1. Esgrima histórica 

Decir que aquí te sientes entre la espada y la pared sería una redundancia. Se ven tantas armas punzantes como las que se arrojan cada día en la campaña electoral. Hoy hay una veintena de espadachines batiéndose en duelo. Dirías que acaban de salir de Juego de tronos si no fuera por la careta de esgrima y porque no ves a nadie sin cabeza. Una de ellos combatió con los Vikingos de la serie de HBO.

Temas relacionados

Cluedo en vivo de 123 Action Barcelona en un salón de Pudding Diagonal. Los jugadores/sospechosos de asesinato contestan interrogatorios e investigan a lo ‘CSI’ .

Ferran, el instructor, te saluda con modales del Siglo de Oro y te da una espada XXL: 1,25 metros de hoja. «Si puedes servirte un vaso de agua –te anima–, puedes manejarla». Pesa como una botella de agua: kilo y medio. Luego te dará a probar un montante que le quitaría el hipo a Jon Nieve: 1,67 metros. En media hora te sentirás más invencible que Pedro Sánchez en el Falcon

Esta es una clase de espada larga (o de dos manos). Dan a la semana tres de iniciación y tres avanzadas. Duo Bellum (Andrade, 177) es una de las salas de la Associació Catalana d’Esgrima Antiga. Llevan 3 años enseñando a batirse en duelo con rigor histórico. 

Tienen réplicas de armas del XIII al XIX, y en la entrada se pueden consultar tratados de esgrima medievales. Por aquí pasan 200 alumnos con espada al mes. Media de edad: treinta y tantos. Suelen ser «amantes de la historia –explican–, de las artes marciales y matadragones». Tras Juego de tronos, mata-matadragones. No se ven puñaladas traperas a lo R. R. Martin. «No hemos visto un comportamiento más cívico en una sala donde se pegan», garantizan los instructores. Todos se abrazan al acabar el duelo.

También enseñan a manejar la espada a lo Íñigo Montoya (aka tú-mataste-a-mi-padre), el de La princesa prometida. Dan clases de ropera, espada y broquel (con un escudo pequeño),  messer  (una especie de espada de un solo filo), ringen (técnica cuerpo a cuerpo del XV), pugilismo (boxeo antiguo) y savate  (con puños y pies). La clase de prueba es gratis y hay packs de iniciación: 25 euros, 4 clases. No enseñan a sablear a los amigos. duobellum.com


2. Combate medieval

Ríete tú de la batalla de los bastardos. Estos combates son más brutales que los de la tele, garantizan. Para ser caballero –descubres aquí– hay que estar más en forma que Pablo Iglesias cambiando pañales. La armadura completa pesa entre 20 y 30 kilos. Solo el casco son 6.

Aquí hablan de «respeto» y «honor» como si fueran compadres de los caballeros de la mesa redonda del rey ArturoCombate medieval –se llama oficialmente–, HMB (Historical Medieval Battles). Cristian Bernal fundó este deporte histórico en España hace seis años. Eran tres luchadores. Hoy habrá 200 armados. Ahora es el capitán del barcelonés Born Combat Medieval. Son una veintena de luchadores, con delegaciones en Vic y Tarragona. «Es como hacer rugbi, pero con espadas, patadas y puñetazos», resume.

LO+

Puedes vivir una serie medieval en primera persona. 

LO-

Descubrirás que para ser caballero hay que estar más en forma que Pablo Iglesias cambiando pañales. 

«Se piensa antes en Juego de tronos que en nuestra propia historia». Cristian se refiere al bohurt, «el arte marcial que se practicaba en Europa». Utilizan las mismas armas que en los torneos medievales: mazas, hachas, alabardas, espadas. Réplicas sin filo y sin punta. «Solo por el peso y la forma, ya serían letales». Se lucha en duelos y melés, que es la clásica batalla campal. El reglamento es sencillo: gana el equipo que queda en pie. «Se ve muy bruto, pero hay mucho estudio detrás», asegura Cristian.

Para unirse a este club de caballeros solo hay que escribirles vía Facebook. También te puedes iniciar en gimnasio: hace 6 meses que dan clases en el XFit Eixample Fitness (Entença, 102). Martes y jueves, a las 18 horas (50 €). facebook.com/borncombatmedieval


3. ‘Softcombat’ 

«Somos a los que nos gusta Juego de tronos y nos levantamos del sofá para vivirlo», dice Ricard. Ellos hacen softcombat: lucha recreativa con armas acolchadas de gomaespuma. Recrean combates medievales, practican juegos de equipo y aprenden movimientos marciales.

Softcombat Barcelona Events, se llama este club. Ricard Viloca lo fundó hace dos años. Tiene 60 miembros. Media de edad: 20. Quedan todos los domingos en el parque de la Estació del Nord: de 11 a 18 horas. Combaten con espadas, hachas, mandobles, hasta tiran con arco con puntas acolchadas y juegan al jugger (una especie de rugbi con espadas). Más que la serie de R. R. Martin, a ratos parecen un videojuego en vivo. Se ven desde armaduras medievales hasta capas a lo jedi. Ellos mismos se fabrican las armas. Hay quien lucha con un violín acolchado. 

facebook.com/SoftcombatBcn


4. Tiro con arco 

Castillo de Montjuïc, foso de Santa Eulàlia. Se oyen más flechas silbando a diario que en Juego de tronos y Los juegos del hambre juntos. Aún hay quien no sabe que es el campo municipal de tiro con arco. «Es considerado uno de los campos más bonitos de Europa», apunta Jordi.

Jordi Falgueras es el presidente del Club Arc Montjuïc. «El club de tiro con arco más grande de España», apunta. Tiene más de 500 socios: desde los 3 añitos hasta los ochenta y tantos. Enseñan técnicas medievales con el longbow (el arco tradicional) y el instintivo (de madera, pero con forma de ese), aunque por aquí se suelen ver más arcos metálicos. Los hay con visor, con lentes de aumento, ya hasta con gatillo. 

Se recomienda haber visto Juego de tronos al menos para ofenderse cuando te digan que has hecho «un Tully». Se refieren a Edmure Tully (tío de la famosa manada Stark). En el funeral de su padre tenía que encender con una flecha de fuego la barca mortuoria, pero atinó menos que Ana Botella hablando inglés.   

Un bautismo de arquero dura dos horas y cuesta 60 euros (el precio baja si es más de una persona). El curso de iniciación son 5 sesiones de 2 horas, 180 euros. Más que por las series, aquí la gente viene «por el tema de la concentración», apunta Jordi. «Es algo que te obliga a calmarte, tipo mindfulness». Incluso se cruzan flechazos estilo Cupido. «Se han formado bastantes parejas».  www.arcmontjuic.cat 


5. Tiro de hacha 

«¿Es esto el cielo? –se ha escuchado decir en la puerta–. ¡Cervezas y hachas!». Es Barcelona Axe Throwing (Trafalgar, 8). La última moda en EEUU y Canadá: tiro de hacha urbano. Con dianas, como los dardos. Hace años que es deporte federado.

Aquí se ven gafas de pasta, cervezas artesanas, delantales hipsters con hachas enganchadas. Parece que uno no es moderno si no saca su ramalazo medieval. Jaume Massagué y Ricard Fernández te instruirán en menos de lo que dura Albert Rivera delante de un lazo amarillo. No es necesaria experiencia previa, prometen. Ni siquiera esfuerzo físico. Ha tirado gente de 80 años. «El 95% clava un hacha en las primeras 10 tiradas». Más o menos lo que se tarda en soltar el chiste estándar: «Soy un hacha». En una sola sesión llegarás a hacer diana. Cuidado, que tiene un punto adictivo. «Es algo ancestral», justifican los dos socios. Hay quien lo ve hasta previsor. «Ya estoy preparado –se ha oído gritar a algún cliente– para el apocalipsis zombi». De 16 a 22,50 € persona/hora. Reserva online: www.barcelonaaxethrowing.com

A los que no se atrevan a empuñar armas medievales, siempre les quedará el licor de fuego valyrio. Es una especie de orujo igual de verde chillón que el que provoca masacres en Juego de tronos. Lo venden en el Super Friki Market de las Galeries Maldà. Quizá veas dragones y seguro que te despiertas echando fuego por la boca. 

 

All copyrights for this article are reserved to Portada