Juega Neymar. Y eso, de por sí, ya es toda una noticia. Juega Neymar en el Bernabéu, a no ser que Tuchel, el técnico del Paris SG, lo siente en el banquillo visualizando el divorcio latente que existe entre ambos. Debutaría el brasileño, justo ahora que se está acabando la fase de grupos, en la Champions. Se estrena el astro después de un verano tumultuoso donde no escondió su deseo de volver al Camp Nou. Deseo interrumpido, pero no concluido.

Deseo que dejó heridas tanto en París, el club francés sabe que tal vez sea un año de propina y punto, como en Barcelona donde las vacas sagradas del equipo le aguardaban con los brazos abiertos. Pero nunca llegó. Reaparece Neymar en Europa y ante el renacido Madrid de Zidane después de perderse los cuatro primeros partidos de la liguilla (dos por sanción y los otros dos por lesión).

Regresa, además, coincidiendo con el baile sin fin sobre su futuro. Un baile que no se detiene, por mucho que el mercado esté cerrado, aunque se acerca cada vez más el período invernal de fichajes. Pero ya empiezan a mostrarse los primeros síntomas de la fractura que sacude al Parque de los Príncipes.

«¿Qué puedo hacer? No soy su padre o la policía» (Tuchel)

Esta misma semana, Tuchel ya dio muestras de cansancio. Vino Neymar a la Caja Mágica de Madrid la pasada semana invitado por Piqué, uno de sus grandes amigos, para asistir a la Copa Davis. Un viaje que, obviamente, no gustó nada al técnico del PSG.

A Tuchel no le gustó nada que la estrella viajara a Madrid para asistir a la Copa Davis

«¿Qué puedo hacer?», se preguntó el entrenador alemán dando los primeros síntomas de rendición, incapaz de seguir el ritmo de ‘Ney’. «No soy su padre o la policía. ¿Si me gusta este vuelo? No, para nada», asintió después respondiendo a la pregunta que certifica el desencuentro con la estrella.

Hablaba Tuchel antes del triunfo sobre el Lille (2-0, con goles de Icardi y Di María) del pasado fin de semana. El partido en el que volvió, precisamente, Neymar tras estar cinco semanas y media de baja por una lesión que padeció con la selección brasileña. Volvió el astro, fue sustituido (m. 64), además, por Mbappé, al que abrazó antes de irse directamente al vestuario sin quedarse a ver la casi media hora que quedaba con sus compañeros.

«No lo vi porque estaba concentrado en un cambio táctico», argumentó luego Tuchel para minimizar el gesto del delantero, que vive una tercera temporada en París llena de problemas. Primero por la sanción que le impuso la UEFA, luego por las lesiones. No hay manera de que Neymar tenga la continuidad que tanto necesita.

Cuando ha jugado, ha sido decisivo. Como siempre. Ha firmado 55 goles y ha regalado 26 asistencias en los 64 partidos que ha disputado con la camiseta del PSG desde el verano del 2017 cuando sacudió al Barça con su marcha. Una marcha de la que aún no se ha repuesto el club azulgrana, que ha despilfarrado el dinero recibido (222 millones de euros) en jugadores que no rinden (Dembélé y Griezmann) y otro que ni tan siquiera está: Coutinho se fue a Múnich para emprender su nueva vida de cedido con el Bayern.

La prioridad parisina es Mbappé

Neymar, aunque sea por otras razones, le pasa lo mismo en el Parque de los Príncipes. El verdadero problema es que juega poco. Tan solo ha estado en el campo en 64 de los 131 partidos posibles. O sea, un triste 48%.

Y el PSG ya empieza a asumir que Neymar, a sus 27 años, no es la piedra filosofal sobre la que construirá su futuro. Está por delante Mbappé, con quien ya andan negociando la renovación, temeroso el club parisino de que los grandes equipos europeos (Madrid, Barça, City, Bayern) ideen sus planes inmediatos en torno a esa joven figura. «No me gusta pensar en el futuro de Mbappé fuera del Paris SG», aseguró Tuchel en el Santiago Bernabéu, consciente de que debe mimar y preservar a su joya favorita.

Neymar, entretanto, melancólico y triste porque está donde no quiere estar, le toca recuperar el tiempo perdido en una temporada complicada. Tuchel tiene ahora mismo más armas en ataque con la llegada del eficaz Icardi (10 goles en 11 partidos) unido a la esplendorosa versión de Di Maria, que lo ha jugado todo con números espectaculares: nueve tantos y nueve asistencias en los 19 encuentros. O baila Ney pronto con el balón o estos meses en París se le harán mucho más complejos.

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