Catalanes, 692). Hay muchas formas de definirlo. Por ejemplo, espacio multiexperiencia. O local pluridisciplinar. Pero la que más se adecua es la de club social de yoga, un lugar donde practicar este ejercicio, pero no exclusivamente: “queremos que la gente no venga solo por el yoga, sino que se quede más tiempo. Que desayune, coma, teletrabaje o tome un café”, explica Sònia, una de los socios.  

Este formato es muy común en las grandes ciudades de Estados Unidos y en las capitales europeas. En Nueva York, San Francisco o Londres, entre muchas otras, hay una larga trayectoria de estos espacios que mezclan café y yoga, o librería y pilates, o gastronomía y yoga, en definitiva, que están diseñados para pasar todo el día. A España llegaron hace un par de años, pero de forma muy modesta y sin el ‘boom’ que ha despertado en otros países. Por eso, muchas veces llega gente a Frizzant más perdida que Miguel Bosé en el Mobile World Congress: “pero, ¿qué sois? ¿Una exposición de plantas? ¿Un centro de yoga? ¿Un restaurante?”. La respuesta rápida sería: todo a la vez. 

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Por ejemplo, “puedes venir a trabajar, hacer una clase de yoga en tu descanso, ducharte, y continuar trabajando sin tener que ir volver a casa a cambiarte”, asegura Alex, el otro socio, enseñando la gran mesa de la segunda planta, ideal para todos aquellos que siguen trabajando desde casa y necesitan cambiar de aires con más urgencia que Meghan Markle en el Buckingham. “O venir a comer, hacer yoga, tomarte un café y quedarte un rato socializando con tus compañeros”, añaden. 

‘All day yoga’

Es otra de las funciones primordiales de esta tendencia del ‘all day yoga‘: tejer vínculos. “El yoga sirve para conectar contigo mismo, y la socialización para conectar con los demás. Es imprescindible combinar ambos aspectos”, cuentan. Con esa intención, organizan diversos eventos. Por ejemplo, las yoga ‘rave’, un nombre que aunque suena a una ruta del bacalao ‘fitness’, no tiene nada que ver. Una forma fácil y rápida de definirlo es como una combinación de ‘brunch’ (para los momentos para desconectar y socializar) con sesiones de yoga. 

“Aquí el yoga es algo social, queremos romper con la imagen que se tiene de él”, continúa Sònia, “porque solo hay dos tipos de centro que lo practican”, o el típico gimnasio donde sudas más que en el YouTube de Patry Jordán, o los centros budistas donde parece que en la matrícula viene incluido un viaje al Nirvana. “Ni lo uno, ni lo otro, pero con cosas de ambas”. Es decir, a pesar de que siguen “los preceptos tradicionales del yoga”, buscan “la modernidad”. De muchas formas, desde juegos de luces para proyectar emociones durante el ejercicio, hasta hacer posturas específicas que ayuden a corregir los problemas de la modernidad, como, por ejemplo, la otra pandemia del 2020: las cervicales destruidas por el teletrabajo

Pero no todo es yoga. Frizzant también tiene comida (“los clientes se suelen dejar una media de unos 12 euros por persona”, dice Alex), actividades de ‘teambuilding’, ‘workshops’ (de sound healing con cuencos tibetanos, ceremonias de cacao o ‘static dance’, entre otros) y hasta exposiciones de arte. Es decir, un oasis cultural, gastronómico y saludable en plena Gran Vía que intenta satisfacerte sean cuales sean tus gustos, como lo describen los socios. U otra forma de llamarlo, un espacio que bebe de todo lo que suena a moderno y a tendencia y que promete convertirse en el próximo ‘place to be’

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