Una de las personas que dio más a la literatura del siglo XX no tenía nombre.

En julio de 1918, Ernest Hemingway fue gravemente herido por un golpe de mortero austríaco en las trincheras de la orilla del río Piave, en las Dolomitas, durante el ocaso de la Primera Guerra Mundial. El Nobel estadounidense hubiese muerto si no fuese porque un soldado italiano se interpuso por casualidad entre él y los proyectiles, pero las biografías de Hemingway nunca le identificaron. Con el ruido de la guerra, su gesta quedó anónima. Hasta ahora, porque un biógrafo estadounidense y un aficionado a la historia italiano han conseguido dar con su identidad: se llamaba Fedele Temperini, tenía 26 años y era de Montalcino, un pequeño pueblo de la región de la Toscana.




















Fedele Temperini iba a comprar cigarrillos a Hemingway, entonces voluntario de guerra en las trincheras del río Piave





“Cuando estaba escribiendo mi último libro sobre Hemingway me di cuenta de que todas las fuentes hablaban de un soldado italiano, sin decir su nombre. Esto me molestó: para darle dignidad necesitamos saber quién era”, cuenta por teléfono el escritor estadounidense James McGrath Morris, que publicó en el 2017 un libro sobre su participación en el conflicto.

El joven Hemingway, con sólo dieciocho años, fue uno de los estadounidenses que decidieron ir a Europa. Se alistó como voluntario en la Cruz Roja, que le destinó a Italia, donde terminó llevando en una bicicleta cigarrillos y chocolatinas a los soldados en las trincheras. Se ganó la confianza de la tropa y hasta consiguió un apodo, il giovane americano. Temperini no fue ningún héroe ni sabía que iba a perder su vida por un futuro gran escritor. Sólo se había acercado a él por una cajetilla de cigarrillos. “Pero fue muy importante: piensa que sin él no hubiésemos tenido El viejo y el mar”, remarca McGrath Morris.









Imagen de la batalla del Piave
Imagen de la batalla del Piave
(archivo)

Gracias a una búsqueda en los archivos italianos, el biógrafo consiguió llegar a 18 soldados que perecieron ese día en la batalla. Pero no pudo ir más allá, así que publicó un artículo para hacer un llamamiento público a los historiadores italianos a terminar el trabajo. Tuvo suerte: Marino Perissinotto, un aficionado a la historia que vive cerca del Piave, se puso en contacto. Consiguió encontrar unos libros que identificaban las unidades militares de cada soldado y dónde estaban localizados. Con esta información redujo la búsqueda a tres finalistas. De estos, dos servían en un regimiento de infantería que quedaba en otra trinchera. Sólo quedaba un nombre posible en el 69 regimiento de infantería, en la Brigada de Ancona, donde ocurrieron los hechos: Fedele Temperini, uno de los tantos jóvenes masacrados en las trincheras de las orillas del Piave para retener a las fuerzas austríacas. Más de 600.000 italianos murieron.


















“Para mí dar con su nombre significa rendir justicia y honor a uno de los tantos chicos que vinieron aquí por deber. No fue un héroe, fue a por cigarros y caramelos, pero estuvo aquí y escribió la historia”, considera Perissinotto. El italiano corroboró los hechos con un informe del destacamento de la Cruz Roja en el frente, que decía que atendieron al primer herido americano en aquella batalla y a un soldado del 69 regimiento de infantería que murió.

Hemingway no hizo nunca ningún esfuerzo por saber quién era el chico que le había salvado la vida. Estuvo demasiado ocupado recuperándose de sus múltiples heridas en el hospital de la Cruz Roja Americana de Milán. Según contó a su amigo Theodore Brumback, encontró a un soldado todavía vivo, pero malherido, y lo llevó a los primeros auxilios. Su estancia en el hospital de Milán fue memorable. Allí conoció a la enfermera Agnes von Kurowsky, de quien se enamoró perdidamente y con quien planeó casarse. Al final, la enfermera le abandonó por carta, pero dejó tanta huella en el joven escritor que la utilizó como inspiración para el personaje de Catherine Barkley en Adiós a las armas (1929).

Ahora, Perissinotto y McGrath Morris esperan que Fedele Temperini sea añadido al memorial para todos los que cayeron en el Piave. Su nombre ya forma parte de la historia. Si no hubiese acudido a buscar chocolatinas y cigarrillos al joven Hemingway, el mundo se hubiera quedado sin el corresponsal de guerra, gran vividor y premio Nobel de Literatura.




















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