Omar Montes (Madrid, 1988) da espectáculo, aunque no siempre edificante. Esta semana, su bolo en el centro comercial La Cañada de Marbella, junto a Kiko Rivera y Luis Rollán, disfrazados los tres de Reyes Magos, acabó en desalojo policial. Hubo avalancha de fans. «¿Qué clase de promoción es que me llamen ‘asesino’? No sé por qué lo pagan conmigo cuando lo único que hago son cosas de forma desinteresada», se ha defendido, argumentando que es asmático y vive con una abuela y que expone él mismo su salud y la de los suyos. Repasemos sus hitos.

Dos versiones de una misma infancia

Se jacta de ser un chaval de barrio obrero –de Pan Bendito (Madrid), concretamente– y de haberse criado en la estrechez con sus abuelos y su madre, María de los Ángeles. Pero su padre, Ismael Ishak Aukasha, con raíces árabes y gitanas, separado de su madre, asegura que él tenía 26 restaurantes y que Omar creció en un chalet de Pozuelo de Alarcón. Nunca se ha acalarado el asunto.

De niño era gordito y, según repite allá donde vaya, en la escuela le hacían ‘bullying’. A ese sufrimiento se añadió la muerte de una prima en un accidente de tráfico y le cambió el carácter. Desnortado, enfiló peligrosamente hacia el lado oscuro de Pan Bendito. 

Un par de (salvadores) guantes de boxeo

El ring le sacó de la calle. Aprendió valores y disciplina. Conocido en los cuadriláteros como ‘El Principito’, midió puños en un centenar de ocasiones. Fue campeón de peso wélter de Madrid y de España, pero, tras perder por puntos la final del Europeo de kickboxing, se enfurruñó y decidió colgar los guantes.

Trabajaba como portero de una discoteca de Chueca cuando conoció a Nuria Hidalgo, con la que mantuvo una relación de seis años y tuvo un hijo, Omar Jr., su tesoro. El rapero, buen padre según su ‘ex’, desea que «sea un chico familiar, que no beba ni fume, que coma bien y sea deportista». 

Omar y su amigo Moncho Chavea rescataron un ordenador de la basura y se pusieron a componer. No tenía la mejor voz del mundo, pero ahí estaba el autotune. Al principio hacían canciones que vendían por 150 euros a gitanos del barrio. Pero una canción, ‘Conmigo’, se hizo viral.

Con Isa P. llegó el éxito

El de Pan Bendito empezó a salir con Chabelita Pantoja, cosa que hizo feliz a su amigo Kiko y disgustó a la dueña de Cantora, que dijo alto y claro que no lo quería por yerno. Más tarde, cuando ya había roto con la niña y la Panto coincidió con él en ‘Supervivientes 2019’, la tonadillera se desdijó: Omar, ganador del ‘reality’ –el año anterior había pinchado en ‘Gran Hermano Vip’– había sido «todo un descubrimiento». En resumen, el clan Pantoja le dio un plus de celebridad que no tenía. Se paseó por los platós, llenó bolos, logró una colección cápsula de Nike y salió en ‘Gipsy Kings’.  

Entre las gracias de Montes está su rapidez para improvisar letras y generar un vocabulario propio. Por ejemplo, se autodefine como ‘illuminati’ – «alguien que ve cosas que otros no ven»–, un talento que, dice, descubrió muy pronto. «Recién nacido ya decía la palabra ‘cangrejo'», cuenta, aunque es bastante proclive a fabular. 

De manera meteórica, se ha impuesto en la escena trapera. Montes acumula más de 40 millones de reproducciones con el tema ‘Alocao’. Se calcula que gana unos 160.000 euros al mes, lo que le permite gastar a porrillo -está pensando comprarse un avión privado- y emplear a 15 colegas «para que no estén en la calle haciendo cosas que no me gustan».

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Detrás de Isa P. vinieron otras novietas. Aurah Ruiz, Apolonia Lapiedra, Katerina Safarova, la ‘influencer’ y bailarina catalana Núria Martínez. Él dribla, de momento, cualquier compromiso.

Tras el frenazo de los conciertos impuesto por el covid –que ha aprovechado para repartir alimentos en su barrio y liarla parda en el centro comercial de Marbella–, el nuevo año le depara su debut como actor. Protagonizará ‘La vida mártir’ –expresión inventada por él que dio título a su primer álbum de estudio–, serie que preparan Mediaset y Amazon Prime.

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