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El Banco Central Europeo (BCE) ha sorprendido este jueves a los analistas al adelantar el calendario de reducción de las compras de deuda pública y privada anunciado en diciembre, lo que deja la puerta abierta a que suba los tipos de interés a finales de año o principios del próximo, en el que sería el primer encarecimiento del dinero desde julio de 2011. Su presidenta, Christine Lagarde, ha querido subrayar que la autoridad monetaria de la zona euro está dispuesta a cambiar de planes si es necesario, pero ha admitido que el escenario central pasa hoy por endurecer la política monetaria. Estas son las razones y consecuencias de dicha nueva estrategia.

¿Cuál es la principal medida que ha anunciado el BCE?

Como estaba previsto desde su última reunión del año pasado, el programa excepcional de compra de deuda pública y privada por la pandemia (PEPP), dotado con 1,85 billones de euros, concluirá al final de este mes. La novedad es que, para compensarlo, las adquisiciones del programa lanzado a mediados de 2014 (APP) aumentarán de forma temporal, pero ya no hasta octubre. Hasta hoy, el plan era que pasarán a partir de marzo de 20.000 a 40.000 millones mensuales en el segundo trimestre de 2022, para luego bajar a 30.000 millones al mes en el tercer trimestre y volver a 20.000 millones a partir de octubre y por tiempo indefinido. Ahora se elevarán de los actuales 20.000 millones de euros al mes a 40.000 millones en abril y 30.000 millones en mayo, para volver a 20.000 millones en junio. Y a partir de ahí está por ver que continúen.

¿Qué efecto tendrá en el coste y la disponibilidad de financiación?

El hecho de que el BCE realice compras masivas de deuda en el mercado secundario (entre inversores privados) hace que los tipos de dicha deuda bajen de forma notable, al aumentar enormemente la demanda de los títulos. Ello provoca, a su vez, que las emisiones primarias que hacen los Estados (la deuda que venden directamente los tesoros nacionales a los inversores) se coloquen también con intereses menores. Al abaratar el coste de la deuda, los Gobiernos han podido aumentar sin problemas su gasto para combatir los efectos del coronavirus (con medidas como los ertes, por ejemplo). Han podido, así, seguir obteniendo dinero (los mercados no han dejado de prestarles, como le sucedió a varios países en la anterior crisis) a un precio que se pueden permitir pagar (en 2012, por ejemplo, España tuvo que pedir el rescate para la banca porque los intereses que le exigían los inversores eran tan altos que habrían llevado a las finanzas públicas a ser insostenibles, con la consiguiente suspensión de pagos por parte del Estado). La reducción de esas compras, por tanto, hará que se encarezca el coste de financiación de los Estados y, como este es la referencia para el del sector privado de sus países, también el de los hogares y empresas. Es asimismo previsible que el coste de la financiación en países como España suba más que en Alemania. Es decir, que se eleve la prima de riesgo (diferencia entre el interés del bono español a 10 años y el alemán, de referencia por ser el más seguro; se trata de un indicador del riesgo de impago a ojos del mercado).

¿Cuándo acabarán las compras de deuda y subirán los tipos?

El anuncio más relevante que ha hecho el BCE es que dará fin a las compras de deuda a lo largo del tercer trimestre si se confirman sus previsiones de inflación a medio plazo. Se trata de una decisión clave, ya que la institución ha afirmado que subirá tipos «algún tiempo después» de poner fin a dichas compras y de forma «gradual». El mensaje es calculadamente más ambiguo del que había venido usando hasta ahora (aseguraba que los tipos subirían «poco después» de finalizar las compras, lo que se solía interpretar como en el trimestre siguiente), pero deja claramente la puerta abierta a encarecer el dinero. «Puede ser la semana después o meses más tarde», ha precisado su presidenta, Christine Lagarde, que ha matizado que el BCE cambiará de planes si la inflación no evoluciona como espera y las condiciones de financiación se deterioran de forma notable.

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¿Qué efecto tendría una subida de tipos?

Los tipos de interés llevan en niveles mínimos históricos -cero o negativos, según el caso- desde 2016, en un intento por parte del BCE de reactivar una economía del euro que aún padecía los efectos de la anterior crisis. Por ponerlo en perspectiva, la última vez que la autoridad monetaria de la zona euro encareció el dinero fue en julio de 2011, en un error tan evidente que los tuvo que volver a bajar en noviembre de aquel mismo año. Al igual que sucede con las compras de deuda, los tipos afectan a los costes de financiación: si son bajos abaratan la financiación de Estados, empresas y hogares, mientras que los altos la encarecen. Si el BCE termina por subirlos, aquellos que tengan un crédito tendrán que pagar cuotas mayores cuando les toque revisarlas, mientras que los que traten de conseguir un préstamo verán que se les exige intereses más altos. De hecho, ya está empezando a suceder: el euribor (el tipo medio al que se prestan los bancos entre sí, que sirve de referencia para la mayoría de los créditos a tipo variable) refleja por adelantado lo que se espera que hagan los tipos oficiales y está subiendo. Lo mismo sucede con los créditos a tipo fijo, ya que para fijar dicho interés se utiliza como referencia el de la deuda pública a largo plazo, que también ha estado al alza.

¿Por qué toma el BCE esta senda en plena invasión de Ucrania?

Los efectos económicos de la invasión de Ucrania suponen una tormenta perfecta para el BCE. La dependencia europea del petróleo y el gas ruso va a subir aún más una inflación ya disparada, lo que a su vez va a provocar menor crecimiento. Se trata de una situación más endiablada que la provocada por el estallido de la pandemia, ya que entonces la recesión económica se vio acompañada por un desplome de los precios debido al derrumbe de la demanda, lo que daba margen al BCE para tomar medidas de apoyo a la actividad. El problema es que el mandato legal del BCE se limita a controlar la inflación (que esté en el 2% a medio plazo) y no incluye otros objetivos (no como el de la Reserva Federal estadounidense, que también debe promover el pleno empleo, pero que aún así ha anunciado que subirá tipos). Es decir, el banco central del euro está prácticamente obligado a tomar medidas para embridar los precios. Eso sí, ha instado a los Gobiernos y a la Comisión Europea a tomar medidas fiscales para paliar los efectos económicos de la guerra. Además, ha asegurado que la eventual subida de tipos será en cualquier caso «gradual» y ha dejado la puerta abierta a cambiar de planes si las condiciones de financiación se deterioran de forma notable.

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