Hace unos meses este diario contactaba con los miembros del circo Raluy Legacy para que nos explicaran cómo estaban viviendo el confinamiento. Eran días tristes en los que tuvieron que suspender las funciones programadas, ensayar en solitario o en parejas sin coincidir con los compañeros (casi todos, familia) y comunicarse por videollamada pese a estar a pocos metros de distancia. Ahora todo eso pasó y es emocionante reencontrarse con ellos y ver el producto de todos esos meses de ensayos en circunstancias excepcionales, su entusiasmo, su talento y la alegría que transmiten con su nuevo espectáculo, oportunamente titulado Todo (lo)cura, que se ha instalado en el Port Vell.

Los payasos y los artistas más jóvenes

Para empezar el paseo hasta llegar a la gran carpa es como recorrer un museo, desde su antiguo órgano repleto de historias a sus coloridos carromatos en los que viven los artistas y, una vez dentro, vale la pena fijarse en los detalles como su cúpula repleta de imágenes del circo del pasado. El escenario está ya lleno de instrumentos que utilizarán durante la función como unas pelotas gigantes, monociclos, sombreros o una misteriosa instalación. Los primeros en aparecer son los payasos (ahora ya no van con la cara embadurnada de blanco, los tiempos han cambiado). Se trata de Bigotis (el serio) y Pietro (el travieso), con el que los niños se identifican inmediatamente. Bromean sobre las mascarillas y el desinfectante y arrancan las primeras sonrisas.

Nos dan la bienvenida con una presentación colectiva en la que aparecen la mayoría de los artistas utilizando los enseres mencionados y en la que brillan en el trapecio los pequeños Charnelle y Benicio Raluy (la última generación, que está en la etapa del estirón, ya no son tan niños). Pero es solo el prólogo, esto no ha hecho más que empezar, es como un tráiler de lo que nos espera.

Espejos, risas y elegancia

El primer número es una auténtica delicatessen que combina elegancia, belleza y habilidad. Niedziela y Emily Raluy aparecen vestidas de blanco (peluca de este color incluida) para hacer equilibrios sobre un alambre con momentos estéticamente maravillosos a modo de espejo con una caminando por encima y otra del revés por el suelo, pero también de dificultad con aros, monociclos o haciendo un espagat. Decir que es hermoso se queda corto.

Vuelve el humor con Dimitri, un presentador improvisado que sustituye al auténtico. Es algo torpe y necesita una chuleta para explicarnos las normas del espectáculo con mucha ironía. El juguetón Pietro le sigue con un show musical en el que se convierte en diversos personajes para interpretar diferentes estilos hasta que Bigotis se lo impide. Jean Christophe y Kerry Raluy vuelven a dar un toque de distinción con su tela acrobática, suspendidos en el aire y volando, ejecutando sus arriesgadas evoluciones en un número con aroma romántico mientras suena el I just can’t stop loving you de Michael Jackson. Una delicia.

Baloncesto y la barra voladora

Regresa Dimitri para demostrarnos que no es tan inútil como pensamos y parece que está parodiando la actuación anterior cuando utiliza la tela para una estrambótica coreografía que combina flamenco y danza contemporánea entre otros bailes con la canción de Titanic de fondo. Los niños se parten de risa (y los adultos, también). Y llega la gran novedad de este año, se trata de los Barjots Dunkers, un grupo francés de básquet acrobático que nos muestra sus mil y una maneras de hacer canasta, de uno en en uno, en conjunto, saltando por los aires o con una pelota de fuego. La apoteosis del alley oop.

El pole dance es ese ejercicio de barra que solemos identificar con los espectáculos eróticos femeninos, pero aquí hay niños por lo que la vertiente sexual queda de lado para ver cómo se mueven Niedziela y Emily en una original versión de esta disciplina. Equilibrios, plasticidad y elasticidad creando formas insólitas que cobran aún una mayor dificultad cuando la barra se eleva del suelo y las artistas vuelan. Nos han vuelto a sorprender y a seducir. Pietro nos muestra a su elefante y juega con los espectadores hasta llevarnos a un desenlace tan inesperado como divertido.

Máximo riesgo y fiesta final

Pero ya sabemos que el lema del circo es “más difícil todavía”, así que aún no hemos visto lo más espectacular. Kerry y Louisa Raluy se montan encima de unas bolas gigantes que mueven con los pies y suben por una plataforma elevada. La dificultad es máxima y aguantamos la respiración. Varios miembros del equipo las rodean por si algo falla y la verdad es que en dos o tres momentos nos tememos que acaben en el suelo. Cada vez que tienen que cambiar de ángulo sufrimos por ellas y, por si fuera poco, luego descienden marcha atrás. Uff!!! Hay que ser muy hábil (y haber ensayado mucho) para hacerlo realidad. El aplauso es monumental.

Para acabar nos montan una fiesta con el Born to be alive como banda sonora en la que baila toda la troupe y también el público. Una hora y media sin interrupciones de poesía, magia, risas y virtuosismo en la que nos han hecho olvidar los problemas y nos han recordado lo importante que es el circo en nuestras vidas. Y, de paso, han añadido otro eslogan importante en estos días. Si ya sabíamos que “la cultura es segura” y que “la cultura nos desconfina”, ahora también hemos descubierto que “la cultura todo lo cura”. 

item

‘Todo (lo)cura’

¿Dónde? Port Vell (calle del Ictíneo, s/n).

¿Cuándo? jueves y viernes (18.30 h.), sábados (17 y 19 h.) y domingo (12 y 17 horas). Hasta el 28 de febrero.

Precio: de 7,50 a 40 euros.

Más información: Circ Raluy Legacy.

All copyrights for this article are reserved to Portada

Quantcast