El 2 de octubre de 1974, el escritor y periodista brasileño José Roberto Torero vio llorar a su padre por primera vez. «Él era un hombre muy duro, del interior del país, que no mostraba sus emociones jamás», recuerda. El instante de revelación tuvo lugar en Vila Belmiro, el estadio del Santos FC, durante un partido que enfrentaba al equipo local con el Ponte Preta de Campinas. Torero lo explica tan bien, de una forma tan vívida, que lo mejor es dejarle a él el relato:

«A mí no me interesaba mucho el fútbol, pero ese día mi padre me dijo que tenía que acompañarle. Nos situamos en la tribuna de los socios. El estadio me pareció gigantesco [tiene cabida para 17.000 personas] y el juego estaba animado, pero yo ya veía que mi padre estaba triste. Cuando terminó el primer tiempo, uno de los jugadores del Santos se quedó de rodillas en el césped y fue entonces cuando vi llorar a mi padre. No solo él; los hombres que había a nuestro alrededor también lloraban. La memoria crea sus propias imágenes, y en el recuerdo que guardo de aquel día, las lágrimas bajaban por las gradas formando una catarata. Me parecía todo muy raro, así que pregunté: ‘Papá, ¿por qué llora toda el mundo?’. ‘Porque aquel hombre va a dejar de jugar al fútbol’, me dijo. ‘¿Y por qué tiene que dejar de jugar? ¿Es muy malo?’. ‘No –respondió, secándose las lágrimas-. Es el mejor del mundo‘».

El día más triste de la historia del club

Sí, el primer partido de fútbol al que asistió José Roberto Torero fue el de la retirada de Pelé (al cabo de nueve meses, tras sufrir un serio revés económico, ‘O Rei’ volvió para jugar con el Cosmos de Nueva York, pero en esa noche de Vila Belmiro nadie podía prever algo así). «Debuté como aficionado del Santos el día más triste de la historia del club. Supongo que por eso soporto tan bien las derrotas», apunta con sorna el escritor. En cualquier caso, aquel momento de desconsuelo general creó un fuerte vínculo emocional entre Torero y el futbolista, y de esa conexión nacería, tres décadas después, ‘Una historia de fútbol’, uno de los libros infantiles más exitosos de las letras brasileñas (ha vendido más de dos millones de ejemplares, una barbaridad) que Blackie Books ha publicado en castellano y catalán con ilustraciones, espléndidas, de Andreu Llinàs.

‘Una historia de fútbol’ recrea las andanzas de una pandilla de niños de Bauru, en el interior del estado de Sao Paulo, que forman un equipo de fútbol callejero para disputar el campeonato de su ciudad. Los principales protagonistas son Zuza, un chaval enamoradizo que sueña con pilotar aviones, y su mejor amigo, el habilidoso Dico, hijo de un futbolista cuya carrera no llegó a despegar por culpa de una lesión. Tanto Zuza como Dico aparecen retratados con sus apodos de infancia; el primero se llama en realidad Aziz y el segundo, Edson Arantes do Nascimento, aunque el mundo lo conocerá años después con el sobrenombre de Pelé.

«Para su familia y sus amigos de la niñez siempre fue Dico –explica Torero-. Lo de Pelé vino después. A él le gustaba mucho jugar de portero, y, cuando lo hacía, solía comentar las jugadas en voz alta, como si las retransmitiera. Su ídolo era un portero llamado Bilé, que había jugado con su padre, y se hacía pasar por él. ‘¡Bilé para la pelota!’. ‘¡Bilé saca de puerta!’. Decía cosas así. Pero no lo pronunciaba bien, y los otros niños empezaron a llamarlo Pilé. Y de ahí pasó a ser Pelé».

La historia de Aziz Adib Naufal

‘Una historia de fútbol’ nació como guion para un cortometraje dirigido por Paulo Machline que se coló entre los cinco nominados al Oscar en el 2001. La idea surgió un día en el que Machline, fervoroso santista, se hallaba abatido por la deplorable marcha del equipo albinegro. «Paulo trabajaba en la fábrica de televisores de su padre y estaba lamentándose por la última derrota del Santos. El gerente de la empresa lo vio tan alterado que se acercó a él y le dijo: ‘Voy a contarte una historia’. El gerente se llamaba Aziz Adib Naufal. Zuza. Y le explicó que, siendo niño, había jugado con Pelé en un equipo llamado Sete de Setembro, que era el nombre de la calle de Bauru en la que montaban los partidos».

Tanto en el guion de la película como, posteriormente, en el libro, Torero incluyó una escena en la que la familia de Dico/Pelé escucha por la radio la retransmisión de la final del Mundial de 1950. Cuando el partido acaba con la derrota de Brasil, el padre, Dondinho, es incapaz de reprimir las lágrimas y su hijo se le acerca, le promete que un día ganará la Copa del Mundo para él y los dos se funden en un abrazo. Eso nunca ocurrió, pero cuando Pelé lo vio, lloró de la emoción y decidió incorporarlo a su propia biografía. «¡Desde entonces lo explica como si fuera verdad», se ríe el escritor. El episodio aparece tal cual en ‘Pelé, el nacimiento de una leyenda’, el largometraje biográfico dirigido en el 2016 por los hermanos Zimbalist y producido por el futbolista.

Convertido en un fenómeno de ventas en Brasil, donde es lectura obligatoria en muchas escuelas, ‘Una historia de fútbol’ es el libro que ha escogido el director de promoción de los sectores culturales del ICUB, Òscar Carreño, para llevar a cabo en Barcelona un ambicioso proyecto de talleres de lectura en el que participan 545 alumnos de ESO de siete centros educativos y cinco clubes de fútbol históricos de la ciudad (Sant Andreu, Europa, Júpiter, Martinenc y Sants), en un intento de dinamitar tópicos sobre el supuesto antagonismo entre letras y deporte.

«El libro es ideal para un proyecto como este –valora Carreño-, porque habla de fútbol, pero también del trabajo en equipo, de las desigualdades sociales, de analfabetismo, de la familia, de la amistad, del amor…». Las últimas páginas de ‘Una historia de fútbol’ constituyen, además, un poderoso alegato en defensa de la excepcionalidad de todas la personas, tanto si su destino es ser el mejor futbolista del mundo como si lo es trabajar de cartero, formar un dúo de samba o regentar, como Zuza, una fábrica de calendarios. «Esa es una idea importante –subraya Torero- y espero que los niños que se acerquen al libro lleguen a entenderla: todas las vidas, todas, son una aventura apasionante».

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