En 1999, cuando internet estaba aún en pañales, en el pueblo turolense de Castelserás se impartió un curso de dos semanas para aprender nociones básicas de informática, como manejar el correo electrónico. Esa fue la semilla de la que, con el paso de los años, ha germinado un ramillete de comercios electrónicos que han hecho que esta localidad de apenas 800 habitantes sea la que más ventanas tiene en internet en relación a su población en toda España. Se trata de un Amazon rural y a pequeña escala donde se venden productos de lo más variopinto, desde cartuchos de impresora, material informático, aceite de oliva, alfalfa o suministros de hostelería hasta un sinfín de armas o utensilios metálicos. El ejemplo ha cundido en otros municipios próximos, que también cuentan con iniciativas que brillan en el ecosistema digital, lo que demuestra cómo la red puede ser una herramienta eficaz para frenar la despoblación si se sabe dar en la tecla correcta.

Ricardo Lop supo hacerlo y es el gran precursor de todo este fenómeno. Este agricultor y panadero reconvertido en gurú de la venta online es el vivo ejemplo del potencial de negocio que ofrece internet aunque se viva en la España vaciada. Su empresa, Aceros de Hispania, es la primera que aparece en Google si se escribe la palabra cuchillos. También ocupa las primeras posiciones con navajas, machetes, espadas, armaduras medievales o pistolas de fogueo. Son algunos de los 50.000 productos que tiene a la venta, en un mercado en el que es referente a nivel mundial tras más de 20 años de andadura. Con una facturación de 700.000 euros al año y más de 40.000 clientes, da trabajo a tres personas y a otras tantas de manera indirecta.

Esta firma e-commerce recibe una media de 4.000 vistas diarias, más de la mitad de ellas del exterior, al igual que sus ingresos. No en vano, son escasos los países a los que no ha comerciado: «casi se pueden contar con los dedos de la mano: Corea del Norte, los del centro de África y poco más». «Hoy hemos mandado sartenes a Vladivostok (Rusia)», señala como ejemplo de la globalidad de sus envíos.

Lo insólito de esta empresa se adereza con un arsenal de anécdotas y curiosidades, con pedidos como pistolas de fogeo para películas de Bollywood, espadas para el Teatro Real de Madrid, la Ópera de Londres o el Metropolitan de Nueva York o sables ceremoniales para los ejércitos de Ecuador, Chile o Paraguay. A esto se unen acciones de «márketing de guerrilla» que se le ocurren a Lop, como regalar una Tizona (la espada del Cid) a Charlton Heston. De su cabeza han salido otras ideas rompedoras como clavar una espada en una piedra junto al río Guadalope, que se ha convertido en reclamo turístico de Castelserás. O mandar varias pacas de alfalfa a la reina Isabel II de Inglaterra.

Todo comenzó con el citado curso de informática, del que fue uno de los alumnos. «Entonces no sabía ni encender el ordenador», recuerda. Allí empezó a oír hablar del comercio electrónico. A las pocas semanas ya tenía su primera y rudimentaria web, que se la creó el mismo profesor que le había dado la formación. Empezó poniendo a la venta un catálogo de navajas que encontró en la armería que su hermano regenta en Alcañiz. El primer pedido le llegó tres meses después desde Almería y poco a poco fueron surgiendo más, pero el despegue no fue coser y cantar.

«Me costó arrancar. Internet iba a pedales y yo no sabía hacer las cosas bien y cometía errores por mi falta de formación. Tampoco había tantos usuarios como ahora», reconoce. A los tres años se convirtió ya en una tienda online rentable y pasó a dedicarse a ella en cuerpo y alma. ¿Los secretos de su éxito? La publicidad no lo es, porque invierte cero euros en ello- «no lo hemos necesitado»-, pero sí considera esencial cuidar al cliente «por encima de todo», hacer de la logística una «ventaja competitiva» y tener una oferta lo más amplía posible. Probó a vender por Amazon pero la experiencia fue «desastrosa». «El cuadro ‘Saturno devorando a su hijo’ de Goya es el que mejor define el trato que dan a los proveedores», asegura.

Esta inspiradora historia ha hecho que Lop sea también un asiduo conferenciante en foros, eventos y universidades. Ha contado su experiencia incluso a grandes compañías como Microsoft, Carrefour, Mercadona o Vodafone.

Su modelo de éxito despertó la admiración de sus vecinos y algunos de ellos siguieron sus pasos. La localidad cuenta actualmente con seis comercios electrónicos y varios negocios más que los hacen a través de redes sociales u otras plataformas. Algunos de ellos son TiendaTinta (material informático y consumibles), Hosdecora (suministros para hostelería), Estucolis (materiales de bioconstrucción), Turol games (juegos de mesa)o Sabor artesano (alimentos de calidad de Teruel). En el perímetro online también se mueve otra empresa del pueblo, Dinamomk, dedica- da al márketing digital y que puso en marcha un matrimonio que llegó de Barcelona en el 2014.

Esa apuesta digital desde lo rural fue uno de los motivos de que Oscar Soriano eligiera Castelserás para venir a vivir desde Zaragoza con su mujer y sus nueve hijos. Fue hace cuatro años y ahora es el alcalde del municipio, que desde hace tres meses tiene fibra óptica. «La conectividad es la clave para la supervivencia de los pueblos. Aquí la gente tiene carácter emprendedor», asegura. Uno de sus empeños es seguir sacando partido a las nuevas tecnologías y atraer a teletrabajadores.

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El modelo ha calado en el entorno. Estecha Reproducciones, de Valderrobres, es un de los múltiples casos que se dan. Inició su aventura digital en el 2002 y hoy es un referente internacional en tematización, que consiste en reproducir elementos naturales con mortero y otras materiales. En este campo ha abierto varías líneas de negocio, desde la formación- con más de 500 alumnos en cuatro años- a la fabricación y venta de los productos que se requieren. «El I+D del país está en el medio rural», reivindica Isaías Estecha, dueño de la firma junto a su hermano Antonio. «En esta zona- recalca- hay cultura de internet en las empresas, no se comprende como una tarjeta de visitas, sino como parte esencial del negocio. La pandemia nos pilla con los deberes hechos en lo digital». 

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