Ahí estás, mirando una mini rampa como si fueras Thelma Louise frente a un precipicio. Apenas llevas tres minutos sobre un scooter. Si aquí lo llamas «patinete», te mirarán como si hubieras dicho «chachi piruli». Ahora son scooters trottinettes. Estás encima de uno freestyle. De saltos. Aunque ahora mismo te atreverías a saltar como mucho a nivel Iceta bailando a Queen. «No es tan fácil como parece», te tranquiliza Marc, el monitor. Y va y te suelta por la rampa en menos de lo que tardas en decir «pues sí que da impresión». Acojona tanto como leer en el Whatsapp «mamá grabando audio». «Es lo que tiene el freestyle –se encoge de hombros Marc–, que acojona». 

 Marc Morera es uno de los pioneros de este nuevo deporte. Lleva 12 años haciendo piruetas sobre un scooter. Casi la mitad de su vida. Inspira confianza exprés: tiene tono de voz con efecto trankimazín y una medalla de la Virgen al cuello. «No sé si me protege –se ríe–, porque me he roto bastantes huesos». Pocos te parecen cuando le ves dar vueltas en el aire. Solía competir. Ahora es monitor de Ungravity, escuela especializada en action sports (del skate al surf). Dan clases en colegios e incluso en centros de fitness. Ofrecen cursos, extraescolares, hasta cumpleaños, campamentos y tours por los mejores spots para ir en patinete. 

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Barcelona –asegura Marc– se ha convertido en la meca del scooter. «Todo el mundo quiere venir aquí», dice. Mientras los patinetes eléctricos se extienden por las calles a lo plaga bíblica, el patinete de toda la vida ha saltado al nivel competición. Hace cinco años, calcula el rider, que pasó de ser un juguete a un deporte. 

Mundial en Barcelona

«Es la más joven de las disciplinas de los action sport», resume la web de los World Roller Games, evento internacional que reunirá en julio en Barcelona 11 campeonatos del mundo de deportes de rueda pequeña. «Los dos últimos años –apunta Marc– hemos sido la competición que ha traído más gente en el imaginExtreme (veterano festival de deportes urbanos)». 

Skatepark de Canyelles. «Es uno de los puntos fuertes», señala Marc. «Puedes encontrar 20, 25 scooters entre semana». Y los fines de semana aún se ven más en el skatepark de la Mar Bella, apunta. «Este deporte tiene muchos chicos jóvenes –añade–. Debemos de ser la cantera más importante de Europa después de los franceses». Se puede conseguir un scooter «en condiciones para aprender» desde 150 euros, calcula. «La gama más alta debe de rondar los 400». 

LO+

En una clase acabas rodando con más decisión que Rajoy andando deprisa. 

LO-

Hay que superar el miedo inicial. «Es lo peor en este deporte», dice el monitor. 

«Mira hacia allí», señala el monitor a tu espalda. Te das la vuelta y sin venir a cuento te da un empujón. Primera lección antes de subirte a un scooter: «El primer pie que apoyas, ese va delante», justifica Marc. Como en el skate. Pie derecho: eso quiere decir que eres goofy.

Al principio vas más en tensión que Albert Rivera delante de un lazo amarillo. «El miedo es lo peor en este deporte, bloquea», asegura Marc. «Yo recomiendo caerse –te dice en plan coach mientras tú le miras con cara de meme–. Porque te levantas y pierdes el miedo». Aun sin caerte, terminarás rodando con más decisión que Rajoy andando deprisa. «Es fundamental la confianza», dice Marc. 

«La progresión es rápida»

En unos minutos aprendes a hacer un bunny (el salto base para subir o bajar un escalón). Hay alumnos que en dos semanas se han sacado un tailwhip (la base del scooter da una vuelta de 360º y vuelve al pie). Los trucos son una mezcla entre los de la bici y el skate, compara Marc. «La progresión es más rápida, por eso la gente se engancha más», apunta. ¿El secreto? «Practicar mucho, mucho, mucho –resume–. Y ser un poco humilde. Y no darte por vencido». 

¿Lo que se avecina? El patinete de montaña. De Dirt, como las mountain bikes. «Está empezando a salir esta modalidad», explica Marc. «Es súper espectacular», dice. «En Premià de Dalt tenemos una instalación con saltos de arena súper guapos: La Poma Bikepark». Incluso ha salido una gama de scooters de nieve. «El futuro –resume– está interesante». Para darle vueltas en todos los sentidos. 

 

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