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Durante muchos años se oyó la cantinela de que el heavy metal era un género que no evolucionaba. ¿Perdón? Será que no le ha prestado usted demasiada atención. No avanza menos que el rock en su conjunto, cabría decir, y sus divisiones, subdivisiones, hijos y nietos dan para un espeso árbol genealógico en el que es fácil extraviarse. Ramas, muchas de ellas, de sonoridad extrema, si bien lo que ayer era radical hoy ya no lo es tanto.

Ahí entra un grupo como Tool, creador de un estilo que causa admiración y/o curiosidad dentro y fuera del metal, con el que aspira a emocionar a través de una gestión cerebral de las texturas, los timbres y los ‘tempos’, aplastando al oyente con sibaritismo y huyendo de los recursos efectistas ordinarios. Un hatajo de perfeccionistas: solo seis discos en 23 años, con pausas cada vez más largas entre ellos, de modo que ‘Fear inoculum’ llega así más de una década después de su predecesor, ’10.000 Days’ (2006), y lo hace con siete largas piezas que alcanzan los 79 minutos (en su formato físico) y los 86 en la digital (sumando tres temas instrumentales de transición).

Catedral de sonido

Siete es el número fetiche de esta obra laberíntica, llena de mensajes en clave y que, según han deslizado los miembros del grupo, tiene que ver con el crecimiento, la maduración y la asunción del camino hecho. Una catedralicia entrega de música que se abre paso con grave serenidad: una pauta electrónica repetitiva acompañada de un cálido tam-tam tribal, la voz suave de Maynard  James Keenan alzándose poco a poco y fundiéndose con un exótico ‘riff’ de guitarra salido de las catacumbas, haciendo camino hasta el violento asalto a la fortaleza.

El ‘single’ más largo de la historia del ‘Billboard Hot 100’, con diez minutos y veinte segundos. ¿Un ‘Kashmir’ (Led Zeppelin) para el siglo XXI? Bueno, Tool nunca ha escondido sus credenciales, y tanto el hard rock de los 70 como su contemporáneo art-rock (con King Crimson en la mirilla: aquella gira compartida del 2001, entre otros detalles) forman parte de su sustrato, si bien los californianos no practican ninguna clase de ‘revival’ y su sonido es único y su oscuridad, más innegociable.

En adelante, a través del senderismo de ‘Pneuma’ y de esa cima llamada ‘Invincible’, Tool sigue a su bola, trenzando secuencias de guitarras de armonías muy elaboradas, a veces sin distorsión, jugando con los graves, buscando la poesía en la naturaleza (los oleajes que abrazan ‘Descending’) y fundiendo sutileza y severidad también en el manejo de la voz. Incursiones en abstractos jeroglíficos (‘Chocolate chip trip’: pedazo de ‘math-rock’ psicodélico) y un cierre monumental con ‘7empest’ y esos más de 15 minutos que te dejan temblando. ¿Metal? ¿Pos-rock tremendista? Llamémosle Tool y dejemos que su música de ensueño y pesadilla hable por ellos. JORDI BIANCIOTTO

OTROS DISCOS DE LA SEMANA

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Revelada con los indie rock Feels, Shannon Lay es también una sublime cantautora folk, como vuelve a demostrar en su primer disco para Sub Pop, coproducido por el gran Ty Segall. Canciones bastante desnudas, pero con sus toques de vanguardia, sobre la belleza de bajar alarmas y velocidad y dejarse vivir a uno mismo. JUAN MANUEL FREIRE

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Pocos artistas conmueven como él y casi nadie dice tanto con tan poco. En tan solo cuarenta minutos, el piano majestuoso de Ibrahim, arropado por los vientos de su septeto Ekaya, trae paz, luz, misterio, arrullo y felicidad. ¿Quién da más? Cuando falte -el gigante surafricano ya ha cumplido 84 años- le echaremos mucho de menos. ROGER ROCA

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Otro bello álbum de Lana del Rey en el que la procesión corre por dentro. Reproches, declaraciones a corazón abierto y guiños a iconos pop envueltos en apaisados artefactos que invitan a una dulce languidez. Sin novedad, aunque no despreciaremos la inquietante fragilidad de ‘Fuckit I loveyou’ ola esteparia ‘Venicebitch’. J. B.

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En su despedida, la autora de ‘All I wanna do’ se rodea de probas amistades. Temas de estreno que combinan la vitalidad (‘Prove so young’, con Steve Nicks) y el recogimiento (de la mano de Emmylou Harris o Kris Kristofferson), y préstamos como el otoñal ‘Theworst’, de los Stones, con Keith Richards. Digno adiós, si se confirma. J. B.

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