En el mundo de Trump, el Brexit, los muros, el neofascismo, Vox, Salvini, Le Pen, la ultraderecha, la injusticia social (o la falta directamente de justicia), la austeridad, la crisis financiera, el deterioro del medio ambiente, los osos polares que se mueren de hambre, la violencia de género y las huelgas de taxis, por citar tan sólo unas cuantas desgracias que vienen directamente a la cabeza, también es posible encontrar historias positivas con final feliz. Aunque para ello haya que hurgar bastante, e irse hasta Vancouver…

Los padres de Alphonso Davies vivían en Monrovia, y cuando ya no podían más huyeron de la guerra civil liberiana y fueron acogidos en el campo de refugiados de Buduburam, en Ghana. Allí nació y pasó los cinco primeros años de su vida nuestro protagonista, en un mundo miserable y violento a partes iguales, en el que las armas estaban a la orden del día pero por lo menos había comida. Él, por suerte y tal vez por un mecanismo de defensa, no se acuerda de nada.




















Huyeron de la miseria y violencia

La familia buscó asilo en Canadá





Cuando sus progenitores tampoco pudieron más en Budubaram, se enteraron de que el gobierno canadiense (uno de los más decentes del mundo, con uno de los líderes más decentes del mundo, Justin Trudeau) ofrecía un programa de asentamiento, se apuntaron y obtuvieron el asilo político, instalándose inicialmente en Windsor (una ciudad industrial de la provincia de Ontario), y al cabo de un año en Edmonton (capital petrolera, el equivalente de Houston). Aparte del éxtasis de no tener que sufrir las miserias de la guerra y el campo de refugiados, recuerdan la abrumadora sensación de frío, de cómo se les congelaba hasta el aliento esperando de noche a veinte bajo cero un autobús que no acababa de llegar nunca.







El centro de la vida en Edmonton es el hockey sobre hielo (Wayne Gretzky, el Messi del ice hockey, desarrolló su carrera en los Oilers hasta emigrar a Los Ángeles en busca de fama internacional), seguido por el fútbol canadiense (CFL), que es una versión del americano (NFL). Pero lo que le iba a Alphonso era el soccer. Empezó a jugarlo en el patio del colegio católico de la Madre Teresa, donde se le recuerda como un chavalín siempre alegre y sonriente que iba bailando, cantando y golpeando la pelota por los pasillos, con un talento natural para el deporte. Como a sus padres –Victoria y Debeah– no les sobraba el dinero, lo enrolaron en un programa gratuito para el que no había que pagar inscripción, con equipamiento y transporte gratuito a los entrenamientos. ¿Qué hay que hacer para naturalizarse canadiense?




















Alphonso Davies posa junto a la Telekom Cup que gano el Bayern antes del inicio de la Bundesliga
Alphonso Davies posa junto a la Telekom Cup que gano el Bayern antes del inicio de la Bundesliga
(Marius Becker / AFP)

Phonzy, como le llaman sus amigos, se desarrolló físicamente hasta llegar al 1,81 m de altura, y los oteadores de la MSL (liga profesional de Estados Unidos y Canadá) se dieron cuenta de su talento, control con la zurda, bajo centro de gravedad, velocidad, regate y largas zancadas. A los catorce años no le faltaban pretendientes, pero se decidió por los Whitecaps (Boinas Blancas) de Vancouver. Ello significaba marcharse a más de mil kilómetros de casa, dejar el colegio, la familia y los amigos, y empezar su aventura solo. Tras una cierta reticencia, su madre le dio la bendición.


Alphonso Davies

Los Vancouver Whitecaps lo han vendido al Bayern por 12 millones de euros, el traspaso récord de la MSL





Davies no tardó en empezar a romper récords, saltando al primer equipo y convirtiéndose en el segundo jugador más joven de toda la historia en la MSL (después de Freddy Adu), el internacional canadiense más precoz (debutó contra Curaçao en junio del 2017), el autor con menos edad de un gol en la Gold Cup… Sus proezas con los Whitecaps llamaron la atención del Bayern de Munich, que lo fichó con 17 años (en noviembre cumplió los 18), el traspaso más caro (12 millones de euros) en la historia de la MSL. Ahora da clases de alemán y espera su debut en la Bundesliga. Su ídolo es Messi, pero los especialistas lo comparan con Kylian Mbappé. “Los entrenadores me dicen que no he de tener miedo a cometer errores, que a mi edad lo más importante es expresarme, intentar cosas, y si pierdo el balón hacer todo lo posible por recuperarlo lo antes posible. Es la filosofía del equipo”.


















Alphonso contestó bien a 19 de las 20 preguntas que tuvo que responder para sacarse la nacionalidad canadiense, y sueña con representar a su país en el mundial del 2026, que organizará junto a Estados Unidos y México. “Canadá –dice– es un lugar maravilloso, que acoge a todo el mundo al margen de dónde procede, que abre las puertas a los inmigrantes, tiene unas políticas sociales dignas, en vez de separar familias y levantar muros. Estoy orgulloso de que sea mi casa”. Amén.

Y ahora, tras esta vitamina de optimismo, vuelta a Trump, el Brexit y Vox…




















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