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En el 2008, Beck dejó reposar su carrera como solista durante seis años, tras un ciclo de álbumes (once desde su estreno en 1993) que le mostraron sucesivamente como juguete pos-grunge con injertos hip-hop, animador ‘funkadélico’, cantautor ‘lo-fi’ y teórico de un pop del futuro. Primero con el autoproducido e interiorista ‘Morning phase’ (2014) y luego de la mano del habilidoso Greg Kurstin (cómplice de atracciones pop como Kylie Minogue, Adele o Lily Allen) en ‘Colors’ (2017), un trabajo de signo colorista y extrovertido, Beck Hansen ha retomado el pulso y nos recuerda que sigue siendo alguien en este cambiante mundo de la música.

‘Hyperspace’ surge del entendimiento con Pharrell Williams, que después de proponerle colaborar en un futuro disco de su grupo N.E.R.D. acordó con Beck que las canciones que manejaban podían dar lugar a un ‘single’, o un epé… o el álbum largo que ha acabado viendo la luz. La huella del autor de ‘Happy’ se observa en siete de las once canciones del disco, lo cual no significa que esté dominado por el funk o el r’n’b. ‘Hyperspace’ viene a estar a medio camino entre los dos trabajos anteriores del californiano, aunque un poco más cerca del interiorismo del penúltimo.


Solos en el futuro

Aunque el primer ‘single’ extraído, ‘Saw lightning’, sonara extrovertido y juguetón, el conjunto del álbum tiende a expresar un desamparo futurista con sus atmósferas lánguidas y sus recogidas líneas melódicas. Beck nos habla de noches inciertas e infinitas en ‘Uneventful days’, haciendo que la textura del synth-pop suene como un refugio y un remedio a la desorientación. En ‘Chemical’ se aventura en una historia de amor rápido facilitado por la tecnología, cruzando electrónica y guitarras acústicas, y ‘Dark places’ apunta más lejos, a los “lugares oscuros” del alma al filo de la madrugada, envueltos de un clima ensoñador.

Beck en modo descriptivo, pensando en voz alta, regresando al trovador vulnerable en ‘Stratosphere’, con Chris Martin, cantante de Coldplay, en los coros. También abierto a ‘beats’ inquietos como en ese ‘See through’ de voz en falsete, y en la pieza más destemplada, ‘Stars’, sobre una cadencia sensual y una arquitectura armónica de mínimos. ‘Hyperspace’ consuma el propósito de construir un clima intranquilo pero de una latente emotividad con canciones que no cargan tintas en efectismos sino que se mueven en una hospitalaria contención. Solo al final, en ‘Everlasting nothing’, Beck alza un poco el tono acompañado de un coro góspel para cantar a los “amigos que vinieron y se fueron” y mostrarse como “un soldado sin canción” que trata de “volver a casa” en medio de la “nada eterna”. Desenlace de una obra que convierte el aislacionismo moderno en arte cercano y que nos recuerda que hay que seguir contando con el caballero Beck Hansen.  JORDI BIANCIOTTO


OTROS DISCOS DE LA SEMANA

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Esta artista originaria de Billings, Montana, hace pop como salido de Neo-Tokyo, todo sintes relucientes, efluvios ‘cyberdélicos’ y melodías hipnóticas. Su primer disco hará los delicias de los fans de Grimes, con la que ha colaborado. Temas como ‘Arcane magic’ y ‘Hanadriel’s theme’ apuntan a un futuro perfecto. JUAN MANUEL FREIRE

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Dani Granados y Vicente Leone, ex-Tarántula, en la misión de consumar una música de verbena que no es ni épica, ni cursi, ni hipermotivada. Jocosa apropiación cultural a golpe de rumba con injertos de jota, ‘easylistening’ ultramontano y una descreída habanera con la voz de Maria Arnal. Fiesta grande antes de que todo se desmorone.  J. B.

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Resulta imposible etiquetar esto porque, si bien nace del flamenco, las ramas que lo componen son casi incalculables. Tradición y modernidad desde la Andalucía popular y mestiza, a la que reivindican. «Tejiendo las melodías de la resistencia de antes con las de ahora», dicen en la intro. Una obra de orfebrería. Una fantasía. IGNASI FORTUNY

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La veterana pianista japonesa, dueña de una inventiva que parece inagotable, y la saxofonista alemana, valor en alza de la música improvisada en Europa, tejen una docena de miniaturas que arrancan en la partitura pero vuelan en muchas direcciones. Rigor, claridad, complicidad y una música que por encima de todo respira alegría. ROGER ROCA

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