Demostrar que la transición a un mundo más saludable y sostenible es posible es la obsesión de Josep Ametller, el pequeño de cinco hermanos y continuador del negocio familiar: trabajar la tierra y comercializar lo que sale de ella. Empezó hace veinte años con una parada en el mercado de Vilafranca del Penedès, que montó con su hermano Jordi. Ahora cuentan con 120 establecimientos Ametller Origen en Catalunya, más de 3.000 trabajadores y un proyecto agroalimentario que esperan convertir en un referente de sostenibilidad y economía circular. Es el Agroparc del Penedès, 258 hectáreas repartidas entre los municipios catalanes de Gelida y Sant Llorenç d’Hortons donde los hermanos Ametller quieren actualizar lo que vivieron de niños en la masía familiar, donde todo se reaprovechaba.

Para hacerlo posible, primero, han necesitado obtener todos los permisos administrativos y, después, sumar 180 millones de euros, que prevén obtener a través de recursos propios, la aportación de socios como Agbar y Carburos Metálicos, la financiación del Banco Europeo de Inversiones y todo lo que puedan obtener de los fondos ‘Next Generation‘. El grupo Ametller cerró 2021 con una facturación de más de 380 millones.

En el Agroparc van a convivir árboles frutales, granjas, invernaderos tecnificados y placas fotovoltaicas. Se regará con tres tipos de agua: la pluvial, la reutilizada y la subterránea, que se acumulará en balsas y que permitirá ser autosuficientes y dosificar el agua utilizada. De esta manera, según sus cálculos, por cada quilo de tomates que produzcan podrán ahorrar 51 litros de agua.

Además, quieren utilizar los residuos orgánicos de las granjas, los campos y la industria para producir energía renovable en forma de biogás. Separarán el CO2 y lo usarán para alimentar las plantas de los invernaderos. Unos invernaderos tecnificados donde se controla la luz, el calor, el nivel de crecimiento y la calidad organoléptica de los cultivos a través de la tecnología. Cuestan unos 2 millones de euros cada uno pero pueden multiplicar por seis la producción.

El principal escollo que se están encontrando los responsables de la compañía es localizar profesionales con formación en agricultura tecnificada, inteligencia artificial y ‘machine learning’. La universidad de Wageningen, ubicada en una región conocida como ‘food valley’, en los Países Bajos, es de las pocas especializadas en estos estudios.

Precisamente por esta carencia, en Ametller han decidido incluir en el proyecto un centro de formación e investigación, en convenio con universidades locales e internacionales para instruir «a los técnicos agrícolas del futuro». «Si quisiéramos poner en funcionamiento los invernaderos hoy mismo -indican-, tendríamos que traer a todos los técnicos de Holanda». Pymes como Brots d’Or, Can Bech, Cultius Ecològics del Vallès o Mun Ferments también se instalarán alrededor del centro de investigación.

Trazabilidad de inicio a fin

La matrícula digital de todo lo que salga del Agroparc será otro de los factores diferenciales de este clúster. Con ella será posible seguir la trazabilidad desde que se planta el producto hasta que llega al cliente final. El género acabado se transportará en vehículos impulsados por biocombustible creado a partir de los restos orgánicos generados y con los que se pretende evitar la emisión de 1.400 toneladas de CO2 al año, esto es, el equivalente a 78 vueltas al mundo en avión.

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Esta flota de transporte volverá al clúster cargado de envases para reciclar. Y es que los establecimientos Ametller Origen se convertirán también en punto de recogida selectiva de residuos. El objetivo final es ser el primer distrito de energía positiva y CO2 negativo. La operación se completa con 12 hectáreas de placas fotovoltaicas y una granja de unas 400 ovejas y 400 cabras.

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Con los plazos establecidos, y con «la buena acogida que ha tenido el proyecto por parte de todas las administraciones», Ametller Origen espera poder empezar a mover tierras para plantar árboles fruteros entre octubre y noviembre de este año y a partir de aquí ir avanzando. «El ritmo de desarrollo irá marcado por el nivel de financiación que se vaya consiguiendo», explican.

El impacto económico del Agroparc en la zona se calcula en 433 millones de euros, con la creación de unos 3.100 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. «Un lugar donde las cosas son redondas como un tomate, no por el placer de serlo sino porque se han producido de manera circular», se informa en el proyecto de los hermanos Ametller.

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