Debido a las bajas temperaturas, por la noche las aceras en Davos se convierten en una placa de hielo y por la mañana es frecuente ver a los aclamados líderes globales perder el equilibrio y resbalar por el suelo. La economía
mundial también está en un equilibrio precario. “La liquidez puede congelarse de un momento a otro”, bromeó el consejero delegado de UBS, Sergio Ermotti. Y los riesgos, en estos momentos, aumentan.

En la mente del hombre de Davos habitan dos
fantasmas; el recrudecer de las tensiones
comerciales y el auge de los movimientos políticos populistas. Jes Staley, consejero delegado de Barclays, dijo que en esta edición del foro se ha pasado de “un optimismo excesivo” hasta “una gran
preocupación”.




















En un debate casi todo el auditorio dijo estar a favor de otra consulta en el Reino Unido





Lo explicaba así el secretario de la OCDE, Ángel Gurría: “¿Por qué uno invierte? Para producir y vender. Pero si no sabemos a qué arancel vamos a poder comercializar los productos, al final no invertimos”. El conflicto comercial entre los dos gigantes, EE.UU. y China, ha estado presente en muchos debates. Especialmente, el frenazo de la economía de Pekín.

“Vivimos tiempos muy inciertos”, dijo en una entrevista el académico Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI. “La gran noticia para mí es la ralentización de China, algo que no se veía desde 1990. Su frenazo es crucial, porque hablamos de un país que está destinado a ser un protagonista de la economía mundial. A diferencia de Alemania, que tiene un gran potencial, o de Italia, con la que se puede negociar mayor flexibilidad, China está en manos de un régimen autoritario, con el sector privado que está todavía bloqueado e incluso asustado. La guerra comercial está empezando a afectar a la economía”. Robert Shiller, premio Nobel de Economía y especialista en burbujas financieras, en un coloquio con La Vanguardia subrayaba la importancia de los aspectos psicológicos, cuando se atraviesa una época de incógnitas. “El inversor percibe que, diez años después de la crisis financiera, ahora algo pueda suceder. Y cuando en su mente pasa esto, es como una especie de profecía autocumplida”. En este contexto, razona Shiller, “los mercados son muy volátiles y me parece razonable que la Reserva Federal espere un poco antes de subir los tipos”.









Los grandes flujos del comercio mundial
Los grandes flujos del comercio mundial
(Rosa M.ª Anechina)

Porque tampoco EE.UU. es inmune a lo que ocurre. Ermotti, de UBS, recuerda que el 95% de los activos financieros ha tenido retornos negativos en el último trimestre. “Hay sectores como el inmobiliario, que está viviendo su tercer período más largo de expansión desde 1990. Y la gente es consciente de ello. Siente que está en un ciclo, y que esto podría saltar en cuanto apareciera alguna señal de estrés. Puede ser una recesión o una recesión severa, nadie lo sabe”, indica Shiller.


















¿Y Europa? Dos países centran el debate: el Reino Unido, con las incógnitas del Brexit; e Italia, con la fragilidad de sus bancos y de sus finanzas públicas. En el primer caso, Davos apuesta por una salida ordenada e, incluso, sin decirlo abiertamente, por un segundo referéndum (la casi totalidad de los asistentes a un debate levantó la mano de forma afirmativa).

En el caso italiano, el discurso populista del primer ministro Giuseppe Conte (que repitió hasta la saciedad la palabra “pueblo” en su intervención antieuropeísta), es fácil establecer un paralelismo con el del presidente brasileño, Jair Bolsonaro. En Davos los minutos de los discursos tienen un significado político. El año pasado Emmanuel Macron dejó extasiado al auditorio con una intervención de una hora y media, fuera del tiempo asignado. Bolsonaro, que disponía de media hora, con sus respuestas telegráficas y vagas, cerró el expediente en un cuarto de hora, que le dio para promover (y pronosticar) en el continente sudamericano la llegada de una ola conservadora.

Ante el auge populista, el Foro Económico apuesta por una globalización que reduzca las desigualdades. Una expresión eficaz, pero que en la práctica se reduce a una declaración de buenas intenciones. En una pequeña encuesta online sin valor estadístico, el 100% de los participantes afirmó que “el multilateralismo es la vía para gestionar el comercio mundial”. El director general de la OMC (Organización Mundial del Comercio), Roberto Azevedo, si bien reconoció la exigencia de reformar las instituciones, de que el sistema vive su peor crisis desde 1947 y de que con la globalización hubo vencedores y vencidos, negó que la apertura comercial sea responsable de las desigualdades.


















“Una compañía que opera en el comercio internacional paga mejor sus trabajadores y vende productos con unos niveles de transparencia y estándares regulatorios y cualitativos superiores”, afirmó. “Es fácil dar la culpa al multilateralismo por motivos electorales, cuando el problema es doméstico. Son los gobiernos los que deben poner en marcha medidas de protección social e invertir en educación y formación”, argumentó. 

Para añadir: “Si todos los países elevaran los aranceles hasta los máximos permitidos por la OMC, el crecimiento mundial caería a la mitad”. Un resbalón, como los que ocurren en Davos, si no se pisa bien el suelo.




















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