Bertolt Brecht fue uno de los grandes dramaturgos del siglo XX, creador del teatro épico o dialéctico, un genio que tenía un estilo muy particular profundamente político, una vida muy agitada (fue un comunista convencido, perseguido por Hitler y se exilió en Estocolmo). Su propósito era que el público pensara, en su obra nada se da por sentado y es el espectador el que debe sacar sus propias conclusiones. Su vigencia está fuera de toda duda al comprobar cómo sus textos vuelven a subir una y otra vez a los escenarios, sobre todo La ópera de tres centavos que, próximamente se convertirá en un musical con ritmos urbanos de la mano de Marc Chornet (L’antiòpera de les oblidades), pero también Madre coraje o El círculo de tiza caucasiano.

Ahora la sala Cincómonos, siempre en busca de ofrecer proyectos tan arriesgados como innovadores, ofrece la posibilidad de descubrir uno de sus textos de referencia, la obra corta El que dijo sí, el que dijo no, toda una curiosidad en la obra del autor. La escribió en 1930 tras asistir impresionado a una representación de Taniko, una obra de teatro noh (el drama musical japonés) y provocó una gran polémica. El caso es que el propio autor decidió reversionarla 30 años después introduciendo algunos cambios importantes. En este montaje podremos ver ambas versiones para compararlas y, como le gustaba a Brecht, reflexionar sobre su mensaje. El espectáculo dura tan solo una media hora pero, para completar la visión de este autor y comprenderlo mejor, a continuación tiene lugar un fórum entre artistas y espectadores.


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Unas escaleras son el único atrezzo

El escenario aparece vacío mientras el humo se adueña del espacio y se escuchan unas voces que repiten “Debemos, ante todo, aprender a estar de acuerdo”. Siguen recitando este lema mientras vemos a los cinco actores, tres mujeres y dos hombres, que van cubiertos de pies a cabeza con monos blancos y mascarillas, llevan el ojo derecho pintado con una franja negra y arrastran unas escaleras de metal y madera de pintor que representarán los cuatro escenarios principales indicados con un rótulo en un papel: casa, montaña, ciudad de al lado y escuela.

Nos explican que una epidemia está acabando con su población y la maestra de la escuela decide hacer un viaje peligroso a través de las montañas para llegar a la ciudad de al lado, donde pueden conseguir medicinas e instrucciones para hacerle frente. La profesora visita a una viuda que ha enfermado y que vive con su hijo, un niño que se ofrece a acompañar a los vecinos en su expedición para ayudar a salvar a su madre. El viaje es largo y complicado y el chico está muy cansado, no puede continuar. Esta situación provoca que el grupo tenga que tomar una decisión: acabar con la misión y devolver al joven a su casa o abandonarlo a su suerte. Tras la resolución del conflicto interpretan una canción mientras repiten un nuevo mantra: “el hombre es muy útil. Puede volar, puede matar, pero tiene un defecto, puede pensar”.

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La segunda versión de la obra y el fórum

Tras, aproximadamente unos 20 minutos, una de las actrices nos explica que Brecht hizo su segunda versión tres décadas después, con importantes matices diferentes y pasan a representarla. Si en la primera se intenta seguir las directrices de Brecht (interpretaciones frías, sin sentimientos, ya que lo único importante es el texto), en la segunda las actuaciones son más contemporáneas y libres y predomina la corporalidad. Las escaleras de antes son sustituidas por una silla y un taburete cubierto con una tela negra. El tramo final tiene un desenlace radicalmente distinto aunque el mensaje siga siendo el mismo.

Una vez finalizada la función y sin pausa, los cinco actores vuelven a aparecer junto al director, Jorge Salinas, y la directora y profesora de expresión corporal, Lucía Jurjo. Es el momento de poner en común la experiencia vivida y los artistas empiezan por hablar sobre la figura de Brecht, para luego contarnos el proceso de creación del montaje, su puesta en escena y otros detalles mientras el público aporta su propia interpretación de los hechos y pregunta sus dudas. Una de las curiosidades es que esta obra llevan representándola desde mayo del 2019 y las circunstancias actuales han provocado que tenga ahora una nueva lectura y sea más oportuna que nunca.

Una pieza (o dos) que nos hace reflexionar sobre si debemos cuestionar las situaciones establecidas, si debemos atrevernos a estar en contra de algo socialmente aceptado, ¿el individualismo o la comunidad?, ¿aceptar las normas pactadas o salirnos del camino marcado?, ¿quién es el culpable o no lo es nadie?, ¿dónde queda la conciencia colectiva? Una obra que nos involucra y nos obliga a pensar. ¿Diríamos sí o no? Este es el dilema.




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‘El que dijo sí, el que dijo no’

Lugar: Sala Cincómonos (Roger de Llúria, 128).

Horarios: sábados, a las 20 horas.

Precio: de 10 a 14 euros.

Más información: www.cincomonos.org




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