Alguien tenía que decirlo. Y lo ha hecho un diplomático estadounidense sin color político, un profesional respetado que ha servido a tres presidentes -Bush, Obama y Trump– y que ahora, al ver arruinados sus esfuerzos, ha tenido que dimitir. Brett McGurk, de 45 años, representante presidencial -y líder, de algún modo- en la Coalición contra el Estado Islámico, ha hablado claro y ha acusado a Trump de dar “nueva vida” a los yihadistas con su decisión de retirarse de Siria, rompiendo además con todo lo prometido a los aliados.

Es difícil resistirse a repetir todo lo que ha escrito -en The Washington Post– y dicho -en la CBS- en los últimos días este diplomático con catorce años de experiencia en Oriente Medio y tres en el puesto que ocupaba hasta su dimisión. El 31 de diciembre, McGurk abandonaba el Departamento de Estado. De manera resumida:


















“El presidente tomó la decisión de dejar Siria sin consultar con los aliados ni con el Congreso, sin un asesoramiento sobre los riesgos ni estimación de los hechos”. Trump, según McGurk, contra todo su “equipo nacional de seguridad” (hay que recordar que el jefe del Pentágono, James Mattis, también dimitió), decidió la retirada de sus dos mil y pico efectivos del Kurdistán sirio simplemente tras una conversación telefónica con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el 17 de diciembre.


Las milicias sirias dirigidas por Turquía “incluyen extremistas que han declarado su intención de combatir a los kurdos, no al Estado Islámico”











La cuestión es que no sabemos de qué hablaron exactamente Trump y Erdogan. Y McGurk tan solo dice que Trump “compró” la oferta del turco de combatir al Estado Islámico, lo cual es altamente improbable porque los últimos reductos de los yihadistas se encuentran a gran distancia de las fuerzas turcas -o dirigidas por Turquía, mejor dicho–, y además en “territorio hostil” ocupado por los kurdos. Sobre estas fuerzas, supuestos milicias rebeldes sirias, advierte además que “incluyen extremistas que han declarado abiertamente su intención de combatir a los kurdos, no al Estado Islámico”.

A este respecto, vale la pena señalar que en la provincia de Idlib, donde Turquía mantiene guarniciones como “puestos de observación”, Hayat Tahrir al Sham –antes llamado Frente Al Nusra, rama siria de Al Qaeda– ha avanzado en los últimos días, según fuentes de oposición siria citadas por Middle East Eye.




















Milicianos sirios respaldados por Turquía en Tal Hajar, en la provincia de Alepo, el pasado 16 de enro
Milicianos sirios respaldados por Turquía en Tal Hajar, en la provincia de Alepo, el pasado 16 de enro
(Bakr Alkasem / AFP)

Turquía exige una franja de seguridad de entre 30 y 50 kilómetros de profundidad en territorio sirio desde la frontera turca. McGurk dice que por parte de Trump no ha habido el menor proceso de análisis sobre esta idea y que “no existe ninguna fuerza para hacerse cargo ni tiempo para organizar una en tanto las tropas norteamericanas se preparan para marcharse”. Dando por sentado que a EE.UU. no le interesa, o no le debería interesar, que sean los milicianos manejados por Erdogan, no se sabe entonces quién podría estar allí.

Las fuerzas con que se ha especulado son los Peshmerga de Rojava, milicias dependientes del gobierno regional del Kurdistán iraquí, y una milicia árabe, Kuat al Nujba, cuyo jefe es el antiguo opositor sirio Ahmed el Jarba. Brett McGurk no hace mención de ellas, pero sabido es que se contaba con el respaldo de aliados de Washington como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Y este respaldo está cada día menos claro. En una entrevista el pasado domingo para la CBS, McGurk dijo:


















“Se que el vicepresidente –Mike Pence– ha dicho que vamos a buscar socios de la Coalición para ocupar nuestro lugar. Pero como antiguo líder de la Coalición, no creo que eso sea creíble. Se lo que cuesta en las capitales de esta coalición poner su sangre y sus recursos en línea con nosotros. Para ello hace falta el liderazgo americano y la presencia americana”.


Cuanto más se expande Turquía en Siria más rápido se mueven nuestros socios árabes hacia Damasco




Una consecuencia de esta situación ya se está viendo claramente. Los Emiratos y Bahrein reabren su embajada en Damasco, y Egipto se ha incorporado a la negociación, al lado de Rusia, entre el régimen sirio y los kurdos, que tendrían en un pacto de algún tipo su única salida ante la retirada norteamericana y la amenaza turca de arrasarlos. Los países árabes, incluidos Arabia Saudí y Qatar, están aceptando que Bashar el Asad seguirá como presidente. Por lo tanto, su máximo interés ahora es frenar el impulso y la influencia de Irán en Siria. De modo que, con el desalojo norteamericano, según McGurk, “cuanto más se expande Turquía en Siria más rápido se mueven nuestros socios árabes hacia Damasco”. Y hacia Rusia, habría que añadir: las relaciones de Moscú con el Golfo no han hecho sino mejorar, y visto el panorama las monarquías petroleras pueden tener ahora más confianza en Rusia que en Estados Unidos a la hora de contener a Irán.




















Manifestación kurda en Qamishli, el 20 de enero, en el aniversario de la toma del cantón de Afrin por las fuerzas turcas
Manifestación kurda en Qamishli, el 20 de enero, en el aniversario de la toma del cantón de Afrin por las fuerzas turcas
(Delil Souleiman / AFP)

En su entrevista con la CBS, el diplomático se explayó diciendo cómo Trump le había dejado con el culo al aire delante de los aliados:

“Con instrucciones de la Casa Blanca, les dijimos que estaríamos en Siria hasta una completa y duradera derrota del Estado Islámico, no solo en el terreno físico. Que estaríamos hasta que los iraníes dejaran Siria y hasta que se alcanzara un progreso político irreversible en Ginebra para acabar la guerra civil. Les dijimos todo eso a nuestros socios de coalición y se le dio la vuelta en una conversación entre el presidente y un líder extranjero”, Erdogan.

Si el presidente no cambia su decisión, escribe McGurk en The Washington Post, “nuestros socios dejarán de escucharnos y tomarán decisiones contrarias a nuestros intereses”.



















Pero lo peor para este negociador que en tres años hizo numerosos viajes a Irak y al territorio sirio controlado por los kurdos con el apoyo de menos de 3.000 soldados estadounidenses es que la Casa Blanca no tiene estrategia de salida. No se puede nadar y guardar la ropa. Un ejército, una tropa, no se puede abandonar el campo sin tener cubierta la retirada, eso está en los principios básicos del arte militar.

“El Estado Islámico y otros grupos extremistas llenarán el vacío dejado por nuestra marcha, regenerando su capacidad de amenazar a nuestros amigos en Europa, tal como hicieron a lo largo del 2016, y al finar en nuestro propio territorio”, asevera McGurk, y concluye que la últimas decisiones de Trump “desafortunadamente ya están dando al Estado Islámico y a otros adversarios nueva vida”.


Un vehículo blindado que quedó destruido en el ataque suicida contra un control de carretera en el que perecieron cuatro estadounidenses
Un vehículo blindado que quedó destruido en el ataque suicida contra un control de carretera en el que perecieron cuatro estadounidenses
(-AFP)

El lunes, precisamente, un convoy formado por milicianos kurdos y militares estadounidenses fue atacado por el Estado Islámico con un coche bomba en un control de carretera cerca de la ciudad de Hasaka y considerablemente lejos de la zona donde se está combatiendo a los yihadistas. Hubo cinco muertos, ninguno norteamericano. Se trata del segundo ataque contra el contingente estadounidense en una semana, después del perpetrado a la puerta del restaurante de Manbij, en el que murieron cuatro norteamericanos, dos civiles y dos militares.




















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