Hablando en plata: estos días no hay quien venda una entrada anticipada, y la preocupación no es tanto la caída de los conciertos de estas semanas, mientras dure el estado de alarma, como el paisaje del día después. Y las consecuencias de este frenazo de la maquinaria de la industria del directo y del previsible recorte del poder adquisitivo. En el primer punto de mira, la temporada de verano, la más intensa del año. «Nos gustaría pensar que se llegará a una solución para poder salvarla, pero aún es pronto para decirlo», confiesa Albert Salmerón, presidente de la Asociación de Promotores Musicales.

La APM está integrada en Es Música, la Federación de la Música de España, que augura una pérdida de hasta 662 millones de euros a partir del supuesto de que la música en directo quede afectada por la crisis del coronavirus hasta septiembre. La estimación sitúa la recuperación de la demanda a mediados del 2021, y la normalización, a partir de finales del 2022. Informe duro, «hecho en una situación de urgencia y considerando el peor de los escenarios», considera Salmerón, si bien subraya que «no podemos ser optimistas». El sector se dispone a «estar muchos meses sin facturar y teniendo que soportar costes de las cancelaciones y de la estructura de las empresas». Y todo ello hay que sumar el previsible recorte del bolsillo medio en los meses que están por venir.

Giras reprogramadas

A corto plazo, las suspensiones o aplazamientos no se circunscriben ya solo a estos 15 días promulgados de estado de alarma y van afectando poco a poco a la agenda de las semanas siguientes. Han caído los conciertos en el Palau Sant Jordi de Maluma (28 de marzo), Chayanne (18 de abril) y Nick Cave (26), así como el de The Cat Empire (Sant Jordi Club, 28 de marzo), ya que todos ellos están reprogramando sus giras completas. También los de James Blake (Auditori) y The Sisters of Mercy (Apolo), y los de Nouvelle Vague y Pau Vallvé en el Guitar BCN, y Los Enemigos, del Festival Mil·lenni, este en Apolo (nueva fecha: el 15 de enero del 2021). El Cruïlla de Primavera recolocará cuarto conciertos de finales de marzo y abril, y mantiene a Sopa de Cabra para el 28 de mayo (tras suspender el 14 de marzo), esperando que entonces ya haya pasado lo peor.

Abril ya se da por perdido, y mayo está en observación. Y una vez se deje atrás el confinamiento, habrá que ver en qué condiciones los promotores afrontan conciertos para los que, todo apunta, habrán vendido menos entradas de las previstas. «Las ventas anticipadas aguantaron hasta principios de la semana pasada, pero ahora están paradas», apunta Albert Salmerón. El Primavera Sound conserva las fechas (primer fin de semana de junio), pero admite estar estudiando «escenarios alternativos» y el Sónar (18-20 de junio) trabaja para «seguir adelante este año, sin descartar ninguna opción y en función de una realidad cambiante».

Patrocinadores con dudas

Yéndonos al primer fin de semana de julio, el Rock Fest Barcelona, en Can Zam, y el Cruïlla Barcelona, del Fòrum, no consideran cambios por ahora. Pero hay una inquietud que apunta al «impacto económico», tanto en la venta de ‘tickets’ como en los patrocinadores, explica Jordi Herreruela, director del Cruïlla. «Ya nos ha llamado alguno diciéndonos que no puede mantener su compromiso. Y se entiende», confiesa. Es difícil pronosticar cómo serán las cosas cuando haya pasado todo, y Herreruela, como todos, se debate entre aventurar que habrá «ganas de salir, reunirse y disfrutar de la música» y, al mismo tiempo, «mayores dificultades para pagar una entrada».

Apelando a la prudencia, el Cruïlla ha dejado en suspenso la contratación de «un nombre grande para el sábado» que le faltaba para terminar de cuadrar el cartel. Herreruela cree que «es el momento de hacer una pausa y valorar», y recuerda que el sector de la música incluye a «profesionales autónomos, ya sean técnicos de sonido y luz como mánagers, ‘backliners’, ‘runners’ o los mismos músicos, todos viviendo muy al día, con poco músculo para aguantar».

Plan B para Pedralbes

Sus preguntas caen a plomo: «Cuando hayamos dejado atrás el confinamiento, ¿volveremos a vender entradas al ritmo normal? ¿Recuperaremos las semanas de frenazo?». También se las hace Martín Pérez, director de los festivales Mil·lenni y de Pedralbes. Esta última muestra trabaja con el guion previsto de abrir el 3 de junio con Sara Baras, si bien está elaborando un plan B según el cual, si fuera preciso, los espectáculos de la primera quincena de junio se desplazarían a la cola de la programación, a la segunda mitad de julio. Si se da la situación, se avisará al público de que reserve una fecha alternativa en su agenda por si caso. «Esta medida nos puede hacer ganar quince días, que pueden ser importantes», señala el director de Pedralbes, que afronta esta complicada octava edición tras el empujón inicial de haber vendido 30.000 entradas, cifra récord en el historial del festival.

‘Salvar el verano’ es el lema de una campaña de Yourope, la Asociación Europea de Festivales, a la que se están adheridas la promotora Doctor Music y el festival madrileño MadCool, encaminada a que la ciudadanía cumpla con severidad con las medidas higiénicas y de confinamiento que permitan pasar página cuanto antes. El hashtag #SaveTheSummer campa por las redes, al igual que otro, #LaCulturaNoSeSuspendeSeProrroga (y sus versiones en catalán y euskera), que emplaza a promotores y gestores a posponer en lugar de cancelar.

La Acadèmia Catalana de la Música hace suyo este eslogan, que, para su presidente, Gerard Quintana, va en la línea de que «lo peor que se podría percibir ahora es que la cultura sea algo prescindible». Quintana alerta de un sector, el de las fiestas mayores, concentradas en verano y que representan «uno de los principales agentes promotores del país». Pase lo que pase, sostiene que «la gente tendrá más necesidad de cultura que nunca». Mensaje de fondo humanista que conecta con el de Jordi Herreruela cuando dice que «nos tocará ser muy solidarios y apoyarnos mucho unos a otros».

All copyrights for this article are reserved to Portada

Quantcast