La humorista catalana Susi Caramelo es difícil de definir: graciosa, polémica, escandalosa o maleducada, la han etiquetado de muchas formas, al igual que su programa ‘Caramelo’, estrenado a finales de septiembre en Movistar+.  

UNA PAPELERA EN L’HOSPITALET

Susi Caramelo es el seudónimo artístico de Susana Cabero, nacida en 1980 en L’Hospitalet y afincada en Madrid. En su último proyecto, Caramelo, el ‘docureality’ que protagoniza para Movistar+, ha vuelto a la ciudad que la vio nacer, donde la alcaldesa, Núria Marín, la ha recibido con un homenaje a la altura de su sentido del humor: ni una calle, ni una rotonda, a esta nueva hija predilecta le han dedicado una papelera. 

TODO EMPIEZA CON UN MONÓLOGO

Después de probar suerte en el mundo de la administración, encontró su vocación con un aplaudido stand up que le abrió las puertas de la escena humorística barcelonesa. Trabajó con Albert Boira, Toni Moog –a quien teloneó–, Txabi Franquesa y el fallecido Carles Flavià. Después de ganar algunos concursos y presentarse a castings –sin demasiado éxito–, decidió mudarse a Madrid.

La típica imagen del comediante neoyorkino que trabaja en un bar donde hace unos pocos bolos. Así fueron sus primeros años en Madrid hasta que, en el 2008, se profesionalizó: produjo espectáculos, tejió alianzas con otras cómicas y se apuntó a incontables comedy clubs y open mics hasta que su nombre empezó a sonar.

«Tengo un trastorno, soy pibonéxica, que es creerte más buena de lo que estás», se autodiagnosticaba en una entrevista. Esta enfermedad daba nombre a su ‘show’ de monólogos, donde reflexionaba sobre la belleza y la sexualidad a través de gags de risa fácil. 

Encontró un lugar en Comedy Central, participando en ‘El castillo de Takeshi’, ‘CCNews, ‘Roast Batle’ y ‘Stop Princesas’. Luego llegó a Movistar+, animando los platós de ‘Ilustres Ignorantes’ y ‘Locomundo’ y como colaboradora en ‘Las que faltaban’, de Thaïs Villa.

Su sección en el programa de Thaïs Villa fue el trampolín hacia el ‘mainstream’. Consistía en reportajes cortos con entrevistas exprés a famosos en alfombras rojas, donde hablaba sin filtros ni tabús (una vez, incluso, llegó a hacer un toplés). Así se convirtió, de la noche a la mañana, en un fenómeno viral, siendo trending topic en numerosas ocasiones gracias a las hordas de fans que aplaudían su naturalidad y humor verde. 

«Soy un personaje, y crearlo tiene mucha dedicación: un 50% guion y un 50% improvisación», reconocía. Improvisa (sin tapujos) para dar juego a las respuestas de los entrevistados, aunque eso, admite, le ha causado «algunos malos rollos».

Su humor, avispado y «pícaro», como ella lo define, se ganó el veto de Rosalía en Los 40 Music Awards del 2019, cuyo equipo de márketing no quiso exponerla a una pregunta fuera de tono que pudiera amenazar su meticulosa y medida imagen pública.

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Caramelo se comió en popularidad al resto del elenco de ‘Las que faltaban’, lo que causó la cancelación del programa y la creación de ‘Caramelo’, su ‘docureality’ episódico que la acompaña en diferentes aspectos de su vida cotidiana.

A medida que crecían sus incondicionales, también lo hacían sus detractores. Cuando anunciaron su nuevo programa, muchos tuiteros se quejaron de que su gracia se basaba en los vídeos cortos y los pequeños formatos, y que hacerla protagonista de un ‘reality’ era «exprimir y quemar el meme».

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