• Podemos lucirlos bonitos y sanos con estos cuidados básicos y accesibles que pueden realizarse en casa

Los pies son una de las partes de nuestro cuerpo más olvidadas. Muchas veces no pensamos en ellos hasta que nos duelen. Tampoco los solemos incluir en nuestra rutina de belleza. Pero todo esto cambia cuando llega el verano, época en la que aumenta el riesgo de sufrir más problemas en los pies como consecuencia de varios factores, como la exposición al sol, el calor, andar descalzos en lugares públicos, la sudoración excesiva o el uso de calzado no apropiado, tipo chanclas (el calvario de los podólogos).

Sin embargo, podemos poner a punto nuestros pies para la canícula siguiendo unos sencillos pasos que cualquiera puede llevar a cabo en casa y de forma asequible. En el Club de Estilo hemos hablado con Carles Espinosa Mondaza, vicepresidente del Col·legi de Podòlegs de Catalunya, y con Abdel Barikipara, farmacéutico de DosFarma, y estos son los consejos que nos han dado:

«Después de todo el invierno con zapato cerrado, de repente pasamos al calzado abierto y la piel del dorso del pie sufre los efectos de la luz ultravioleta. Solemos protegemos la cara, los brazos… pero muchas veces se nos olvida esta parte del cuerpo», describe Espinosa, que apunta que los podólogos se suelen encontrar con quemaduras en las consultas. También explica que si nos quemamos, hay que hidratar. Para el dorso, vale cualquier hidratante corporal. La piel del dorso del piel y la de la planta son diferentes, pero las quemaduras solares se suelen dar en el dorso. Por su parte, el farmacéutico Barikipara añade que la protección solar, «preferiblemente resistente al agua».

Hidratación, secado y transpiración

«La gente se piensa que como el pie suda más en verano ya no hace falta hidratarlo. No es correcto, porque una cosa son las glándulas sudoríparas, que sirven para refrescar la superficie cutánea, y otra, la hidratación propia de la piel. La piel de un pie puede ser seca y por contra puede tener un problema de exceso de sudoración», asegura Espinosa. Barikipara recuerda que en verano hay que hidratar más que nunca los pies: » Ya que están más expuestos al sol y se pueden irritar con más facilidad. Se recomiendan por ejemplo cremas hidratantes que contienen urea y empezar una rutina de hidratación antes de dormir, haciendo un pequeño masaje. Secar en profundidad los pies después de la ducha, y sobre todo la zona entre los dedos y los pliegues de la planta del pie. Es importante usar productos reguladores de transpiración (antitranspirantes y desodorantes) para pies en verano, ya que la sudoración agrieta aún más los pies».

Exfoliantes y mascarillas

Como en cualquier otra parte del cuerpo, los pies también agradecen un buen exfoliado para retirar las células muertas. Los expertos recomiendan fórmulas suaves y finas específicas para pies.  Por ejemplo, si lo que buscas es eliminar asperezas y suavizar los talones agrietados, opta por exfoliantes arenosos que entre sus ingredientes contengan semillas de nueces o albaricoque. Si lo que buscas es exfoliar suavemente y mantener la piel tersa, puedes seleccionar una alternativa a base de azúcar natural o sal. También es una buena opción para las pieles más sensibles y en muchas ocasiones se pueden utilizar en otras áreas del cuerpo.

Se puede aprovechar este momento para aplicar a continuación una mascarilla hidratante o nutritiva. En el mercado existen varios formatos calcetín, como la de la marca Kocostar (2 euros) o la de Scholl Pedimask (3,95€).

El podólogo Carles Espinosa avisa: «Si abusas de la piedra pómez, lo que provocas es un efecto rebote, cuanto más piel quitas, más piel crece. Se produce una hiperqueratosis, una dureza, que es un mecanismo de protección de la piel. En el cuerpo hay un punto de presión, hay más desgaste, y el cuerpo manda la orden de fabricar más piel; este es el mecanismo. Y las piedras abrasivas provocan este efecto rebote. Al rascar la piel, provocas una cierta inflamación, hay más aporte sanguíneo lo que hace que la piel crezca más y se proteja». Aconseja el especialista que en lugar de rascar se hidrate mucho la zona, sobre todo la de zonas más gruesas: talones y antepie, debajo de los dedos. En estas zonas necesitamos una crema más potente, con alta concentración de urea. Si las cremas para el cuerpo con urea acostumbran a tener un 5% de concentración, para los pies han de tener entre un 20 y 30%.

Las chanclas son el terror de los podólogos, que aconsejan no pasarnos tres meses usándolas para todo. «Es un calzado muy inestable, que puede provocar problemas en los dedos, de retracción de tendones, aparte de la sequedad que provoca en la piel de los pies. Las chanclas van bien para no ir descalzos en sitios públicos como hoteles, piscinas, playas, duchas, saunas…. Para eso, sí o sí chanclas, como barrera de protección. Pero para caminar, pasear, como zapato habitual para ir durante tres meses, ¡no!», sentencia Espinosa, que avisa de otro gran problema de este tipo de calzado: «Condicionan la manera de caminar. Damos pasos más cortos -se han hecho estudios-, nos trastoca el caminar y los dedos hacen garra para que la chancla no se nos escape, activando una musculatura que solo debería activarse cuando damos el paso. Antiguamente, las enfermeras llevaban unas zapatillas descubiertas por el talón, y acababan con los dedos en garra. El mismo problema tienen las zapatillas de estar por casa que están descubiertas por el talón». Lo mejor, asegura, es el calzado atado al pie y que no esté totalmente descubierto por detrás. El farmacéutico Abdel Barikipara insiste, además, en que «el calzado debe ser transpirable».

Uñas: cortado y esmaltado

«Las uñas se tienen que cortar lo más rectas posible, nada de cortar por los cantos. No es como en las manos, que las uñas no tienen ninguna presión, solo cuando coges algo. En las uñas del pie, sí, caminando, con la presión del suelo, o el roce del mismo zapato. Y más vale cortarlas con frecuencia aunque sea poco, que pocas veces y muy cortas», comenta Espinosa. Un truco que nos evitará problemas es no retirar nunca las cutículas de los dedos de los pies. Y menos en verano, que es cuando más sudan los pies. Las cutículas son las pieles que unen al dedo el comienzo de la uña. Tienen una función barrera de protección ante los microorganismos. Los hay que se instalan en la superficie de la uña, y aprovechan si no hay cutícula y penetran dentro del dedo y llegan a la matriz, al nacimiento de la uña.

Espinosa aconseja a sus pacientes que se retiren el esmalte algunos días durante el verano. «Así la uña se regenera y respira», asegura. Barikipara recomienda «evitar esmaltes permanentes y no abusar del pintauñas, porque pueden propiciar las infecciones por hongos».

Como ya se ha dicho, para las durezas lo mejor es hidratar. Pero también se ha de ver por qué aparecen. Normalmente es por un cambio de zapato, de invierno a verano, y seguramente hay puntos de presión diferentes, y por eso aparecen las durezas. El calzado de verano suele ser más fino, no suele ser tan ideal para el pie, y el de invierno es más fisiológico, con más capacidad de amortiguación. Muchas veces las durezas que tenemos en una misma zona no son por el calzado sino que tienen una causa biomecánica, por culpa de la pisada que tengamos. Entonces, hay que acudir a un profesional para que nos haga un estudio de la pisada

Si sale una ampolla, la podemos tratar nosotros en casa. Lo primero que hay que hacer es vaciarla con una aguja esterilizada (se puede quemar la punta) y se pincha la ampolla. Lo que nunca se debe hacer es retirar esta piel. Se pincha y se retira el líquido y se desinfecta con betadine, mercromina… o cualquier desinfectante. Y luego, se protege con una tirita. Para evitar las rozaduras propias del verano, el farmacéutico aconseja usar un ‘stick’ antifricción.

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