Vive en Londres, pero puede estar sentado delante de una mesa en cualquier lugar del mundo. Este fin de semana anda por Dublín. Antes por Barcelona, luego por Las Vegas, después en …. Vive allí, delante de una mesa,  desde que siendo un adolescente («apenas tenía 16 años cuando veía unos programas nocturnos en la televisión de póker y me apasioné desde el inicio”) entendió cual sería su futuro. Primero una pasión; luego, un oficio. Antes, sin embargo, horas anónimas y silenciosas de estudio. “Soy un autodidacta, empecé con material de profesionales que iba encontrando gratuitamente en Internet. Luego, rastreaba foros de póker”. Así, sin apenas ruido, construyó Adrián Mateos, un joven madrileño de 25 años, una carrera de éxito convirtiéndose en el mejor jugador español durante seis años consecutivos, alzándose, además, con “tres brazaletes” que le distinguían como el «número uno del mundo de torneos en vivo».

Empezó en la habitación de su casa aprendiendo el juego a través de programas de TV. Ha alcanzado la cima del póker mundial

“En esa época no había tanto material como ahora. Había cosillas, claro. Pero mucho menos. Me leía todo lo que había en español, aunque el problema era que la información estaba en inglés”, recuerda Mateos, quien convirtió la habitación de su casa en el laboratorio de aprendizaje. “Yo empecé jugando a tenis. Ya con 5 años tenía una raqueta en las manos. Y así hasta los 18”. No era malo. Tenía, como asegura él mismo, «un nivel medio decente”, pero las cartas derrotaron al tenis.

Emigrar a Londres

Una vez alcanzada la mayoría de edad, tenía que tomar la decisión que marcaría su vida. “Si querías jugar con niveles más altos debías emigrar fuera de España. Es algo que tenía en mente, pero no quería dejar los estudios antes de los 18 años. Había ganado dos o tres premios bastante importantes y entonces vi que había una posibilidad real”.

Tomada la decisión, quedaba, sin embargo, lo más difícil. “Entonces, se lo planteé a mis padres. Supongo que lo deberían ver venir. Fue duro en casa. Tenía 18 años, dejar la carrera de Economía y marcharme a vivir a Londres con gente que no conocía. Obviamente fue muy duro. Pero era mi decisión. Llegué a un trato con mis padres de irme un año. Si me iba mal, volvía. ¿Qué era lo peor que me podía pasar? Pues que perdiera el dinero que había ganado seis meses antes y volverme a casa con mis padres para estudiar. Empecé desde cero. Ahorraba los 50 euros que me daba mi abuela”. Y desde entonces, un camino de ganancias. Hace año y medio David Broncano le recordaba en el programa ‘La Resistencia’ que había ganado 13 millones de dólares. «En bruto, sí… en bruto», le replicó entonces sonriendo Mateos.

«Me tocó aprender todo. Siempre he tenido cabeza, por decirlo así nunca he hecho locuras. Hay que ser muy disciplinado. Trabajo ocho, 10, 12 horas al día» 

Sin angustias (“no, no lo sentí como un salto al vacío”, confiesa), agarró la maleta, camino de Inglaterra. “Me tocó aprender todo. Siempre he tenido cabeza, por decirlo así nunca  he hecho locuras. Hay que ser muy disciplinado, intentando estar motivado siempre para poder llegar a donde estoy ahora. Tampoco soy una cabra loca. Lo difícil del póker es no desviarse. Este es un trabajo donde no tienes jefe, donde no tienes obligaciones, todo depende de ti. Es fácil decir: ‘Hoy, no; mañana, sí. Hoy, no; mañana sí’ Pero tenía muchísima motivación”, rememora ahora aquellos comienzos llenos de entusiasmo juvenil.

Ambiente súper competitivo

“Con 18 años me quería comer a todos. Además, tenía mucha, pero mucha motivación. No me costaba nada, me encantaba hacerlo. ¿Cuántas horas? Ocho, 10, 12… Todo el día. Te levantas y piensas en póker siempre. Estás viviendo con jugadores de póker, hablas de póker, vives el póker…. No sales de ahí. Comentas la mano del día anterior, piensas en la del siguiente… Vas a comer, hablas de póker. De vez en cuando me iba a España con mis amigos de toda la vida para desconectar. Pero cuando estoy en Londres es solo póker. Hoy es así. Me meto en la burbuja y no salgo. Es un ambiente súper competitivo. O trabajas o no llegas. Pasa en todos los ámbitos de la vida, pero aquí aún más incluso. Gana un porcentaje ínfimo de la gente que juega. Y luego si quieres estar en la elite pues todo se complica mucho más”.

Siete años de profesional

Con ‘el método Mateos’ ha alcanzado la cima. “Ahora, con 25 años y siete ya como profesional, hay días en que no te apetece. Todo cansa, pero me sigue gustando. Sigo teniendo ese hambre, intentando buscar esa ilusión que tenía al inicio. ¿Donde la encuentro? Soy muy competitivo. Pero mucho. Sentirme que estoy en el top mundial, de los mejores me hace estar así. Hay épocas en las que no he hecho mi trabajo y he vagueado un poco, me siento mal conmigo mismo. Es como si me traicionara. Entonces, mi yo interior me dice: ‘Eh, cabrón, ponte a trabajar’”.

«Al final es tu intuición. Estás tu solo. Son matemáticas y son muy complejas. Es un juego de información incompleta en el que las posibilidades son infinitas»

Si Mateos no trabaja, Adrián se enfada. Y mucho. “Trabajo y estudio lo máximo que puedo. Cuando llegas a niveles más altos, no hay tanta gente que te pueda enseñar. Estudio mas como juegan mis rivales, con programas informáticos y matemáticos que te hacen simulaciones de manos”, admite. Pero luego todo es mucho más sencillo. “Al final es tu intuición. Estás tu solo. Son matemáticas y son muy complejas. Es un juego de información incompleta en el que las posibilidades son infinitas. Es un juego que no se puede resolver porque es infinito. Hay una parte de estudio, de matemáticas, pero también hay de talento, de intuición…  de ser empático cuando juegas en vivo. De saber de la otra persona, de saber si se acaba de discutir con la novia o está nervioso en el torneo más importante de su vida. Intento informarme de todo esto, creo que se me da bien, no es fácil, pero… Cómo hablan. Como se comportan. Saber cómo va a actuar la gente contra ti es una ventaja. Es psicología”.

Anda instalado en el grupo de 50 mejores del mundo, capaces de jugar 200 torneos en vivo y 3.000 on line al año

Como dice Mateos “se trata de meterse en la cabeza de tu rival”, obligado a levantar un muro en la tuya. “Al mismo tiempo, debo intentar que mi cabeza sea lo más compleja posible para ellos. Intentas controlar tus emociones, no darle información a tu rival. Intento ser un misterio en la mesa de póker, fuera de ella es otra cosa”.

Habilidades «opuestas y diferentes»

Así lleva ya siete años de profesional, fichado, además, por Winamax, con un entrenador personal y un amplio equipo a su alrededor, descubriendo a diario perfiles nuevos detrás de una misma mesa. “Es un deporte, es un juego que requiere muchas habilidades diferentes. Muchos jugadores de ajedrez trabajan muchísimo y estudian mucho más que yo pero luego vienen al póker, donde no siempre gana quien juega mejor, y no entienden lo qué les pasa. No entra en su cabeza. Eso les rompe, eso les hace entrar en bajones y jugar malas manos, se desconcentran, entran en bucle negativo… El problema del póker es que necesitas muchas habilidades opuestas y diferentes. Por eso es tan difícil juntarlas todas”.

Ahí anda Mateos, instalado en “el grupo de 50 jugadores de póker de élite en el mundo”, como él dice, capaz de “jugar 200 torneos en vivo y luego on line más de 3.000”, por lo que pasa “sesiones de entre 10 y 12 horas delante del ordenador”, convencido de que algún día volverá a España a vivir. “¿Si me veo mucho tiempo jugando? No lo sé, no sirve de nada pensar en el futuro. Me gustaría en unos años cuando tenga si Dios quiere familia vivir en España, pero si la legislación no cambia o dejo el póker o bajo de nivel. Entonces, debería tomar una decisión. Pero eso ya vendrá”. Mientras llega ese día, no para de jugar por el mundo. 

 

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