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El gusto juvenil se mueve hacia nuevas direcciones de la mano del reguetón y el trap, pero ningún impulso hacia los carriles de la moda ha sacado a David y Jose del lugar en el que siempre han estado. Todas las opciones son legítimas, pero sobre todo cuando brotan de la esencia profunda del artista: “Siempre me guía el instinto / pero la canción siempre vuelve”, canta David en ‘Atrapado’, el tema que abre ‘Fuego’, su primer disco con canciones nuevas en cuatro años, la pausa más larga registrada hasta ahora por Estopa.

Atrapados, quizá, pero muy a gusto en su mundo de canciones, ocurrencias y confidencias a golpe de rumba y rock, Estopa llega a los 20 años de vida oficial (antes de 1999 hay una era paleolítica con bolos a nombre de David y Jose o Eso Es), celebrando una historia de éxito sujeta a una idea de autenticidad. Sus seguidores siguen ahí, creciendo con ellos, y todo apunta (ese doblete de diciembre en el Sant Jordi) que se incorporan nuevas capas de público a las que ‘Fuego’ gratificará con su receta 100% Estopa: un disco de instrumentaciones sobrias, sin arreglos orquestales ni mayores aditivos, que en su primera mitad tiende a la canción más canónica y en la segundase adentra en baladas y piezas que requieren más escuchas.

La seductora voz de Siri

Sí, en estos tiempos en que cada cual ensaya sus fórmulas para hacer del álbum un objeto funcional, Estopa propone una sesión serpenteante en la que se insinúan esos dos ciclos de canciones. Haciendo camino primeroentrechispazos de arrojo rumbero (‘Fuego’), el desmelene con vistas al Sabina ochentero (‘Camiseta de rokanrol’) y uno de esos bruscos cambios de ritmo que son marca de la casa desde sus inicios (‘Despertar’). Y, tras ese arranque vigoroso, apuntando hacia otro territorio a partir de la sorprendente ‘Pobre Siri’, medio tiempo que te enreda en su espiral yen el que David comparte un romance imposible con la voz robótica pero sensual de los iPhones.

Podemos perdernos a placeren la tiniebla interior de ‘El último renglón’, balada profunda con doble fondo metafísico, y en la literatura mágica de ‘La serpiente y la luna’, antes de dar con el tema más inquietante, ‘Los globos’, esa mezcla de película de terror y examen de conciencia hipercrítico (“sigo tirando bandejas llenas de vasos de hielo”) que cierra el álbum. Y sucumbimos ante el relato eléctrico de ‘Yo no estoy loco’, otra muestra álgida de este cancionero genuino, que aúna madurez y refrescantes toques gamberros. Estopa, ahora con más filosofía que calle respecto a 20 años atrás, tomando posiciones para celebrar el aniversario a lo grande. JORDI BIANCIOTTO


OTROS DISCOS DE LA SEMANA

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Goa, máximo exponente del emo-trap, vuelve a ofrecernos su oscuridad conmovedora con su segundo álbum en un año. Y, para ello, el hipercreativo valenciano sigue con la fórmula que le ha llevado a ello. Nada nuevo, pero bueno, sincero. El relato de las emociones más profundas, la lucha consigo mismo y su relación con las sustancias, con sonido rock distorsionado. IGNASI FORTUNY

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Solo cinco meses después de ‘U.F.O.F.’, quizá no su mejor disco, pero sí el que ha acabado de consolidarlos en el santoral alternativo, los de Adrianne Lenker sorprenden con otro álbum, y no de sobras del anterior, sino cargado de joyas (‘Forgotteneyes’, ‘Not’) y marcado por su antiguo crujido eléctrico. Siguen en gran racha. JUAN MANUEL FREIRE

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Doble de casi todo: dos batería, dos saxos tenores, dos guitarras y teclados reverberantes. Y en el corazón de la cosa, el bajo de Lightcap, ideólogo y compositor en un proyecto que encara el espíritu del jazz ‘indie’ de Nueva York de los 90, ese que aún busca puntos de fuga fuera de la tradición. Quizás ya no sorprenda, pero conmueve. ROGER ROCA

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Acompañando su teórico fundido escénico, el rosellonés entrega una obra sustanciosa, 15 piezas (23 en el vinilo) en las que se mueve del costumbrismo sarcástico al retrovanguardismo ‘punkie’ pasando por la melancolía sardanística con colegas como Richard Pinhas, The Limiñanas o la Cobla Sant Jordi. Sabe a compendio de toda una vida. J. B.

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