• El 80% de los accidentes graves en la Arrabassada tienen motos implicadas
  • El 30% de la red de carreteras catalanas mantienen un elevado riesgo de siniestralidad

La moto es una constante en todos los debates sobre seguridad vial en Catalunya. La cultura de las dos ruedas no es solo una realidad urbana, también lo es supramunicipal, tanto en los desplazamientos entre semana (‘commuters’), sobre todo en el ámbito metropolitano, como los más vinculados al ocio (‘motards‘). El estudio de evaluación de carreteras EuroRAP, del que aquí se encarga el RACC, vuelve a alertar sobre la elevada siniestralidad de la moto, que supone el 5% de la movilidad pero padece el 43% de los accidentes. En los entornos viales de Barcelona, la inmensa mayoría de los accidentes graves los sufre un motorista. Merece especial mención la BP-1417, que quizás no les suene de nada pero ya les será más familiar si le ponemos el nombre de Arrabassada, la vía que une Barcelona con Sant Cugat coronando el collado situado junto al Tibidabo. Es la carretera más peligrosa de Catalunya (no debuta en tan dudoso mérito, ya lo fue durante tres años seguidos, de 2015 a 2018), pero además es el paradigma del trabajo pendiente: el 80% de los siniestros graves tienen una moto implicada.

Las motos no se caen más que nunca pero sí padecen más que nunca. En 2019 se registraron 2.269 siniestros de vehículos de dos ruedas, algo inferior a los del 2018, cuando se tocó techo con 2.306. El crecimiento desde 2013 ha sido del 45%. Pero si nos fijamos en los que dejaron víctimas mortales o heridos graves, la cifra es la mayor de la década, con 317, superando los 309 del anterior récord, alcanzado en 2015. La palabra moto, de hecho, aparece en 47 ocasiones en el documento de 26 páginas presentado este jueves. Para decir cosas como que en los siniestros graves registrados en los 10 tramos con mayor concentración de accidentes, el 75% de los afectados y la mitad de los muertos iban en moto. Pero también hay mucho más. EuroRAP, que realiza su estudio en base a trienios y el informe presentado este jueves abarca el periodo 2017-2019, analiza el 53% de toda la red viaria catalana, esto es, cerca de 6.400 kilómetros. La mitad del total que, sin embargo, concentra el 92% de la movilidad total y el 86% de los siniestros. Con la moto, como norma general, como protagonista. El titular genérico, por cierto, es que el 30% de las carreteras catalanas mantienen un riesgo alto o muy alto de sufrir un accidente grave o mortal. Sería el titular de la noticia si no fuera un porcentaje que apenas se ha movido en los últimos años. Aunque, bien visto, que la cifra siga igual ya dice muchas cosas por sí sola.

Mejoras previstas

Sobre las preocupantes cifras de la Arrabassada, Xavier Flores, director general de Infraestructures de Mobilitat del Govern, ha avanzado que en enero está previsto licitar una mejora en la carretera que consiste, entre otras cosas, en colocar, en los tramos más sensibles, un separador entre los dos sentidos de manera que, si un vehículo lo pise, la rugosidad le advierta del peligro de invadir la calzada contraria. «Debe significar un cambio importante«, ha detallado, al tiempo que ha admitido que se trata de una vía «muy particular». Se refería, sin mentarlo directamente, a los usos que se siguen haciendo de esta arteria, con grupos de moteros que se reúnen en los miradores mientras entran y salen para realizar el trazado de curvas en el que, durante muchas décadas, se celebraron las míticas subidas en cuesta, carreras cronometradas que llenaban las cunetas de curiosos. Según el Servei Català de Trànsit, en el periodo 2007-2020 se han registrado en esta vía 57 accidentes con muertos o heridos graves. en 43 de ellos (el 75,4%) había una moto implicada. En el entorno de la capital catalana, sin embargo, hay más tramos preocupantes. La C-58, de Barcelona a Cerdanyola, tiene un 79% de accidentes graves con motos implicadas; en la Ronda Litoral son el 85%, y en la C-31, de Barcelona a Montgat el porcentaje escala hasta el 92·

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Dentro de tanta desdicha hay un dato que puede invitar a una cierta esperanza siempre y cuando la Administración tome serias cartas en el asunto. Según el estudio EuroRAP, la mitad de los siniestros graves o mortales de moto se concentran el el 12,6% de la red viaria, es decir, en poco más de 800 kilómetros de longitud. El total de la malla de carreteras lo forman más de 11.000 kilómetros. Difícil aspirar a todos y cada uno de ellos blandan la seguridad propia de un circuito de carreras, pero sería un comienzo doblar esfuerzos donde el ‘big data’ te está señalando con luces de neón que tienes un problema grave. Si se tiene en cuenta que en el ranking de carreteras más peligrosas suelen repetir siempre las mismas, parece demostrado que queda mucho por hacer.

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