Para muchos, una de las pocas alegrías que ha traído la pandemia es la desaparición de ese grotesco ritual pagano que en Occidente llamamos cena de empresa. Por razones obvias, se terminaron esa reuniones de 35 personas beodísimas, capaces de desintegrar alcoholímetros con el aliento. Se acabó el maridaje vino-cerveza-cubatas-Campari a pelo-Jagermeister-vomitada en la solapa del cretino de contabilidad. Adiós al karaoke gangoso, a las sesiones de dj de los 80 del recepcionista, a entrar al día siguiente en la oficina con una resaca que tumbaría a Hemingway si no estuviera muerto…

No obstante, que no se haga cena de empresa al uso no implica que podáis echaros unas risas e incluso cenar con todos vuestros compañeros de oficina antes de las vacaciones de Navidad. Y siempre desde la seguridad, la distancia, la sensatez. Aunque parezca imposible, existen alternativas a la cena de empresa en época de restricciones. Con un poco de suerte, tu jefe vuelve a hacer un estriptís, pero esta vez desde el sofá de casa.  

1. Escapando que es gerundio

Evasión o victoria

A veces hay que escapar. Que se lo digan al Chapo Guzmán. No hay ejercicio más catártico y revelador que una buena sesión de ‘escape room’ con tus colegas de oficina. Cuanto más aterrador el escenario, más podrás verle las auténticas costuras al falso de tu jefe de departamento. En Enigma Barcelona (Acàcies, 38) te enseñarán a perderle el miedo al covid con su ‘escape room’ titulado ‘El Virus’, un escenario en el que tú y tus colegas deberéis salvar a la humanidad de un virus letal, como si fuerais una versión de bolsillo de Jack Bauer. Si, por otra parte, ir a comprar juguetes te aterra más que ver a Rodríguez Menéndez bailando bachata, en The Witching Hour (Taquígraf Martí, 6-8) tienen el ‘escape room’ que te pide el cuerpo: se llama ‘La juguetería maldita’ y ni siquiera Chucky se atrevería a poner un pie en ella. Con un poco de suerte, vuestro jefe se quedará atrapado en esta tienda paradimensional, sufriendo ‘ad ininfitum’ las torturas diabólicas de una versión zombie de Buzz Lightyear. Nota para hipocondriacos: evidentemente, los grupos son de 2 a 6 personas. 


2. ‘Team building’ en pijama

Solo en casa

Cuando llegan las fechas navideñas, llega también esa mezcla de vergüenza ajena y cachondeo de brocha gorda que es el ‘team building’ (‘tinbildin’ para los amigos). Para los neófitos, se trata de actividades en grupo que se diseñan para estrechar los lazos de la masa laboral (en otras palabras: para que todos se sientan igual de ridículos). Este año, el ‘team building’ tendrá que ser confinado, en casa, sin compartir bochorno con la tropa. Hay empresas que se encargarán de que no os aburráis incluso en un escenario de pandemia. 

En cripthos.com, por ejemplo, son especialistas en ‘tru escape’ remotos a través de vídeoconferencia, juegos por equipos de carácter lúdico y formativo en los que la coordinación y comunicación son elementos vitales. Y siempre desde casa, con un cubata cargadísimo, el gato en el regazo y el pijama más feo que hayas encontrado. Por otra parte, la gente de viviendodelcuento.com, entretendrá a toda la oficina sin que nadie levante el culo de su tresillo con sus juegos de ‘team building’ ‘online’, como el Cluedo o un teleconcurso. Ah y si en la oficina vuelan los puñales, también tienen un ejercicio de comunicación afectiva ‘online’: a Encarna Sánchez le habría encantado. 

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3. Cena a distancia

Brindando en casa

Cada uno en su casa y Dios en la de todos. No hay refrán que resuma mejor los tiempos que corren. Si sois multitud en la oficina, para la cena de empresa tenéis dos posibilidades, cerrar grupitos de seis y hacer piscolabis delante de la máquina de fotocopiar por turnos (como veremos más adelante) o celebrar tan apocalíptico evento como cada maldito año, pero con todos los comensales en sus respectivos saloncitos. Sin tocar. 

La ‘startup’ meetencasa.com te lleva la cena de empresa a casa, valga la redundancia. Ellos se encargan de repartir los menús con antelación a todo el mundo, de modo que el día y hora señaladas, solo tendrás que contactarte en la misma sala que tus compañeros y disfrutar, no solo de la manduca, sino de monólogos, amigos invisibles y toda la parafernalia inherente a las cenas de empresa pre-covid. 

También en makingmovies.com se han apuntado esta mecánica de cena en casa con todos tus compis en la pantalla. Descubrirás lo placentero que es observar cómo evolucionan las tajas de los otros desde la seguridad de tu hogar, sin alientos fétidos en la oreja ni comerciales descamisados. La cena de empresa soñada por el sector misántropo. 


4. Esto es ‘La ¿Voz?’

Zoom bados

Vale que no haya cena de empresa, pero ¿cómo le explicas tú ahora a los de márketing que tampoco habrá karaoke? No te dejes vencer por las adversidades, dale a tus compañeros de trabajo la oportunidad de que luzcan esas cuerdas vocales curtidas por la doble D (Ducados y Dyc), aunque sea desde casa, con el batín puesto. Con la aplicación Zoom podréis crear una sala de karaoke colectivo virtual sin problemas. También necesitaréis la aplicación Watch2gether, para que podáis ver los vídeos sincronizados, cantéis al unísono en la burbuja virtual y dejéis a vuestras mascotas y vecinos con el convencimiento de que no solo tenéis peor falsete que Villarejo, sino que os habéis vuelto definitivamente majaretas. 


5. Pintarás mucho

Arte para oficinistas

Arte Bar se ha ganado una legión de fans gracias a su hábil combinación de bebercio y clases de pintura. No obstante, la crisis sanitaria ha obligado a la casa a buscar nuevas vías de subsistencia: ahora también imparte divertidas clases de pintura online para empresas. ¿Solo tienes los Dacs de tu hija en casa? Arte Bar te proveerá de todos los utensilios necesarios (por correo o recogida) y, a través de Zoom, te juntará virtualmente con tus compañeros para que vomites tu creatividad sobre el lienzo. Grupos de 12 personas mínimo y el cuadro a pintar lo elegís vosotros. A lo mejor eres el próximo Kandinsky y lo dejas todo por las acuarelas: seguro que a tu jefe le encanta la idea.


6. Pícnic en la ofi

En petit comité

Pongamos que sois una startup reducida, una empresa familiar, un grupo que no supera las 6 almas. Pues bien, ¿por qué no celebrar un piscolabis en la misma oficina, ya que no podréis ir a un restaurante? Si eres un jefe espléndido, llamarás al restaurante Dos Palillos (Elisabets, 9) que no solo ha adaptado su maravillosa cocina asiático-mediterránea al formato ‘delivery/take away’, sino que te la trae a tu lugar de trabajo con todas las medidas de sanidad y seguridad más que garantizadas. Siempre podrás decir que en 2020 llevaste a tu equipo a cenar a un estrella Michelin. 

Si prefieres un catering al uso, pero de altas prestaciones, Aspic (Pau Casals, 24) es la opción que se merecen tus subalternos: ¿platos y tapas de restaurante al lado de la máquina de vending? Sí rotundo, siempre y cuando alguien tenga vigilado al típico gorrón que siempre vacía la bandeja de croquetas. 

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