El desastre continúa. Se hunde el Barça, con dos derrotas que ponen bajo sospecha al proyecto de reconstrucción que intenta impulsar Koeman.

Lisboa no era el fin. No han pasado aún ni cuatro meses, pero el drama del Barça, sea con Setién entonces o con Koeman ahora, no tiene fin. Ni se le adivina de forma inmediata. El equipo no avanza. Es incapaz de abandonar el pozo en el que cayó el pasado 14 de agosto con aquel 2-8 del Bayern Múnich que se llevó primero por delante a la plantilla (Suárez, Rakitic, Arturo Vidal…) y luego al presidente Josep Maria Bartomeu. Pero el equipo está en un agujero negro, encadenando en 72 horas dos derrotas traumáticas (Cádiz y Juventus) que le devuelven de nuevo a la depresión.

«Claro que hay que estar preocupado», ha admitido Koeman, quien ve derrumbarse a su equipo con tal estrépito que ni él encuentra las soluciones. ¿Cambiar el sistema? Eso, según el técnico, ni se toca. El 4-2-3-1 es innegociable para él, a pesar de las críticas que recibe por renegar del tradicional 4-3-3 que se había instaurado en la tradición cruyffista de las últimas décadas en el Camp Nou.

Señales planas

Al técnico, que movió sin eficacia el equipo, le toca asumir aún medidas mucho más drásticas para reanimarlo. Está emitiendo señales tan planas el Barça, sin rebeldía alguna, que anda moribundo y desconcertado proyectando incluso la sensación de que lo peor todavía no ha llegado del todo.

«No es un tema de sistema. Con los jugadores que tenemos es el mejor sistema»

Koeman, técnico del Barça

“No es un tema de sistema. Para los jugadores que tenemos es nuestro mejor sistema”, ha recalcado Koeman, tras indicar que cuando el Barça ganó en Turín (0-2) fue empleando el mismo sistema táctico. “Entonces, no me preguntaste”, le dijo el técnico del Barça al periodista que le cuestionó si iba a modificar su biblia táctica.

Para Koeman, sin embargo, todo va mucho más allá de cambiar de modelo. En Cádiz, el Barça se quedó mundo. Contra la Juve, más de lo mismo. No aprende, ni tampoco corrige, el Barça sus errores. Al contrario. Insiste, una y otra vez, en los mismos defectos. 

“Otra vez nos han marcado un gol en un saque de banda”, ha admitido dolido Koeman, lamentando, al mismo tiempo la desidia de sus jugadores. “Tenemos gente suficiente para ganar ese balón y no dejar centrar. Otra vez más, una lección en ese sentido”, ha dicho el técnico.

Equipo «sin personalidad»

Una estéril lección. Una lección más. “Entramos mal en los primero 25-30 minutos”, se ha quejado el entrenador. Parecía que el Barça continuaba aún en Cádiz. Dos partidos, dos derrotas dolorosas, cinco goles encajados (todos en acciones a balón parado) y solo uno en contra, el que se marcó en propia puerta Alcalá, el defensa del equipo andaluz.

Por una razón u por otra, el Barça de Koeman regala goles a cada partido en una plantilla huérfana de «personalidad», como denunció el propio técnico. “El penalti de Araujo no lo era, si lo es, el de Messi, también”, se quejó subrayando que su equipo “entró con miedo” al partido. Un miedo que le hizo perder el primer puesto, agravando la crisis que sacude al Camp Nou, donde cada jugador es hoy mucho peor de lo que era al llegar.

Ni rastro, por ejemplo, de Frenkie de Jong, por quien el Barça pagó 75 millones de euros al Ajax hace año y medio. Desde que vino, su rendimiento ha ido en un peligroso declive, sin tener peso ni influencia en el juego. Da igual quien sea su entrenador. Ha tenido tres (Valverde, Setién y Koeman), pero nadie le ha encontrado su sitio. Ni él, tampoco. Al igual que Pjanic. Ni cuatro meses lleva vestido de azulgrana. Tampoco se le ha visto.

Cambios sin éxito

Ambos asistieron en primera línea del vacío teatro del Camp Nou al gol de McKennie. Marcaron con la mirada al joven estadounidense, de 22 años. Llegó el juventino tranquilamente al corazón del área de Ter Stegen mientras Pjanic y De Jong observaron sin espíritu defensivo alguno la jugada que nació en el saque de banda denunciado por Koeman.

El sistema no lo toca, por mucha pieza que vaya cambiando piezas el técnico. Nada vale. Ni le vale. Hasta cuatro cambios (Araujo por Mingueza, Pjanic por Busquets, Pedri por Coutinho y Trincao por Braithwaite) introdujo Koeman en la alineación entre Cádiz y Juve. Sin éxito alguno. De derrota en derrota hasta, tal vez, la derrota final. ¿No era Lisboa? Tiene pinta que no.

«Una vez más es culpa nuestra. El equipo salió con miedo, sin personalidad. Es muy raro»

Koeman, técnico del Barça

Los problemas son tan graves que dañan la estructura del Barça. De inicio a fin, dejando profundos desequilibrios. Antes los tapaba Messi; ahora, ni eso. Pese a la rebelión que transmite un melancólico Leo. «Antes del partido hablamos de intentar juntar al equipo», ha admitido Koeman. Intento en vano. «Dejamos bastante espacio entre líneas», ha dicho luego. Tanto que en 20 minutos la Juve ya ganaba 0-2. «Una vez más, es culpa nuestra. Salimos mal en la primera media hora, salimos con miedo, a no perder el partido».

De «cabreado» a «preocupado»

Koeman, por mucho que moleste al vestuario, nunca se esconde. No lo hacía como jugador. Tampoco ahora como entrenador. El sábado estaba «cabreado». El martes, «preocupado». Habla con franqueza, aunque pueda escocer, mientras toca y toca piezas para frenar la imparable caída del equipo.

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En el once inicial contra la Juventus había, por ejemplo, cinco jugadores (Dest, Araujo, Pjanic, Trincao y Pedri) que vieron la debacle de Lisboa por televisión. Pero ni así. A cada partido que pasa se va erosionando la confianza de unos jugadores, a los que cuesta encontrar la autoestima. No está en el suelo. Más bien en el sótano.

Por mucho que los zarandee Koeman ese trauma del 2-8 perdurará muchos años. Quizá se prolongue en alguna generación. Ahí está el depresivo y débil Barça, obligando al técnico a tomar medidas más drásticas aún. Mucho más si no quiere verse arrastrado por el infinito e inacabable tsunami que se desató en Lisboa.

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