La economía catalana está en la unidad de cuidados intensivos (uci). Nada muy diferente a lo que sucede en el resto de España y de los países desarrollados, pero con el hecho diferencial de que desde 2018 ha cedido el primer puesto en el conjunto de la economía española a la Comunidad de Madrid. Entre 2010 y 2019, acumuló un crecimiento medio del 1,1%, como la media española, mientras que la economía madrileña lo hizo el 1,8%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). De ahí el ‘sorpasso‘, que ya se produjo también en 2012 y en 2013, y que ahora parece consolidarse.

La crisis desatada por el coronavirus, que supuso un desplome inaudito en 80 años del 11,4% por el mayor peso de actividades más castigadas como el turismo, especialmente el extranjero, superó la del conjunto del país (11%). El año pasado llegaron a Catalunya 3,9 millones de visitantes extranjeros, 15,5 millones menos que en 2019. Y con sus consecuencias económicas: unos ingresos de 3.640 millones de euros, casi 18.000 millones menos que en el ejercicio precedente, una cifra que equivale a alrededor de la mitad del Presupuesto consolidado de la Generalitat, el que engloba a todo el sector público.

El impacto fue un poco desigual, con caídas más acusadas en dos de las tres provincias costeras (y más turísticas) de Barcelona (11,7%) y Girona (14,2%), Tarragona, como la media catalana (11,4%), mientras que en Lleida fue del 8%. Además, mientras que en en el conjunto español se consiguió mantener el crecimiento, con un alza del 0,4% en el último trimestre de 2020 con respecto al tercero, en Catalunya se produjo un descenso del 0,5% por un mayor impacto de las restricciones por la propagación del covid-19.

«Con magnitudes de este tipo cuatro décimas de diferencia respecto a la media española es poco», destaca Joan Ramon Rovira, responsable de estudios de la Cambra de Comerç de Barcelona; el problema es otro: la falta de una política a medio y largo plazo, asegura. En resumen, la inexistencia de una apuesta verdadera por la transformación del modelo productivo.

Hoja de ruta

La cuestión es la falta de un rumbo claro u hoja de ruta con «la máxima mayoría parlamentaria para orientar la política económica de manera consensuada y evitar al máximo debates estériles inoportunos en una situación dramática», afirmaba el presidente de la patronal Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, en un artículo en EL PERIÓDICO. Y es que uno de los instrumentos para que el poder público incida en la economía son los Presupuestos, algo que tanto Foment como la otra gran patronal catalana, Pimec, al igual que los sindicatos UGT y CCOO, reclaman. Otras de las exigencias en las que existen coincidencias es en la necesidad de apelar más al diálogo social antes de tomar medidas que afectan al tejido productivo y la necesidad de establecer ayudas directas a los sectores más afectados por la crisis para evitar males mayores como cierres y más paro, según el presidente en funciones de Pimec, Josep González.

En la última década, todos los presupuestos de la Generalitat se han aprobado fuera de plazo o prorrogado, incluidos los de 2021, ejercicio que ha vuelto a empezar con las cuentas del ejercicio anterior, elaboradas en un contexto en el que dominaba una cierta desaceleración económica, pero que ni siquiera se podía intuir una crisis como la actual. Eso no ayuda a establecer un marco de juego básico para desarrollar las políticas. Según Rovira, para llevar a cabo la transformación necesaria para un crecimiento sano y sostenible es preciso potenciar los tres vértices de un triángulo: formación, innovación y productividad.

Visión a medio y largo plazo

«Es evidente que a corto plazo es necesario focalizarse en salir de la crisis por la pandemia, pero a la vez hay que tener visión a mayor plazo» y en eso «se puede o debería poderse llegar a un consenso transversal entre los partidos», afirma. Según un estudio de la propia Cambra de un periodo de 17 años, en Catalunya hay más un problema de calidad que de cantidad de crecimiento. «La disociación entre las cantidades (PIB, población, empleo) y la calidad (PIB y renta familiar bruta disponible per cápita) del crecimiento refleja un modelo económico más extensivo -que crea, destruye y vuelve a crear puestos de trabajo a tasas comparativamente muy elevadas- que intensivo -impulsado principalmente para la mejora de la eficiencia productiva mediante la inversión sostenida en capital humano y tecnológico», según el estudio.

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A su vez, la Generalitat carga con una deuda que a 30 de septiembre pasado ascendía a 78.097 millones de euros, lo que significa que cada catalán ‘debe’, de media 10.205, 99 euros. Del total, casi el 80% tenían al Estado como acreedor por los distintos instrumentos para facilitar la liquidez a las autonomías, como el FLA, del que este año espera recibir unos 13.000 millones. Entre este ejercicio y 2023, la Administración catalana debe amortizar unos 32.000 millones de deuda, con el Estado como principal acreedor y con dependencia financiera del mismo al menos hasta 2035. Ese es uno de los elementos con os que deberá lidiar un nuevo Govern.

Aunque hay muchas esperanzas puestas en las vacunas para la recuperación, 2021 ha empezado peor de lo previsto. La Cambra de Comerç estima que este año la economía catalana crecerá el 6,1%, seis décimas menos que lo que preveía hace tres meses. El BBVA prevé el 5,9%, condicionado en la vuelta del turismo y los fondos europeos, para los que El Ejecutivo catalán ya ha recopilado al menos 27 proyectos. El reto, sin precedentes, requiere un Govern con estrategia y un consenso parlamentario mínimo.

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