• El chef de Dos Palillos, con una estrella Michelin, publica en Instagram un estremecedor alarido «de rabia e impotencia» por su dramática situación y la de sus colegas que se ha hecho viral

Como si fuera versión 2.0 de ‘El grito’, de Munch, el grito de Albert Raurich en Instagram ha conmovido las redes estas últimas horas. No es arte, sino denuncia. No es pintura al óleo, sino vídeo. Y no es sordo como el cuadro expresionista, sino estentóreo, potente, ensordecedor. Un grito «de rabia, de impotencia», resume el chef de Dos Palillos, que ha recibido sentidas felicitaciones y muestras de solidaridad por parte quienes han visto la brevísima pieza: un bucle en el que, agitando con furia la persiana de su restaurante, suplica fuera de sí: «¡Dejadme abrir!». Suma casi 20.000 visualizaciones y casi 250 comentarios, y subiendo.

«Fue algo espontáneo», relata el chef, que cada día se reúne en el local de la calle de Elisabets, 9, para hablar, estudiar platos, cocinar y comer con el personal y «mantener el espíritu de equipo porque pasar esto en solitario es mucho más duro a nivel psicológico». El pasado viernes, a media tarde, cuando casi todos se habían ido, se quedaron su mujer, su ‘community manager’ y él hablando de la impotencia que sentían por no poder reabrir el negocio. «Nuestra barra es pequeña y con las medidas de seguridad sanitaria y las restricciones solo puedo dar de comer a seis personas al mediodía. No es que no me quiera adaptar a la nueva normativa, es que me resulta imposible».

El susto de algunos viandantes

«Se me encendió la bombilla», recuerda Raurich, que le pidió a la ‘community manager’ que sacara el móvil y se preparara para grabar. «Ella no tenía ni idea de lo que iba a hacer». Y suelta una carcajada como la que se le escapó a ella mientras sostenía el móvil. «La gente que pasaba por la calle flipaba, algunos incluso se llevaron un susto». Quienes lo han visto a través de la pantalla, sean colegas conocidos como Joan Roca y Paco Pérez, o anónimos, aplauden la iniciativa.

El grito, angustioso y estremecedor pese a su brevedad, es denuncia y es llanto pero también es discurso porque tras la ‘performance’ hay una larga explicación, trufada de las muchas razones que han llevado al chef a compartir su desesperado alarido en las redes sociales. Porque largo es el sufrimiento que está padeciendo desde la instauración del estado de alarma a mediados de marzo del año pasado. Desde entonces no ha podido abrir Dos Palillos, con una estrella Michelin. Por suerte, Dos Pebrots (en la vecina calle del Doctor Dou, 19), su otro restaurante, es más grande y puede mantenerlo abierto.

«Es un drama. Para volverse loco. Llevamos 10 meses cerrados y lo peor es que no tenemos una previsión de apertura porque no podemos hacerla. Ahora pensamos que quizá en marzo, pero vemos las noticias y se nos queda la moral por los suelos porque indica todo lo contrario: los doctores Bonaventura Clotet y Oriol Mijtà diciendo que esperan una cuarta ola para después de Semana Santa, las farmacéuticas avisando de que no pueden producir las vacunas que habían prometido y Argimon explicando que en vez de 500.000 vacunaciones mensuales solo se están haciendo 50.000 o 60.000, no sé quién diciendo que faltan jeringuillas… ¡en el país de los yonquis!» , enumera con un punto de sarcasmo. «Con este panorama no creo que pueda abrir en marzo», se lamenta.

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Raurich ya se pilló los dedos en octubre cuando anunció la reapertura. «Lo anunciamos en redes, íbamos aceptando reservas, compramos comida, llenamos las neveras, hicimos pruebas de menús, recuperamos al personal… En fin, nos gastamos un dinero que no teníamos, y eso que habia intentado minimizar riesgos. Y la Generalitat obligó a cerrar los restaurantes el día 15 hasta el 21 de noviembre. Era la segunda vez que me cogía con las neveras llenas (la primera fue con la declaración del estado de alarma). No me lo podía creer», cuenta el cocinero, «harto de ver cómo los políticos se suben el sueldo el 1% en plena pandemia, de ver que son unos ineptos que se pelean entre ellos mientras la gente lo está pasando muy mal».

Raurich se arrepiente de no haber cerrado definitivamente Dos Palillos. «Si pudiera volvera atrás, lo habría hecho. Tenía el dinero para echar a todos, dar todo de baja y largarme un año a Japón con mi mujer [Tamae Imachi, sumiller, es nipona] pero ahora no tengo pasta y me he endeudado tanto que no tengo para cerrar la emprea como Dios manda». No lo hará, pero le ha pasado por la cabeza «bajar la persiana y tirar dentro la llave, enviar un ‘e-mail’ a los trabajadores diciéndoles ‘bon voyage, haced lo que podáis’, y desaparecer».

Demanda colectiva contra el Estado

De momento, se ha sumado a la plataforma lahosteleriadetodos.org, la plataforma pretende demandar a la Administración General del Estado y a las comunidades autónomas ante el Tribunal Supremo por los daños y perjuicios soportados por la hostelería durante el año 2020. El objetivo es alcanzar una indemnización para cada uno de los restauradores que se sume, inspirada en las ayudas que el Gobierno alemán ha destinado al sector cubriendo el 75% de los ingresos del año anterior.

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«Los restauradores entendemos el confinamiento total en una pandemia como esta porque va en favor de la sociedad. Pero tras el cierre total se nos ha criminalizado de manera injusta. No es legal dejarnos morir de esta manera. Y esta demanda sigue un razonamiento sencillo: si tu negocio cumple la normativa debes poder abrirlo. Y si la administración no te deja, debe compensarte. Si nos sacrificamos en favor de la sociedad, la sociedad debe compensarnos con ayudas económicas, rebajas fiscales o préstamos sin intereses. Pero aquí no hay nada, solo un crédito del ICO con intereses. No puede ser que nos obliguen a cumplir nuetros deberes y nos quiten nuestros derechos».

Es probable que llegue antes la reapertura de Dos Palillos que el resultado de la demanda. En cualquier caso, no es descartable que Raurich vuelva a gritar, pero de alivio, de liberación, de alegría.

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