• A pesar de las emergencias, el tema no tiene un peso importante en el debate político

Araquém Alcântara ha dedicado medio siglo a registrar con su cámara el esplendor de la naturaleza en Brasil y también su destrucción. Por eso, su fotografía se ha convertido a lo largo de estas décadas en una «crónica de la belleza y el exterminio». Alcântara decidió volver una vez más a la Amazonía para registrar la peor temporada de quema de su foresta de los últimos años, en medio de la severa sequía y la negligencia del Gobierno de ultraderecha de Jair Bolsonaro. Las fotos de Alcântara se suman a las de otros artistas de la imagen que, como él, vienen dando cuenta del severo declive ambiental en la región. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) le acaba de poner números al horizonte de devastación. América Latina y el Caribe se ha convertido en una de las zonas del mundo más afectadas por el cambio climático. Los datos que arrojaron 1.700 estaciones meteorológicas auguran una «nueva normalidad» de desertificación, huracanes e inundaciones, flamígeras olas de calor, disminución del rendimiento de los cultivos e incendios forestales, entre otras calamidades.

El reporte de la OMM sobre lo ocurrido en 2020 fue elaborado por un grupo multidisciplinario de 40 expertos, en coordinación con la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL). Las conclusiones han provocado escalofríos, pero, también, reacciones de una pasmosa levedad a nivel de los gobiernos.

De acuerdo con la OMM, 277 millones de personas se vieron afectadas entre 1998 y el año pasado por distintos tipos de desastres relacionados con el cambio climático. Durante esos 22 años han fallecido en América Latina 312.000 personas. Su informe se conoció una semana después de que un panel de especialistas advirtiese, en nombre de Naciones Unidas, sobre el deterioro sin precedentes de la situación del cambio climático y sus efectos, en algunos casos irreversibles.  

La OMM no hizo más que refrendar esas amargas predicciones. La región, subrayó Petteri Taalas, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, «enfrenta y seguirá enfrentando graves crisis socioeconómicas debido a los eventos hidrometeorológicos extremos». El 2020, han constatado los expertos, ha sido uno de los tres años más cálidos de América Central y el Caribe, y el segundo año más caluroso de Sudamérica, con 1,0 grados centígrados, 0,8 y 0,6 por encima del período 1981-2010, respectivamente.

Frente al avance de la pandemia en Brasil, Alcântara respetó escrupulosamente las medidas de aislamiento. Pero cuando comenzó a arder el Pantanal, como se conoce un bioma con una superficie de 2,2 millones de hectáreas, de las que el fuego se ha devorado un 22% de ese total, el fotógrafo decidió abandonar su casa y ver con sus propios ojos el horror. La cámara captó un desolador entorno de cenizas. La OMM calificó a ese incendio el peor de los últimos 50 años en uno de los ecosistemas más ricos del mundo en biodiversidad de flora y fauna.

La sequía en la Amazonía ha golpeado a diversos países. No solo agravó problemas preexistentes de seguridad alimentaria sino la fluidez de las rutas de navegación. Brasil, Paraguay y Argentina lo constatan estos meses con el caudal del Paraná, el río de casi 5.000 kilómetros que es vital para el comercio, la pesca y la agricultura y que, en algunos tramos, se puede cruzar a pie. El inédito caudal del Paraná forma parte del nuevo paisaje al que hace referencia la OMM.  

Las amenazas

El Caribe registró en 2020 las mayores alteraciones de su temperatura oceánica jamás registradas, uno de los factores que han dado lugar a huracanes cada vez más destructivos. La falta de lluvias es, por otra parte, particularmente grave en un Caribe donde el nivel del mar ha aumentado a un ritmo superior al promedio mundial, que fue de 3,3 mm anuales. El incremento promedio en la región entre 1993 y 2020 ha sido de 3,6 mm por año. No se trata de una cuestión menor. Un 27% de la población reside en áreas costeras. Entre el 6% y el 8% habitan en zonas más expuestas a las amenazas costeras. 

El alza de las temperaturas estacionales y anuales, así como una reducción de las lluvias, ha causado en la cordillera de los Andes una sostenida pérdida de masa de hielo desde 2010.  El retroceso de los glaciares en Argentina y Chile es tan evidente como inquietante.

El negacionismo tiene en Brasil a su expresión más locuaz a nivel de Gobierno. Pero en otros países de la región se verifica una constante que preocupa: la cuestión ambiental no forma parte de las prioridades políticas. La Asamblea Constituyente de Chile intenta romper con esa lógica. De cara a las elecciones parlamentarias, 500 personalidades reclamaron en Argentina que el 25% de los debates sirvan para plantear alternativas frente lo que se viene.

Con ese mismo espíritu, Alcântara lanzará en noviembre un libro que reúne fotografías tomadas a lo largo de 50 años. Su trabajo, dice, «es la resistencia de la memoria».

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