Ahora que muchos de los grandes teatros no pueden programar espectáculos ambiciosos por motivos evidentes quizás es el momento de volver nuestra mirada a las salas más pequeñas que también pueden esconder grandes sorpresas. Una de ellas es la diminuta La Badabadoc, situada en el barrio de Gràcia y con una capacidad para unas 50 personas (ahora aún menos con las restricciones sanitarias) donde podemos disfrutar de un teatro íntimo y cercano. Hasta el día 28 de febrero nos ofrecen descubrir Les històries de l’avi Josep, una pequeña gran obra creada por Mar Puig y Mateu Peramiquel, los autores de la deliciosa Bruna, el musical, junto al actor Eduard Mauri (aunque algunos días se turnan con Irene Jódar, Joan Saez y Daniel Giró).

Es un espectáculo creado a partir de un podcast radiofónico, Las històries de l’avi Josep, que se inspira en las conversaciones de Mar Puig con su abuelo y que pueden escucharse en Spotify y en YouTube. Sus artífices han tomado cuatro de las 15 historias que han escrito hasta ahora para convertirlas en pequeñas piezas teatrales de gran emotividad. La propia Puig nos advierte que es vital “que no dejemos que se pierda la historia de vuestra familia. Escuchad con mucha paciencia a los abuelos y abuelas, que hablan mucho cuando saben que les escucháis. Os emocionaréis recordando con ellos su historia y los haréis felices. Porque, al final, si no las habéis escuchado, un día desaparecerán y se habrán perdido”.

Una vida vertiginosa

El escenario está ocupado por un sillón individual, diversas sillas de diferentes medidas y tamaños, un taburete, una lámpara grande, un micrófono escondido y un piano que Peramiquel utilizará para poner banda sonora a las historias, así como acompañar las canciones que la integran. Antes de empezar, Mar Puig hace una pequeña introducción en la que nos seduce desde el primer momento con su espontaneidad, frescura y simpatía. Nos explica el origen de estos cuentos e ironiza sobre la situación actual.

El primero de ellos es un monólogo, muy divertido y con el que nos podemos identificar muy fácilmente, en el que asegura que, para ella, el día tan solo tiene 11 horas y pasa a demostrarlo. Habla a una velocidad de vértigo, critica la banalidad y falsedad de los influencers y se ríe de múltiples situaciones cotidianas, describe todas las tareas que debe realizar diariamente para ejemplificarlo e interpreta una simpática canción en la que explica que va corriendo a todas partes y todo le sale mal. Para acabar, lo remata con una anécdota de un día que debía hacer una rápida operación bancaria y todo se complicó.

Una confesión muy sincera

La segunda historia es narrada por Eduard Mauri que interpreta a Pau, un chico de 30 años que planea enviar un mensaje en vídeo a sus amigos y lo vemos durante toda la grabación. En el mismo les confiesa que padece una extraña enfermedad, la ligirofobia, que consiste en un miedo aterrador a los sonidos fuertes. Interpretemos como tales el pinchazo de un globo o destapar una botella de cava. Esta situación, que solo conocía su familia más cercana, ha provocado que sea antisocial, no pueda asistir a fiestas de cumpleaños o deba marcharse antes de tiempo.

Es el episodio más dramático, en el que cuenta con total sinceridad su pánico y pide a sus seres queridos que le ayuden. Pero el mensaje va más allá y pretende demostrar que todos tenemos miedo a algo y que nuestra obligación consiste en colaborar con los demás para mitigar los temores o manías que podamos tener. En su canción parece ahora liberado porque consigue explicarles a sus amigos lo que le pasa.

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¿De qué somos capaces por amor?

La tercera es la más romántica y, para ello, extienden una cuerda repleta de pequeñas fotos Polaroid. El propio Mauri explica la fascinación que sintió desde el primer momento por una joven cantautora, Isona. Se convierte en su fan número uno y decide seguirla en su gira. Tras cada concierto va a saludarla y se hacen una foto. Él cada vez está más enamorado, pero ella sigue sin hacerle demasiado caso.

Pero, un día, la chica anuncia que va a dejar de hacer conciertos y él se desespera. Es el momento en el que más lo entendemos cuando demuestra la gran cantidad de locuras que se pueden llegar a hacer por amor. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar? ¿A que nosotros también hicimos algo parecido en una situación similar? La canción que ella interpreta, Do not wait for anything es una auténtica preciosidad a la que Mar Puig añade luz con la dulzura de su voz.

El homenaje al abuelo

La última es la esperada vida del avi Josep, de 87 años, que nació en Toga, un pequeño pueblo de Castelló y nos cuenta sus recuerdos de cuando era un niño, sus aventuras, las penurias de la guerra y escenifica con una canción su viaje definitivo a Catalunya para establecerse en Ullastrell. Repasa su romance con Quimeta (nombre también de la abuela protagonista de Bruna, el musical, en otro guiño a las raíces de Mar Puig), interrumpido momentáneamente por el servicio militar.

En este tramo, la protagonista muestra su versatilidad interpretando también a diferentes mujeres que van apareciendo en el relato. Es el capítulo más emotivo, el más nostálgico, el que rinde tributo a los mayores con respeto, ternura y admiración. Toda una lección. Acaba la función y el público tarda unos segundos más de lo normal en iniciar los aplausos. Ese breve silencio está provocado por el hilo de emoción que todavía está recorriendo la sala y que nos deja inmóviles por unos instantes hasta que descubrimos que todo ha acabado. Una pequeña joya de esas que se encuentran muy de tanto en cuando. Quien quiera reír, llorar, emocionarse, sentir al fin y al cabo, no debería perdérsela. ¿Para cuándo las próximas historias?

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